Autobiografías por entregas en la Red

Si uno consulta la palabras «entrega», el Diccionario de la RAE lo remite, entre otras voces, a «novela por entregas», cuyo acepción es «en el siglo XIX y buena parte del XX, novela de larga extensión que se distribuía en fascículos periódicos a los suscriptores». En nuestros días, y desde la aparición de las redes sociales, ha adquirido enorme relevancia en el panorama literario otra modalidad, practicada por muchísima gente, similar a aquel tipo de novelas, que es la autobiografía por entregas distribuida a través de aquéllas.

Es sabido que la «autobiografía» es la vida de una persona escrita por ella misma. Este género literario, plasmado en papel, parecía reservado a personajes relevantes, cuya admirable vida, generalmente ejemplar, era de general interés. Y no voy a decir que se tratase de biografías manipuladas por el autor, pero sí de narraciones no enteramente neutrales. Pues bien, desde la aparición de las redes sociales y debido a su propio funcionamiento, sus usuarios vamos subiendo a ellas retazos de nuestras vidas, sin ser muchas veces conscientes de lo que hacemos. Y es que inscribirse en una red social y ser mínimamente activo implica ir compartiendo con el resto de los que navegan por ella el relato paulatino de los acontecimientos que vivimos o presenciamos.

Y así, en Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp, por citar las más más utilizadas, cada uno de nosotros narra al público indeterminado que frecuenta estas redes su propias vida: dónde estamos, con quién, qué pensamos, qué sentimos, qué vamos a hacer, cómo quedamos, fotografías con familiares o con amigos, en lugares queridos o turísticos… Y lo hacemos llanamente, sin ser conscientes de que estamos escribiendo poco a poco nuestra propia vida, porque todos los que navegamos por las redes sociales vamos dejando en ellas rastros suficientes para se pueda rehacer fácilmente nuestra biografía. La dejamos escrita des la va za damente, a los demás solo les falta recomponerla.

Las autobiografías en red se caracterizan por su generalización. A diferencia del pasado, ya no son los personajes con vidas ejemplares quienes escriben su propia vida, sino cualquiera que se asome a una red social. En esto, las nuevas tecnologías han puesto a disposición de toda la ciudadanía la posibilidad de que cada uno vaya tejiendo su propia autobiografía, los medios para divulgarla y hasta el instrumento en el que queda almacenada.

La telemática permite que cada cual plasme mediante la escritura transportable los retales de la propia vida que desea compartir con los demás. Y las redes sociales tienen tanta capacidad de distribuir noticias que, aunque son tantos a narrar su existencia y éstas son las más de las veces tan anodinas y poco interesantes, la mayor parte de las autobiografías que circulan por las redes carecen de interés. Este es uno de los fenómenos característicos de la proliferación de las autobiografías por entregas en la red, que son generalmente de los ciudadanos que vivimos en el olvido de los del montón.

Todo lo anterior no sería posible si no dispusiéramos de un soporte en el que narrar y almacenar nuestra historia vital. Si antes eran los libros, hoy son los teléfonos móviles, en los que vamos grabando y difundiendo nuestros sentimientos, pensamientos, opiniones, estancias, viajes, fotografías, y los de los otros que interfieren y completan nuestra biografía. Los teléfonos móviles son el medio material que alberga nuestra autobiografía, la ya hecha y aquella de la que vamos dando cuenta cada vez que subimos algo a la red.

Lo que antecede revela que vivimos una vida desdoblada: la que vivimos y la que contamos. Y que la contada, que es parte de la vivida, lejos de ser llevada por el viento, queda grabada en soportes que nos permiten a nosotros y a todos los demás hacer presentes en cada momento retazos de nuestra autobiografía, en una secuencia biográfica que parece interminable y que se va escribiendo al tiempo que es vivida.

José Manuel Otero Lastres, catedrático y escritor.

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