Adolfo Suárez Illana

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de mayo de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Hace unos días, hablando con su queridísima Isabel, me acordaba de nuestro inolvidable Mingote y de una magistral viñeta publicada en estas mismas páginas hace ya unos años. Como siempre, corrían días convulsos e inciertos por aquel entonces… y el genio, por enésima vez, plasmó en una sencilla ilustración el tema de aquellos días en los que mi padre acababa de cumplir 75 años y se habían publicado cosas de muy escaso valor sobre Don Juan Carlos y él. Aparecían ambos sentados en el pequeño banco de un parque por el que paseaba una ligera y vistosa señora. A su paso, Su Majestad susurraba a mi padre: «¿Has conocido alguna vez la gratitud, Adolfo?»; a lo que mi padre contestaba: «Pues, Señor, como no se llame así esa señora que acaba de pasar de largo…».…  Seguir leyendo »

Hace más de diez años que vengo defendiendo en los medios de comunicación, y allá donde he podido, esta figura penal. Incluso antes de que nadie la llamara de esta forma. Mucho antes de que mi partido la asumiera como propia. En solitario y en compañía de ilustres juristas. Una de las primeras veces que publiqué sobre ella, proponiendo el nombre que hoy ostenta, fue a raíz de la excarcelación del canalla de De Juana Chaos. Desde entonces, muchos han sido los casos de criminales que, desgraciadamente, han venido a ratificar uno de los hechos que con más fuerza reclaman penas de esta naturaleza: la incapacidad de ciertos delincuentes para reinsertarse.…  Seguir leyendo »

Claro que queremos diálogo, pero no como mantra. Queremos un diálogo productivo que necesita de orden, respeto y objetivos. Mi padre, aclamado como artífice del consenso –fruto principal del diálogo– señalaba que ese consenso solo se puede exigir en torno a una cosa: «La voluntad profunda de convivir en libertad».

Cuando se quiebra la convivencia en libertad violando las leyes, rompiendo juramentos, traicionando los mandatos recibidos y utilizando los medios del Estado para alzarse contra él, solo cabe un diálogo: el que se debe dar entre los culpables de esas conductas con los jueces y fiscales. Ese es el primer diálogo que, los que defendemos la Constitución de la Concordia, reclamamos con todas nuestras fuerzas hoy.…  Seguir leyendo »

Mucho se está invocando estos días a Suárez y su famosa frase de «…elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal». Esa es la verdadera frase, y se refería a la legalización de los partidos políticos y a la inminente democratización de España. Nada más, y nada menos. Se dio un año de plazo, y lo cumplió. El 15 de junio de 1977.

Hay quienes están muy interesados en proclamarse herederos de Suárez; por desgracia, mucho más que en aprender de Suárez y su obra, que es lo importante de Suárez, no él.…  Seguir leyendo »

Yo sí, señor Presidente

Parece haberse puesto de moda la crítica irritada contra aquellos que, en el ejercicio de las responsabilidades para las que les hemos elegido, dirigen los destinos de nuestro partido y, afortunadamente en estos tiempos, también los de nuestro país.

Como bien recordará, señor Presidente, yo he sido muy crítico con algunas cosas de su gestión, pero creo haber conducido siempre mi crítica desde la lealtad y abrazado a las respetuosas razones que he creído me asistían en cada momento. El tiempo de las dificultades debe ser también el tiempo de la lealtad bien entendida. Soy apasionado defensor del debate dialéctico y la discrepancia, pero nunca de la altanería o el desprecio.…  Seguir leyendo »

El artífice del mayor acto de concordia de toda nuestra Historia señalaba que el consenso que la posibilita, se debe ceñir a muy pocas cosas para que pueda ser alcanzado. Realmente, decía: «Tal vez solamente a una: la voluntad firme y profunda de convivir en libertad». Esto, más que una idea, es una creencia y, como muy acertadamente afirmaba Ortega y Gasset, «a las ideas las sostenemos nosotros, pero las creencias nos sostienen a nosotros». Un poco más adelante, en ese mismo discurso con el que aceptaba el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1996, dijo: «La lucha política, la controversia, el debate, el disentimiento, el conflicto no constituyen una patología social… reflejan la vitalidad de una sociedad».…  Seguir leyendo »

No, no es lo mismo poder que deber; y en España y Francia sí se puede, aunque no se deba. A Dios gracias, y tras muchos años de sufrimientos, en países como Francia o España, sí se puede criticar hasta lo más sagrado para cualquiera. Y se debe poder llegar a escribir o decir cualquier blasfemia sin que nadie deba esperar por ello ser ejecutado en su puesto de trabajo de un tiro en la nuca.

