AUKUS: submarinos nucleares, tambores de guerra y montañas de litio

Submarinos de la Armada china
Submarinos de la Armada china

Olvídense de Oriente Medio. Ya no le interesa a nadie. Por eso se producen huidas y abandonos tan vertiginosos como poco estéticos. Las imágenes de la entrega de Kabul no fueron un descuido, sino la constatación de que ya ha cambiado el eje sobre el que ahora pivota el mundo.

¿África? Obviamente no. ¿Europa y Occidente? Por favor, menos chistes.

Hay que irse más al este. Concretamente, a la zona del Indopacífico, vastísima región donde vive prácticamente la mitad de la población mundial y por la que transita el 30% del mercado global como parte del megaproyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Allí, desde hace más años de los que un humilde contribuyente medio pueda pensar, se parte el bacalao merced a una enorme y compleja partida de ajedrez militar, económico y geopolítico. De ajedrez o de mahjong, según se mire.

La escalada de tensiones derivada del choque entre China y el bloque prodemocrático encabezado por Estados Unidos acaba de alcanzar su estadio definitivo para confirmar que estamos en el umbral de un polvorín a punto de estallar.

En este sentido, el pacto AUKUS, el sorpresivo acuerdo a tres bandas entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos para que los dos últimos suministren tecnología atómica al primero y pueda desarrollar así una flota de ocho submarinos nucleares ha supuesto un golpetazo en el tablero, donde muchas piezas se tambalean peligrosamente.

La audacia o temeridad de esta triple entente anglosajona ha soliviantado a muchos. A los chinos, por supuesto, a pesar de su amenazante y cierta expansión militar por la zona.

También a la Unión Europea, a la OTAN y en especial a los franceses (a quienes les han roto en la cara un contrato ya firmado con los aussies por más de 50.000 millones de euros y que les habría convertido en los proveedores de esos submarinos nucleares).

Y, cómo no, a una opinión pública cada vez más antiamericana que se rasga las vestiduras en Twitter y acusa a Washington de actuar con irresponsabilidad por echar más leña al fuego.

Es fácil, ciertamente, culpar a Estados Unidos por bruto policía global. Ejemplos no faltan en la historia reciente. Pero sería tan osado como erróneo pensar que con el AUKUS estamos ante otra mera demostración de testosterona militar del Tío Sam. Más bien, leyendo entre líneas, el acuerdo ofrece pistas e indicios suficientes como para asumir que se trata de una estrategia de largo alcance asentada sobre tres grandes pilares.

Por un lado, la cuestión militar. La influencia de Pekín en el mar de la China Meridional es abrumadora. Desde el empoderamiento constante de su armada hasta la construcción de islas artificiales con bases militares, algunas estructuras civiles e incluso pistas de aterrizaje. En los últimos años, la Armada china se ha consolidado como la mayor del mundo gracias a unos 350 buques de guerra y submarinos. Esta superioridad numérica, no obstante, se equilibra con el mayor tonelaje de la US Navy. La ampliación de la flota australiana supondrá un espaldarazo al bloque democrático que puede acabar con el actual empate técnico.

Por otra parte, el AUKUS supone un órdago geopolítico en la zona, donde entran en juego otros actores más allá del choque Pekín-Washington. Sorprende, en efecto, esta alianza puramente anglosajona, que no cuenta con tradicionales aliados como Corea del Sur o el fiel Japón, enemigos declarados del autoritarismo chino.

A pesar de sus protestas, a Japón no le queda otra que asumir su irrelevancia militar y acatar lo que digan los hermanos mayores. No obstante, y aunque pueda parecer que se han quedado fuera de la fiesta, Japón sí forma parte del QUAD, un frente no militar, pero sí geoestratégico, al que pertenecen Estados Unidos, Australia y la gigantesca India, otro enemigo acérrimo de China.

Además, entre el AUKUS y el QUAD, los prodemocráticos también porfían por ganarse el apoyo explícito de la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, formada por Singapur, Indonesia, Laos, Camboya, Vietnam, Tailandia, Filipinas, Myanmar, Indonesia, Malasia y Brunéi).

Algo, en cualquier caso, harto complicado, ya que el grupo reitera hasta la extenuación su total independencia respecto a ambos bloques, pero al que igualmente, se le acaba el tiempo para elegir de qué lado está. Si con China, su principal socio comercial, pero por quien pueden acabar siendo engullidos (casi todos los miembros se ubican en la famosa línea de los nueve puntos, una suerte de Lebensraum marítimo en el mar Meridional de la China). O con Estados Unidos, cada vez menos influyente en la zona, pero respetuoso con la autonomía nacional.

Este prurito por el aislamiento de China es posiblemente la baza que más y mejor está jugando Washington. Todos sus acuerdos parecen lazos con los que inmovilizar cada vez más al gigante rojo.

Y lo cierto es que a Pekín no le sobran amigos. Taiwán es quizás el punto más caliente de todos. El gran dragón se ha quitado la careta y la propaganda belicista clama abiertamente por una invasión que Xi Jinping justifica en cada uno de sus últimos discursos. Las hostilidades son claras y cruzadas.

Como botón de muestra, China sacó de la OMS a Taipéi, que ha salido reforzada por su excelente gestión de la pandemia de coronavirus con una estrategia clara: tomar desde el primer minuto decisiones en sentido contrario a las informaciones de Pekín.

Por otra parte, llama sobremanera el caso de Vietnam. Hanói es un régimen fervientemente comunista, pero cuyas reclamaciones sobre el mar Meridional de la China lo enfrentan a China.

O la propia Australia que, aun siendo uno de los principales socios comerciales de China, está siendo atosigada por Pekín, especialmente desde que Canberra puso oficialmente en tela de juicio la versión oficial china sobre los orígenes de la pandemia.

Por último, un movimiento de semejante magnitud no escapa a los intereses económicos. El Indopacífico es un océano de oportunidades comerciales, pero es Australia, otra vez, la clave en todas las ecuaciones del AUKUS. Para Estados Unidos, se trata de un aliado afín, a pesar de la dependencia cada vez mayor de los mercados chinos. Es anglosajón, fervientemente prooccidental y una de las democracias más saneadas del mundo.

Pero los aussies son, además, el mayor productor de litio del mundo. Un metal clave en la transformación tecnológica y en la elaboración de dispositivos móviles. Australia produce la mitad del litio mundial (el segundo es Chile, en una posición muy lejana; China es la tercera, aún más lejos). Y Estados Unidos apenas tiene reservas, por lo que ata así a un proveedor fiable de una materia prima clave durante los próximos años.

No resulta difícil encontrar similitudes entre los años más tensos de la Guerra Fría y la escalada de tensiones en el Indopacífico. Nadie quiere la guerra y aventurar un desenlace armado sería temerario.

Pero la realidad es que todos se preparan para el choque y el AUKUS, más que una bravuconada irresponsable, se va desvelando como una estrategia con firmes argumentos.

Andrés Ortiz Moyano es periodista y escritor.

1 comentario


  1. Gran artículo. Es muy interesante el nuevo moviemiento de EEUU en el tablero geoestratégico para contrarestar el impresionante avance de China.

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