Adela Cortina (Continuación)

"La regla de la mayoría es tan absurda como sus detractores le acusan de serlo". Así empieza un célebre texto de John Dewey, que continúa aclarando: "Lo que importa es cómo una mayoría llega a serlo". Y, a mi juicio, caben al menos tres caminos: el debate sereno y la discusión pública bien argumentada, la agregación de intereses individuales y grupales o, pura y llanamente, la manipulación de los sentimientos. En el primer caso estamos ante una democracia deliberativa, en el segundo, ante una democracia agregativa, y en el tercero, ante lo que podríamos llamar la democracia emotiva, en la que reina el arte de la manipulación.…  Seguir leyendo »

Hay asuntos que parecen gremiales y, sin embargo, tienen consecuencias en el conjunto de la sociedad. Así ocurre con las mediciones de calidad de la investigación, concretamente, en el ámbito de las Humanidades, que merecen un debate amplio.

Medir parece cosa de cantidades y, sin embargo, desde hace algún tiempo la obsesión por la medida se ha trasladado a la calidad. Se mide la calidad de la vida, de las democracias, del quehacer empresarial y de las instituciones educativas en sus distintos niveles. Y en el caso de la Universidad, se aplica el ábaco a los centros, pero también a la actividad de los profesores, sobre todo la investigadora, que es a la que me quiero referir.…  Seguir leyendo »

Que Barack Obama ganara las elecciones en Estados Unidos sería para muchos de nosotros una buena noticia. Y no sólo por el partido al que pertenece y por sus propuestas a la vez utópicas y realistas, sino porque la forma más eficaz de acabar con la discriminación racial es que gentes de diversas razas ocupen los lugares más visibles de una sociedad por su valía personal. Normalizar la diversidad de razas, sexos, religiones en los puestos de poder es no sólo un sueño, sino lo racional y razonable. Que no haga falta siquiera ponerse en el lugar del otro para evitar discriminaciones: "imagine lo que usted sufriría si fuera de la raza humillada, póngase en su lugar".…  Seguir leyendo »

El problema número uno de cualquier país es la educación. Y en el nuestro el asunto anda revuelto desde instancias diversas que afectan a todos los niveles educativos, incluida la Universidad. Es tiempo de pensar la educación y pensarla a fondo.

La LOE deja la puerta abierta para que las comunidades autónomas recorten horas de materias como la Filosofía, apertura que aprovechan algunas comunidades como la valenciana para reducir su horario; los enfrentamientos por la Educación para la Ciudadanía recuerdan el Motín de Esquilache; Bolonia va a traer una Universidad adocenada, en la que, por mucho que se diga, la calidad acaba midiéndose por la cantidad.…  Seguir leyendo »

Las sociedades para prosperar, según Aristóteles, necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos, pero también un ingrediente sin el que la vida pública no funciona con bien: la amistad cívica.

La amistad cívica no consiste en que los ciudadanos se vayan de tapas, porque éstas son cosas que se hacen con los amigos corrientes, con ésos a los que, según el diccionario, se tiene afecto personal desinteresado que se fortalece con el trato. La amistad cívica sería más bien la de los ciudadanos de un Estado que, por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas y no haya agravios comparativos.…  Seguir leyendo »

Si la política debe ocuparse del bien común -y no es fácil determinar qué sea eso del bien común en una sociedad pluralista-, para conseguir una aproximación sería necesario al menos priorizar entre los bienes posibles, atenerse a la máxima de que "lo primero es lo primero"

Lo primero para un partido político es ganar las elecciones, según se echa de ver, pero no debería serlo a cualquier coste. Comprar el voto con dinero contante y sonante no es de recibo, ni tampoco prometer lo que no se piensa cumplir. Más vale atender a las necesidades prioritarias, que consisten -a mi juicio- en satisfacer las exigencias del Estado social de Derecho que, según la Constitución, somos: en proteger los derechos de primera y segunda generación.…  Seguir leyendo »

La interdisciplinariedad, esa expresión tan manida como poco practicada, es a todas luces una necesidad social. Aunque en las universidades siga habiendo algo así como fosos con cocodrilos entre las ciencias "duras" (las naturales), las "blandas" (sociales y de la salud) y las humanidades, lo bien cierto es que ni un solo problema puede abordarse con rigor en solitario. De Solo ante el peligro habríamos de pasar a la colaboración sincera, si no queremos acabar en La jauría humana. Teniendo en cuenta que en este trabajo compartido son también indispensables los "legos" en las distintas materias, los ciudadanos de a pie, que son también afectados.…  Seguir leyendo »

El pasado mes de septiembre los miembros del Foro de Berlín propusieron un tema provocador para su encuentro anual: ¿existe una ética económica europea? Se podría dar por zanjada la cuestión respondiendo que no hay ni siquiera ética económica y, por lo tanto, que ni la hay europea ni de ningún otro lugar. Pero, afortunadamente, eso no es cierto. Y no sólo porque ya Aristóteles o Adam Smith ligaran economía y ética, sino porque desde el último tercio del siglo pasado un potente movimiento de ética económica y empresarial surge en Estados Unidos, pasa a Europa y se extiende sobre todo por América Latina, Japón, China e India.…  Seguir leyendo »

Hace unos treinta años este país inició una transición política hacia la democracia, alentada por una transición ética que ya se había venido produciendo en el seno de la sociedad civil. Transiciones una y otra envidiadas por algunos países que hubieran querido tener una experiencia semejante, admiradas por otros que no necesitaron la primera.

Una parte de la población estaba preocupada entonces por descubrir un capital ético conjunto, al que cabría llamar ética cívica, ética de los ciudadanos de una sociedad pluralista. Porque las sociedades son pluralistas, no laicas. El que tiene que ser laico -no confesional ni laicista- para arropar a una sociedad pluralista es el Estado.…  Seguir leyendo »