Ha pasado un tiempo prudencial y espero que nadie me acuse de opinar en caliente. Detesto las viñetas satíricas que todos tenemos en mente blasfemando e insultando, ya sea a Mahoma o a Jesucristo.…  Seguir leyendo »

“Miserable! ¿Por qué gritas? Me perteneces porque soy más fuerte que tú. Irás a donde a mí me plazca, por buen cantor que seas, y depende de mi capricho el que me sirvas de alimento o que recobres la libertad. Loco rematado es quien resiste a uno más fuerte que él; además de no conseguir la victoria, a la vergüenza añade el sufrimiento”.

Si nos quedáramos sólo con este párrafo que, de la antigua fábula griega de El Gavilán y el Ruiseñor, nos ofrece Hesíodo en su poema Los Trabajos y los Días entremezclándola con la leyenda de Filomena, estaría justificada la más absoluta de las depresiones…

Es Hesíodo un personaje curioso dentro de la historia de la poesía que, en cierta medida, comparte algunos elementos comunes con otro gran poeta de rabiosa actualidad: Miguel Hernández.…  Seguir leyendo »

El miércoles se consumó, finalmente, la amenaza que pesaba sobre la actividad taurina en Cataluña desde hace unos meses. El Parlament ha decidido instar la prohibición de las corridas de toros en su territorio a partir de enero de 2012. Nada extraño en estos tiempos en esa tierra en la que, al menos en el ámbito político y desde hace algún tiempo ya, reina la cultura de la intolerancia. Una tierra donde algunos partidos ya no abordan los problemas desde el prisma de la necesidad común, sino desde un firme y permanente deseo de imponer la exigencia particular.

Visto como aficionado práctico que soy, me produce una profunda tristeza la imposición que se me hace de un veto en Cataluña para practicar libremente lo que considero que es el espectáculo más singular de toda la Tierra: bailar a muerte con un toro bravo en una plaza.…  Seguir leyendo »

Algo nos está pasando… y no es nada bueno. Andamos enredados estos días en buscar y dar argumentos a favor y en contra de la continuación de las corridas de toros en Cataluña. Al margen de lo bueno o malo que pueda resultar tal ejercicio, me parece francamente incomprensible su solo planteamiento: el obligar a todo un sector -representante de un espectáculo artístico que, además, es el más singular de toda la Tierra- a dar razones para que no sea prohibido. Si alguien debiera dar razones, y graves, para el simple planteamiento de una cuestión así, éstos deberían ser los abolicionistas.…  Seguir leyendo »

La ceguera tiene muchas causas, también en la vida política. En unos casos la ambición, en otros la ofuscación y, casi siempre, la enorme distancia que mantienen los políticos con la sociedad, esa sociedad a la que unos llaman pueblo y otros ciudadanos.

La evolución de los partidos en estos últimos treinta años ha distorsionado tanto la vida política que, cualquier cosa que no nazca y muera en ellos, sea vista -por ellos mismos- como poco más o menos que una herejía, como una propuesta ilegítima, como una intromisión intolerable.

Para cualquier persona con inquietudes políticas y un mínimo espíritu crítico, es francamente curiosa la reacción que han provocado las palabras del Rey llamando a todos a «grandes esfuerzos y amplios acuerdos para superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación, las graves consecuencias de la crisis».…  Seguir leyendo »

Parece compulsiva la oleada de pesimismo que se cierne sobre buena parte de la clase política española, acompañada en tal faena por no pocos analistas, periodistas y pensadores diversos, que acaban arrastrando tras de sí a un número creciente de españoles.

Todo lo que leo y escucho últimamente viene teñido de un color de fatalidad, cuya simple existencia me entristece y espolea al mismo tiempo. ¿Cómo es posible que gente de gran nivel intelectual, caracterizada por su capacidad de esfuerzo y afán de superación, pueda hablar de forma tan fatalista? ¿Es posible que, junto a la gripe A, se nos haya colado un virus cuyo contacto impregne a su víctima de un fatal determinismo histórico?…  Seguir leyendo »