Así está ganándose China el Asia sudoriental

Con las preparaciones en marcha para la visita del Presidente de China, Xi Jinping, el próximo mes de septiembre a Washington, D.C., los funcionarios de los dos países están quitando importancia a sus diferencias sobre las desmedidas reivindicaciones territoriales de China, respaldadas con la construcción de instalaciones militares en islas y atolones antes deshabitadas en el mar de la China Meridional. Y esa desaceleración diplomática, tras meses de recriminaciones y amenazas veladas, viene muy bien a los dirigentes del Asia sudoriental.

Naturalmente, nadie en el Asia sudoriental desconoce los designios estratégicos de China. El gasto en defensa en esa región ha aumentado en más de un 50 por ciento en el último decenio y se han consignado 60.000 millones de dólares para la adquisición nuevas armas, en particular las de carácter naval, para los cinco próximos años. El libro blanco sobre estrategia militar, que China hizo público el pasado mes de mayo y en el que anunciaba planes para ampliar el perímetro de defensa del país, intensificó las preocupaciones de sus vecinos, con lo que probablemente aumente aún más el gasto militar. Ahora los dirigentes de la región están acogiendo una oleada de funcionarios militares y fabricantes de armas de los Estados Unidos para ver lo que el “eje” asiático de los Estados Unidos puede ofrecer.

Sin embargo, además de fragatas y garantías de seguridad, los dirigentes del Asia sudoriental se han abstenido de reaccionar demasiado enérgicamente ante las ambiciones exteriores de China. Las realidades económicas en el terreno imponen prudencia.

En sólo dos decenios, China ha pasado a ser el principal socio económico de los países del Asia sudoriental, lo que ha incrementado su influencia en toda la región. El empeño constante de los dirigentes chinos para desarrollar la cooperación económica contrasta claramente con la actitud de los Estados Unidos para con esa región.

Pensemos en el comercio. Desde 2000, el comercio bilateral entre China y los diez miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental se ha decuplicado, de 32.000 millones de dólares a 350.000 millones, y podría llegar a los 500.000 millones de dólares en 2015. Al ascender China hasta el puesto de mayor socio comercial del Asia sudoriental, los EE.UU. se han deslizado hasta el cuarto lugar, con sólo 206.000 millones de dólares de comercio total con la ASEAN en el último año.

Dada la importancia económica en aumento del Asia sudoriental, las consecuencias de esa tendencia no pueden ser más intensas. El PIB anual combinado de los países de la ASEAN asciende ya a 2,4 billones de dólares y va en rápido aumento, debido al rápido desarrollo de la clase media, los trabajadores muy especializados y los mercados de productos de lujo. Si se mantiene la tendencia actual, el comercio de China con la ASEAN podría alcanzar un billón de dólares en 2020.

El panorama en materia de inversión directa –las corrientes financieras que apoyan la construcción de fábricas, oficinas, almacenes, minas y explotaciones agrícolas– es igualmente asombroso. De 1995 a 2003, las empresas chinas invirtieron tan sólo 631 millones de dólares en países de la ASEAN; en 2013, invirtieron 30.000 millones. Aunque China sigue yendo muy a la zaga del Japón, Europa y los EE.UU. a ese respecto, no cabe duda de que tiene posibilidades de alcanzarlos, pues las empresas chinas de inversión privada buscan cada vez más en el extranjero lugares donde invertir. De hecho, los chinos están diversificando sus apuestas, de la agricultura a la tecnología de la información, en toda la región e implantando firmemente sus empresas en las economías avanzadas e intermedias de la ASEAN.

Los socios de China en el Asia sudoriental no pueden permitirse el lujo de desconocer esas actividades. Ésa es una razón por la que los diez países de la ASEAN firmaron como miembros fundadores del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras encabezado por China, pese a la oposición de los EE.UU. China, que ha prometido 100.000 millones de inversión inicial, ha situado el BAII como rival del Banco Mundial, dominado por los EE.UU, y promete ayudar a los países asiáticos a atender sus enormes necesidades en materia de infraestructuras.

Está claro que, por lo que se refiere a su papel en Asia, China tiene grandes proyectos. Y no es eso todo. En la reunión del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico celebrada el año pasado, los dirigentes regionales acordaron iniciar la labor con miras a la posible aprobación de un pacto de libre comercio respaldado por China, encaminado claramente a ganar terreno al Acuerdo de Asociación Transpacífico del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que excluye a China.

Haga realidad o no Xi su ambición en materia de libre comercio, no se puede negar el compromiso de China con miras a profundizar sus lazos económicos en Asia y fuera de ella. Este país ha prometido 60.000 millones de dólares para la iniciativa “Un cinturón, una carretera”, que comprende la construcción de un Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, que cruzará el Asia central, y una Ruta Marítima de la Seda, que conectará a China con el Asia sudoriental, el océano Índico, Oriente Medio y en última instancia Europa. Entretanto, a los EE.UU. les está costando lograr a duras penas un consenso interno sobre el comercio.

Desde luego, China ha tenido también sus contratiempos. Los proyectos ferroviarios e hidroeléctricos anulados en Myanmar y los disturbios en el Vietnam por la iniciativa de China de hacer perforaciones petroleras en aguas que son objeto de controversia, refleja la reacción violenta que la sed de recursos del país puede provocar, pero tampoco cabe duda de que China aprenderá de sus errores y sus dirigentes tienen una idea clara de dónde deben hacer sus apuestas económicas a largo plazo.

En un momento en que las divisiones partidarias están socavando el predominio económico de los Estados Unidos, la influencia en aumento de China en el Asia sudoriental obliga a plantearse una cuestión: si llega el momento de la verdad en el mar de la China Meridional, ¿encontrarán los EE.UU. aliados en su bando o éstos se limitarán a sujetar la chaqueta del Tío Sam?

Kent Harrington, a former senior CIA analyst, was National Intelligence Officer for East Asia and Chief of Station in Asia, and served as the CIA’s Director of Public Affairs. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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