Asturias necesita un Saviano (2)

La belleza, ah, la belleza. Hay que empezar siempre por la belleza, porque si no la gente se enfada y te tachan de injusto. Los verdes prados, las vacas que pastan, los paisanos sobrios y trabajadores. Los pueblos y ciudades, limpios, relucientes, tranquilos. Y sobre todo, no olvidarse de decir que “en Asturias se vive muy a gusto”.

Ahora está de moda preguntarse, como Varguitas, “cuándo se jodió el Perú”. Nada que ver, Asturias no se jodió nunca, siempre fue igual. Como dice la tonada, “pequeñina y galana”, y el que diga lo contrario quita méritos a la inveterada autoestima: heroicos desde don Pelayo, dignos en los momentos de tribulación, sobrios siempre.

Si será así, que tenemos un himno que recuperamos de los borrachos de toda España.

¿Blasfemos? Bah, habladurías, qué más quisieran los otros que una bandera azul con una cruz inmensa, la de la Victoria, la misma que Franco alzó con sus manos y también la misma que un quinqui creyó que era joya de verdad y cuando lo pillaron se le dio por idiota. Aún estamos en los albores de que la nueva historiografía nos explique que “Asturias patria querida” ya lo cantaban los monjes de Valdediós – nada como la religión para dar consistencia al pasado-.Por tanto, “tengo de subir al árbol para coger la flor y dársela a mi morena” no es otra cosa que la traslación del amor místico hacia la Virgen, metáfora audaz y muy sentida. Y difícil, porque subir a los árboles para coger flores no lo puede hacer todo el mundo.

Podría seguir así y probablemente me alabarían el estilo, quizá irónico sin ser faltón, y sobre todo con esa pretensión intelectual que deben tener los escritores de opinión en los diarios de postín. Sé agudo, incisivo incluso, pero no cites a nadie que no sea para bien. Así es que yo digo: la entrada más hermosa en Asturias debe hacerse por oriente. Una ojeada a Colombres, pueblo gentil que pudo ser morada de don Porfirio Díaz, dictador mexicano, cuya mansión cabe admirar hoy con el nombre de “Archivo de Indianos”, y luego seguir por una hermosa carretera que bordea el mar, atisbando espléndidos parajes de pueblos y bufones – nada de polisemia ni mala leche, bufones son agujeros excavados en la roca por el mar-y acercarse a Llanes. No hay foráneo que no se quede prendado de Llanes, sobre todo si es la primera vez; qué casas, qué comercios, qué puerto, qué terrones de hormigón pintados de modo tan vistoso. Y luego seguir, un paseo, por las playas de Po, Celorio, Barro y Niembro, qué delicia de arena, qué belleza del mar, qué alegría de sus gentes. Y así hasta Posada, donde hay un mercado de lo más racial, los viernes.

Ya está, ya he cumplido como un intelectual, y he logrado sortear, si no con brillantez al menos con cierta dignidad todo lo que alguien con rigor intelectual no tendría por qué decir, ni nombres ni desaguisados. Por ejemplo, que la entrada por oriente constituye el mejor cursillo acelerado sobre la corrupción administrativa. Debe saber que el “Archivo de Indianos” ni es archivo ni hay indianos, sino que es un comedero que se montó el PSOE de antiguo para festejar a los amigos de acá y de allende los mares, y que es muy visitado durante el verano por las parejas con niños que no saben dónde carajo meterse los días que llueve, que son bastantes. Y si echa una ojeada por el pueblo se preguntará cómo es posible que tan poca villa tenga tanto adosado y quién se embolsó la parte suculenta de esta ruina.

Pero siga, siga y no se detenga. La carretera que bordea el mar hasta Llanes, una veintena de kilómetros, lleva haciéndose tanto tiempo que habrá sacado de la pobreza, e incorporado a la clase media establecida, a un buen montón de profesionales de los más diversos gremios. Aún quedan tantos años para que se pueda ver terminada la autovía que hay quien asegura que algún promotor podrá entrar en la cárcel y cumplir la condena, y cuando salgo aún tendrá tiempo de asistir a la inauguración. Si tuviera espacio para contarlo, narraría las aventuras de los pájaros de todo tipo que lograron cambiar el trazado y de cómo echaron a vecinos, cortaron pueblos y vaquerías, que luego no utilizarían nunca, más que como territorio urbanizable. Es difícil concretar en tan poco terreno tanta basura legalizada.

