Así moldea Tezanos a la sociedad española

Hay personas que tienen la virtud (o el pecado) de ser en sí mismas el más perfecto resumen de su época. Es el caso de José Félix Tezanos, escaparate impúdico y desacomplejado del sanchismo.

Pero el fenómeno Tezanos exige atención y esfuerzo en su interpretación.

Tras sus últimas declaraciones, un gran número de sociólogos y expertos demoscópicos, indignados, han vuelto a acusar a Tezanos de mentir, falsear y manipular.

Y, lo que para ellos es aún más repugnante, de perpetrar todo ello de una forma estruendosamente descarada.

Sus declaraciones son mostradas como armas humeantes del crimen.

–En el CIS publicamos estrictamente lo que sale. No tenemos margen para la invención.
–Sánchez ha logrado una razonable tranquilidad económica, evitando la fragmentación de España y reforzando su posición en los foros internacionales.
–No se me ocurre nada que Sánchez haya hecho mal.

Pero ocurre que quedarse en ese retrato de falseador y mentiroso, tan vulgar y tan pobre, tan común a tantos, no hace justicia al personaje. Tezanos es mucho más que eso.

Y, para descubrirlo, se impone volver atrás en el tiempo y tomar perspectiva.

Es sabido que cuando hablaba del fin de la historia, Francis Fukuyama no se refería a la detención definitiva del carrusel de grandes hechos con trascendencia histórica.

En 1989, Fukuyama no aludía al fin de la historia en el orden de los hechos, sino al fin de la historia en el orden de las ideas. El autor estaba anunciando el fin de la evolución ideológica de la humanidad con el triunfo final de la democracia liberal sobre el fascismo (antes) y sobre el comunismo (entonces).

“Sólo puede quedar uno”, decían. Y Fukuyama proclamaba que ese uno había sido el sistema occidental de valores, con su democracia liberal y su economía de mercado, ya sin ideologías rivales susceptibles de ser consideradas (ni siquiera lejanamente) como alternativas.

Pero el bueno de Fukuyama, con su tesis de “la victoria de una idea [la liberal] sobre otra [todas las demás]”, no contaba con el ínclito Tezanos.

Un Tezanos que, treinta años más tarde, y bajo la engañosa apariencia de un humilde sociólogo tan sólo preocupado por manipular los resultados de las encuestas en favor de su señor, se ha revelado como el campeón de las ideas que Fukuyama daba por muertas. Como el incansable muñidor de su pronta resurrección en forma de democracia posliberal: el paraíso de una verdadera democracia, superadora de la incompleta y fallida democracia liberal anterior.

Es cierto que, pese a su condición de cátedro, la contribución de Tezanos al advenimiento de este estadio superior de la civilización no ha sido doctrinal. El exitoso disfraz de esa caterva de viejas ideas ya derrotadas bajo la bandera emocional de un colorido ramillete de causas varias (unas, dignas y elevadas; otras, respetables o no según el sentido común de su presentación; y no pocas, despreciables) ha tenido como comadrón al neopopulismo de izquierdas surgido como respuesta a la caída del Muro de Berlín.

Sus creadores son, por tanto, muchos y variados. Aunque a todos les ha unido la misma estrategia. Centrarse en colectivos que pudieran militarizarse para el enfrentamiento a fin de oponer a unos contra otros hasta dinamitar la unión de la sociedad.

Y, con ella, la condición misma de ciudadano, alma y fundamento de la democracia liberal.

Se trata de sustituir a los ciudadanos, en cuanto que sujetos investidos de derechos, libres e iguales, por militantes dispuestos a sacrificar dos siglos de derechos y libertades (tan aburguesados y cansinos) en aras de causas mayores. Tantas como colectivos puedan ser animados a disparatar sus agravios, ya sean reales o imaginarios.

La cuenta es extensa. No binarios, pensionistas, hermanos y hermanas de osos polares, madres secuestradoras, hermanos y hermanas de hierbas sintientes, presos etarras alejados de sus madres, políticos etarras con vocación de editores de manuales escolares, subsaharianos sin pasaporte (bueno, estos parece que ya no), cojos que quieren ser bomberos, jueces y juezas populares que quieren sustituir a la Constitución por el pin de hermana, yo sí te creo

Está claro que nuestro Tezanos no ha sido la mente creadora de la causafilia, la nueva ideología-disfraz. Pero Tezanos sí ha contribuido a ella con gran éxito, ideando el plan perfecto para ejecutarla con eficacia. Ya no se trata de transformar la realidad desde las ideas (estrategia que la historia ha demostrado tan sincera como perdedora), sino de transformar las ideas desde la realidad.

Este es el gran invento de Tezanos. Su indiscutible éxito. El método Tezanos.

Su funcionamiento es simple. En el orden de las ideas, y para no provocar rechazo social, se proclama la fe en los valores democráticos, condenando en público la doctrina que verdaderamente se profesa, el neototalitarismo versión new age.

Pero, al mismo tiempo, en el orden de los hechos, se actúa aplicando sin complejos la fe ocultada.

El objetivo es transformar la realidad hasta conformarla según el ideario propio y, al final, sobre la base de una política de hechos consumados, esperar pacientemente a que la sociedad se acostumbre y olvide, y a que el pensamiento mayoritario se termine ajustando a los nuevos tiempos.

La traducción del método Tezanos en el modesto ámbito del CIS es conocida. Tezanos jamás ha defendido que la manipulación de las encuestas esté justificada cuando se trata de alcanzar el triunfo de una causa mayor. Antes al contrario, siempre ha repudiado públicamente toda forma de manipulación y no ha dejado nunca de presentarse como un firme defensor de la pulcritud demoscópica.

Pero, al mismo tiempo, Tezanos cocina hasta la náusea los resultados de sus encuestas desde la más desacomplejada servidumbre partidista.

El triunfo del método Tezanos ha radicado en su exitosa exportación. Del CIS al cielo. O sea, al Gobierno. A todo él, incluido el sector de Podemos, con Irene Montero como más reciente incorporación.

¿Que el sanchismo quiere sustituir la exigencia europea de retornar a la independencia judicial previa a la ley de 1985 (garantía contra los excesos del líder) por la introducción de un control aún mayor sobre los jueces (garantía de la impunidad del líder)?

Se aplica el método Tezanos. El sanchismo defiende el carácter sagrado de la independencia de los jueces. Pero, a la vez, maniobra en el Congreso para fortalecer aún más su control.

¿Que el sanchismo quiere sustituir el control parlamentario de los estados de alarma decretados por el Gobierno por la mordaza al Parlamento?

Una vez más, se recurre al método Tezanos. El sanchismo defiende el carácter sagrado de las Cortes como representantes del pueblo español. Pero, a la vez, legisla para sólo permitirle hablar cada seis meses.

Y así con todo, en una marcha decidida y firme para moldear una sociedad insensible a sus contradicciones. Y es que sólo una sociedad anestesiada puede no sentir el dolor de la pérdida de su libertad.

Y mientras tanto, Tezanos blande su varita mágica. Y ríe.

Marcial Martelo de la Maza es abogado y doctor en Derecho.

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