Agapito Ramos

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Hay palabras que, combinadas, adquieren una potencia que, como algunos cocktails, pueden llegar a provocar efectos de ebriedad en quienes las usan sin el suficiente conocimiento. La combinación de soberanía y popular, por ejemplo, emborracha en muchas ocasiones a sus usuarios tanto como la mezcla de las inglesas gin y tonic.

Una utilización inteligente de cualquiera de las dos combinaciones proporciona placer, una sensación ligera de euforia y, a veces, una agudización atemperada y soportable del ingenio. Pero el abuso convierte a quien lo comete en alguien que llega a ser capaz de decir insensateces y convertirse en una amenaza para los demás.…  Seguir leyendo »

François Guizot era un reconocido liberal que destacó en muchas facetas de la investigación histórica y política a lo largo del siglo XIX. No era nada sospechoso de radicalismo, pero una vez dijo que “entre la política y la justicia cualquier entendimiento tiende a la corrupción, y todo acuerdo es pestilente. Buscando el acuerdo la política se acusa y prestándose a ello, la justicia se pierde”. Otro gran pensador francés, el primer gran teórico europeo de la democracia, Charles Louis de Secondat, Montesquieu, dejó una huella indeleble cuando calificó a la Justicia como el tercer poder de la democracia, aunque después intentó matizar su posición al respecto.…  Seguir leyendo »

Como casi siempre, todo está en los romanos o en los griegos. Lo de la ley, sobre todo en los romanos. En el siglo III, un jurista llamado Domicio Ulpiano, que trabajaba para el emperador Caracalla, nos transmitía los sentimientos de su jefe al respecto de las xenias, o sea, de los regalos que los altos funcionarios del imperio recibían y podían o no aceptar. Su consejo era un monumento al sentido común: “Ni todo, ni siempre, ni de todos”. Y lo explicaba un poco más: “un procónsul no puede privarse totalmente de xenia… rehusar de todos es una falta de educación, pero aceptar siempre parece de indecentes, despreciable aceptar de todos, y avaricioso aceptarlo todo”.…  Seguir leyendo »

Parece indiscutible un hecho: la mejor garantía para que un sistema democrático funcione en estos tiempos reside en la existencia de los partidos políticos. El engranaje de la democracia no ha encontrado mejor herramienta que esas agrupaciones de personas que se mueven en la política para proponer fórmulas diversas de administrar la cosa pública, con la referencia de su ideología y sus propuestas concretas, ligadas a momentos concretos.

Pero ese reconocimiento no significa, en absoluto, que se pueda admitir la arbitrariedad cuando falta el debido control sobre las estructuras partidarias, que pueden actuar en muchos casos como agrupaciones de intereses oligárquicos, incluso con matices corporativos, que conducen a corrupciones, a ventajismos y a una acumulación de poder que pueden llegar a poner en juego la propia salud de la democracia.…  Seguir leyendo »