Pero siga, siga y no se detenga, pase por delante de los destrozos que al socaire de una autovía de veinte kilómetros ha hecho ricos a muchos y aún seguirá. Y entre en Llanes. Si es usted postinero y con influencia le recomiendo solicitar audiencia con la alcaldesa, Dolores Álvarez Campillo. Nadie como ella le podrá explicar cómo ha logrado hacer legal todo lo que ha aportado su familia y allegados, desde las baldosas hasta las oficinas de turismo. Llanes guarda un prodigio: desde la transición no ha tenido un plan urbanístico legal; todos, desde 1976, han sido declarados ilegales. Supera pues a Marbella, con operación Malaya incluida, pero sin jeques árabes, ni pititas, ni palmeras.

En estos tiempos en los que trajes confeccionados a mano, como los de Camps, han logrado titulares de gran escándalo, ¿cómo ha sido posible legalizar todos los chanchullos que han convertido Llanes y cercanías, desde hace décadas, en una metáfora calabresa? El Tribunal Supremo acaba de declarar fuera de la ley el último plan de urbanismo, el enésimo, en un silencio informativo sólo roto por un informador local, Ramón Díaz, que los dioses protejan como especie en extinción. Todo es ilegal, pero todo está delante de sus narices.

Pero no se arrepienta usted del viaje y asuma las gratificaciones de la ruta. Tras esas playas donde usted se puede encontrar en traje de baño a Rubalcaba o a Lissavetzky, o al profesor Elías Díaz discurseando – y más que se podrían citar, como en las crónicas de sociedad locales-,y así acercarse hasta Posada, villa hermosa un tanto ajada de tanto blanqueo y replanteo. Le sugiero que le enseñen la mansión de Pérez Simón, revoloteando sobre la colina de Niembro, con su jardín en caída sobre la ensenada, salpicado de esculturas firmadas por los más reputados artistas. ¡Oh, lo he dicho! He citado a Juan Antonio Pérez Simón sin reverencia. Me corrijo. ¡Qué sería de la vida y de la hacienda y de la cultura de los socialistas de Asturias sin ese gran indiano que salió pobre de Posada, hacia 1942, ¡nada que ver con exilio, por Dios, sólo hambre!, y se hizo algo más que multimillonario en México. Musitan los posmodernos que sus fiestas convocan para una jornada a Julio Iglesias o Shakira. ¿Qué no hará por el arte?  Su colección pictórica causa pasmo. No menos pasmo me causó a mí cómo se compraron inmensos terrenos de zona rústica que gracias a su mano maestra, y la colaboración desinteresada de alcaldes y concejales, se convirtieron en edificables.

Desconozco cuáles son los baremos a partir de los cuales se puede considerar que una autonomía, una ciudad, una zona se rige “con ley propia” En Italia lo llaman territorio de arbitrariedad mafiosa, porque la mafia es una forma de hacer negocios, no una forma de matar. El crimen aparece cuando se pone en peligro esa forma de hacer negocios. Conviene explicarlo. ¿Saben lo que dijo la máxima representación del PP en Asturias cuando se enteró el otro día de que el Tribunal Supremo había declarado ilegal el plan urbanístico de Llanes?: “Vamos a seguir el tema muy de cerca”. Definitivo.

Asturias tiene todas las posibilidades de ser declarada primera narcozona de España. Las dos fuentes impulsoras de la gran estafa de los últimos años fueron el ladrillo y el blanqueo de capitales, ambas una mina para una Asturias que había renunciado a que los mineros se tiñesen de carbón. Mejor el polvo blanco, de cal o coca. Con un paro juvenil superior al 50 por ciento, habiendo perdido más de un tercio de sus jóvenes en los últimos veinte años, con el tráfico y consumo de droga más alto de la Península, hay quien espera al Roberto Saviano que haga la crónica. Candidatos mayores de cincuenta y con hipotecas, abstenerse. Cabe preguntar dónde lo publicará.

Por Gregorio Morán

1 comentario


  1. Interesante artículo. Veremos que pasa y cuantos de esos promotores salen de la carcel antes de que se termine esa bonita carretera costera.

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