Autodeterminazioa

Por Andrés Montero Gómez (EL CORREO DIGITAL, 24/07/07):

Es difícil imaginar al terrorismo norirlandés del IRA plantando bombas en Londres entre las explosiones de los cohetes V1 y V2 de Hitler durante la 2ª Guerra Mundial. Las crónicas de la época recogen que, al menos en una ocasión, el IRA explosionó algún artefacto y desarrolló acciones de sabotaje en el Ulster, cuya población protestante estaba al lado del esfuerzo británico contra la Alemania nazi. Eamon de Valera, el líder católico norirlandés artífice, junto a Michael Collins (o quizás habría que decir mejor, frente a Michael Collins) de la independencia del Estado Libre de Irlanda, declaró a Eire territorio neutral en la contienda del mundo contra el nazismo.

En el Eire no alineado, no obstante, también se favorecía el paso de combatientes aliados estadounidenses hacia territorio británico, aprovechando las conexiones del Ulster. Las escaramuzas del IRA se intensificaron entre los años 1942 y 1944, en la autodenominada ‘campaña del Norte’, inscrita en un impostado apoyo del independentismo norirlandés a Alemania. Este soporte católico norirlandés a Alemania se dimensionó sobre todo a través de la Abwehr, el servicio secreto nazi, en la creencia de que cuando Hitler ocupara el Reino Unido iba a favorecer un virreinato del IRA en el Ulster.

La Abwehr se dedicaba, esencialmente, a la obtención de información a través de agentes, de fuentes humanas, y estaba dirigida por el almirante Wilhelm Canaris, a quien le encantaba España. Canaris sería posteriormente ejecutado por organizar dentro de la Abwehr el intento frustrado de asesinato del führer y parte de la resistencia interna al desvarío nacionalsocialista.

El nacionalismo vasco no sabe ahora si comportarse como Canaris, como Eamon de Valera o si aprovechar (¿continuar aprovechando?) la coyuntura para, mientras el nazismo etarra presiona al Gobierno y a la sociedad, presentar órdagos independentistas. De momento estamos dándole vueltas a referendos y autodeterminaciones. A mi modo de ver, Imaz e Ibarretxe están representando los papeles de poli bueno y poli malo para compensarse mutuamente y situar al PNV en una dirección muy medida, cual es la preparación de la Euskadi independiente de dentro de quince años. Ya llevan tiempo haciéndolo, desde luego. El nacionalismo vasco nunca ha dejado de ser independentista, por mucho que en sus coyunturas convivan pragmáticos y soberanistas, o precisamente por ello.

Los análisis de estos días sobre el artículo de Josu Jon Imaz acerca del no imponer y no impedir posicionan al pragmatismo jeltzale en una ruta autonomista que contrarrestaría el soberanismo de Ibarretxe y la punta de lanza del Gipuzku Buru Batzar de Egibar. De ser cierta esa hipótesis, significaría mucho más de lo que aparenta. Sin embargo, no se concilia con los datos. El artículo de Imaz no difiere en absoluto de la postura soberanista de Ibarretxe, aunque la limita al marcar un calendario mucho menos suicida. El pragmatismo de Imaz no es antisoberanista y mucho menos autonomista. Lo que intenta el presidente del PNV es marcar unos tiempos que, primero, distancien progresivamente al independentismo de ETA y, segundo, consigan para su partido mucho más recorrido estratégico. En esto Imaz demuestra ser tremendamente hábil.

Imaz sabe que ETA se ha acabado pero, en acabándose, puede ocasionar mucho perjuicio a la causa independentista. Ahora es justo el momento en que el PNV tiene que desligar su soberanismo de los efectos políticos colaterales que pueda ocasionar el final de ETA. Es una insesatez política a todas luces plantear un referéndum autodeterminista en este momento. No sólo es que ETA pueda condicionarlo con sus bombas y que parte de la opinión pública no entienda que, en estos precisos momentos en que el nazismo atenaza a Euskadi, el PNV vaya a tomar la posición del IRA en la Segunda Guerra Mundial. Es que una consulta popular pro independencia no rebasaría ni de casualidad el 50% de los sufragios. Lo sabe Imaz y, no nos confundamos, lo sabe Ibarretxe. Una buena solución para deshacer el entuerto del referéndum planteado por el lehendakari es apelar al tradicional trastorno disociativo de la identidad jeltzale. Todo el mundo se lo espera, nos parece de lo más natural que la cabeza del partido contrarreste al PNV del Gobierno, y sirve al tiempo para reorientar la estrategia independentista en una ruta más favorable a medio plazo.

La autodeterminación en este momento en Euskadi no es una cuestión de opiniones. Por mucho que discutamos sobre las bases jurídicas internacionales, sobre las lecturas amplias o estrechas del concepto, lo cierto es que el principal problema para el independentismo de Euskadi es ETA. Imaz ha sabido leerlo perfectamente entre las líneas complejas pero, por eso mismo, no pensemos que es menos independentista que su lehendakari. ‘No imponer y no impedir’ es absolutamente soberanista, pero estratégicamente más suave que el plan Ibarretxe. Y otorga más tensión dramática al nacionalismo que, si alcanzara el soberanismo mañana, cedería sus señas de identidad a Batasuna, que pasaría a ser la nacionalista en una Euskadi independiente ¿Se lo imaginan?

O mucho me equivoco o la deriva autodeterminista de Euskadi es tan potente como la determinación de Imaz, que a mí me parece mucha. El presidente del PNV sabe que hay tres parámetros elementales para avanzar hacia el soberanismo: uno, que ETA desaparezca; dos, acumular la suficiente masa crítica de euskaldunes (educación, comunicación, política social, lengua) como para que un referéndum en el futuro se eleve hacia un porcentaje de entre el 65 y el 70%; y tres, llevarse bien con el PSOE para allanar ese ‘no impedir’ en el Congreso de los Diputados. El camino de la autodeterminación está comenzando ahora.