Aumento de la violencia y el terrorismo

Hace quince años, a mediados de septiembre de 1996, su Majestad la Reina Doña Sofía, por su preocupación social, presidió y participó en varias de las conferencias impartidas en el I Encuentro Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia, en que intervenían especialistas de gran categoría tanto en los campos de la Biología como de la Sociología, incluyendo al premio Nobel Jean Dausset y a Irenaus Eibl-Eibesfeldt —discípulo de Konrad Lorenz y uno de los máximos exponentes de la etología humana—, además de otras personas que, sin ser científicos, han manifestado su repulsa a la violencia, como doña María Barroso de Suárez, Su Alteza Real Doña Ana de Orleáns y doña Corazón Aquino. Todos ellos se reunieron en Valencia durante varios días como consecuencia de una larga conversación con mi hijo mayor, James, neuropsiquiatra en un hospital en San Diego que además colabora con la Policía americana, por lo que ha tenido amplia ocasión de conocer el tema muy directamente, y le preocupan las complejas relaciones de la genética y el medio ambiente en el desarrollo de la conducta violenta.

Como consecuencia de dicha reunión, y dadas las repercusiones sociales que ocasionó, la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados creó, en colaboración con el Gobierno valenciano, el Centro Reina Sofía, dirigido por el profesor José Sanmartín bajo la Presidencia de Honor de la Reina, quien nos hizo el honor de acudir a visitarnos en la primera sede. Por cierto, que la noche anterior a su visita, durante la persecución policial a unos delincuentes, parece ser que una de las patrullas policiales colisionó con la fachada del edificio en que nos ubicábamos, y apenas pudimos cubrir los daños antes de la llegada de Su Majestad.

En ese primer encuentro, acabé mi intervención con una frase que, desgraciadamente, es cada vez más cierta: «La violencia de cualquier clase, especialmente el terrorismo, es paradójicamente “el arma del débil contra el fuerte”».

El terrorismo se ha extendido progresivamente, especialmente después de la invasión de Irak, y con el incremento en número de algunas de las más peligrosas modalidades de terroristas, sobre todo aquellos que se inmolan para causar un daño en áreas no bien protegidas porque carecen de objetivos estratégicos en los tradicionales valores de la guerra. Por todo ello, y siguiendo la tradición de los jurados de los premios Rey Jaime Ide hacer un manifiesto anual sobre un tema candente, se eligió este año el terrorismo como motivo de preocupación. El texto, como de costumbre, se envió a los principales líderes mundiales. Dice:

«Los jurados de los premios Rey Jaime I 2011 constatan que, por desgracia, el terrorismo ha aumentado mucho en los últimos años, de modo que hoy en día todos nos encontramos expuestos a sus consecuencias. El conjunto de las naciones debería reforzar su compromiso de erradicar el terrorismo y reducir el daño que produce, así como su influencia perniciosa sobre la sociedad. Este propósito debe incluir una firme voluntad de lucha contra la injusticia social y condena clara de las estrategias de la violencia y el terror».

Generalmente, tenemos respuestas apropiadas a los manifiestos de los jurados, pues no es baladí que muestren una preocupación común por un tema en torno a una veintena de galardonados con el premio Nobel y otros importantes efectivos sociales en cualquiera de sus campos. El manifiesto de 2011 fue firmado por 19 premios Nobel y relevantes personalidades como Isabel Tocino, Manuel Marín, Rodrigo Rato, Regina Revilla, Antonio Garrigues Walker, Carlos Zurita, Ana Pastor, Petra Mateos-Aparicio, Plácido Arango, Juan Roig, Miguel López Alegría, Manuel Elices, Enrique Macián, María Garaña, Luis Javier Navarro, Von Leoprechting, Edouard Janssen, Sánchez Asiaín, etc.

Como en pasadas ocasiones, han respondido al manifiesto numerosos jefes de Gobierno, pero por su interés quisiera reproducir la respuesta de la Sra. Irina Bokova, directora general de la Unesco, que traducida diría:

«Quisiera agradecerle la carta en la que me envía la Declaración contra el terrorismofirmada por los eminentes miembros del jurado de los premios Rey Jaime I en su edición de 2011. La referencia a la escalada terrorista que hace la Declaración ha encontrado un trágico y muy doloroso eco en los dos ataques terroristas acontecidos en Noruega el pasado 22 de julio de 2011, donde asesinaron a más de setenta personas, la mayor parte de ellos jóvenes comprometidos a participar activamente en asuntos de índole global.
Como estoy segura que sabe, los atentados han sido categóricamente condenados por el secretario general de Naciones Unidas, el señor Ban Ki-moon, y el presidente de la Asamblea General, Joseph Deiss. El manifiesto emitido por el Consejo de Seguridad reafirma que «el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones constituye uno de las más serias amenazas a la seguridad y la paz internacionales, y que todas las acciones terroristas son actos criminales e injustificables, independientemente de las motivaciones, el lugar, el momento y los sujetos que las cometan».

Unesco, por su parte, ha estado directamente involucrada en el desarrollo del borrador de la Estrategia Antiterrorista global de las Naciones Unidas (A/RES/60/288), adoptada por consenso en la Asamblea General del 8 de septiembre de 2006, y la organización participa activamente en los grupos de trabajo de la Fuerza de Implementación antiterrorista, en particular en relación con iniciativas que disuadan y descorazonen a los extremismos y fanatismos, y con las áreas de experiencia de la Unesco: educación, ciencia, cultura, información y comunicación.

El 19 de septiembre de 2011 se celebrará en Nueva York un importante simposio sobre Contraterrorismo Internacional con los auspicios del secretario general Ban Ki-moon y la Ctitf. Será mi ocasión, como moderadora de una de las sesiones de trabajo de promoción del diálogo, de referirme a esta Declaración y a la importancia de estas afirmaciones apoyadas por figuras líderes en el mundo de la ciencia, la cultura y la empresa, para perseverar en nuestros esfuerzos de mantener la unidad frente el terrorismo.
Esté usted seguro de que tengo intención de usar esta Declaración de los jurados de los premios Rey Jaime I en cuantas ocasiones se me presenten para referirme a ella. Le agradezco de nuevo el haber compartido esta Declaración con Unesco».

Si abre el periódico, uno cualquiera, posiblemente encontrará algún atentado, algún joven que, voluntaria o forzosamente, se ha inmolado, vidas segadas sin sentido, que arrastran muchas vidas inocentes más. Esperemos que esta barbarie disminuya, y cuanto hagamos para frenarla es poco. Es quizá el principal deber frente a la más preocupante de las amenazas sociales.

Vimos estos días en Inglaterra a la ruptura social y el vandalismo inquietar a la población hasta el punto de movilizar gran número de efectivos de la Policía. Es otro ejemplo de que el terror y la intranquilidad no afectan solo a los países menos desarrollados y de que el terrorismo es una preocupante responsabilidad mundial.

Por Santiago Grisolía, presidente ejecutivo de los Premios Rey Jaime I.

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