Adam Isacson

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de agosto de 2007. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

La figurilla de un soldado decora un escritorio en la ​Asociación Colombiana de Soldados e Infantes de Marina Profesionales en retiro y pensión de las Fuerzas Militares. Credit Federico Rios para The New York Times

Toma a decenas de miles de soldados retirados del ejército con experiencia en tácticas y habilidades letales, a menudo proporcionada por instructores estadounidenses. Dales pensiones míseras y poco que hacer en una economía devastada por la pandemia de COVID-19. Y permíteles —incluso motívalos— a vender sus habilidades en un mercado globalizado cada vez mayor para contratistas de seguridad y mercenarios.

El resultado es un negocio arriesgado con consecuencias posiblemente desastrosas. Eso fue lo que sucedió el 7 de julio en Haití cuando el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia y las autoridades haitianas implicaron a 26 mercenarios colombianos, la mayoría con trayectoria militar, en el complot criminal.…  Seguir leyendo »

Colombia no puede darse el lujo de permitir que los enfrentamientos en sus calles se sigan intensificando. Credit Luisa Gonzalez/Reuters

Las noticias provenientes de Colombia son desalentadoras. Dos semanas después del inicio de protestas generalizadas, al menos 42 personas, incluyendo un agente de la policía, han perdido la vida, y el número de víctimas sigue en aumento. Más de 1100 policías y manifestantes han resultado heridos y se cree que al menos 400 personas están desaparecidas, según un grupo local de derechos humanos.

Las protestas empezaron el 28 de abril debido a una reforma tributaria impopular. Liderados por sindicalistas, estudiantes, pequeños agricultores y defensores de derechos de la mujer, comunidades afrocolombianas e indígenas y personas LGBT, los manifestantes ahora están expresando muchos otros reclamos relacionados con la profunda desigualdad económica, el fracaso del gobierno para establecer un acuerdo de paz en 2016 con el grupo guerrillero más grande del país y la violencia contra los líderes sociales.…  Seguir leyendo »

Iván Márquez, al centro, anunció en un video que un grupo de antiguos miembros de las Farc volverían a las armas.CreditCreditAgence France-Presse — Getty Images

“Aproximadamente la mitad de los países que salen de una guerra vuelven a caer en la violencia en un plazo de menos de cinco años”, escribió el exsecretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan en 2015. En Colombia, donde ya transcurrió más de la mitad de ese periodo, la paz permanente no está garantizada. Un acuerdo de noviembre de 2016 puso fin a medio siglo de conflicto entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero de izquierda. Pero cada vez hay más motivos para preocuparnos.

Iván Márquez, el segundo al mando de las Farc y quien encabezó al grupo de negociación de la guerrilla en La Habana, anunció que tomaría de nuevo las armas.…  Seguir leyendo »

Un miembro de las Farc cuelga un cartel del líder fallecido de la guerrilla Alfonso Cano en Colombia, en enero de 2016. Credit Rodrigo Abd/Associated Press

La transición a la paz de un país es motivo de celebración, pero también es un proceso incierto que requiere diligencia y compromiso. En Colombia, donde un acuerdo de noviembre de 2016 puso fin a un sangriento conflicto interno de 52 años, la presión va en aumento.

Está afectando la idea de poner fin a las guerras intestinas por medio de negociaciones. Recientemente, un diplomático europeo me dijo que “los grupos insurgentes de las guerras civiles están pendientes de lo que ocurre en Colombia, para ver si el gobierno cumple sus promesas”. En una reunión, un militar estadounidense de alto nivel escuchó comentarios preocupados de algunos colegas míos y, exasperado, preguntó: “¿Pueden darme un ejemplo de algún lugar donde el proceso de paz realmente haya funcionado?”.…  Seguir leyendo »

A rebel fighter with the Revolutionary Armed Forces of Colombia, or FARC, in a hidden camp in northwest Colombia, in January 2016.CreditRodrigo Abd/Associated Press

A nation’s transition from conflict to peace is something to celebrate, but it’s also an uncertain process that requires diligence and commitment. In Colombia, where a November 2016 agreement ended 52 years of bloody internal conflict, the stress is mounting.

It’s affecting the whole idea of ending internal wars through negotiations. A European diplomat recently told me, “Insurgent groups in civil wars are watching Colombia to see what happens, whether the government keeps its promises.” In a recent meeting, a senior United States military officer heard concerns from some colleagues and said to me, exasperated, “Can you give an example of anywhere that a peace process has actually worked?”…  Seguir leyendo »