Alberto Royo

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«Bergman es el único genio del cine actual», aseguraba el escritor de chistes televisivos Isaac Davis –Woody Allen– en Manhattan, a lo que contestaba Marvy –Diane Keaton–, la snob neoyorquina: «¡Pero si sois de lo más opuesto! El programa que escribes para televisión es brillantemente divertido, mientras que su perspectiva es típicamente escandinava, lúgubre, todo está impregnado de Kierkegaard, es algo ingenuo, pesimismo a la moda… Todo ese silencio, el silencio de Dios… Muy bien, me encantaba cuando estaba en la universidad de Radcliffe, pero eso ya está superado… ¡Totalmente superado! ¿Acaso no ves que se trata de un intento de dignificar los propios traumas psicológicos y sexuales poniendo como parangón ciertos principios filosóficos?…  Seguir leyendo »

Se atribuye a Julio Verne la siguiente frase: «Qué gran libro se podría escribir con lo que se sabe. Pero aún más con lo que no se sabe». Corren malos tiempos para reivindicar el conocimiento. Mucho menos para hablar de la necesidad social de la cultura. El utilitarismo de unos y el afán de entretenimiento de otros se imponen como medidas que garanticen la «somatización» del ciudadano, de la que, no lo duden, se benefician no pocos, disfrazándola de realismo y filantropía.

Pero no es momento, al menos en esta columna, de culpar a los culpables, sino de analizar la situación de manera introspectiva y examinar cuidadosamente cómo enseñamos a nuestros alumnos (tarea que, por otra parte, realiza a diario todo buen profesional de la docencia), de observar y valorar los puntos fuertes y débiles de nuestra práctica.…  Seguir leyendo »

Hay batallas que uno debe librar. Eludir la confrontación cuando está en riesgo algo tan sustancial como el futuro de nuestra sociedad, inevitablemente relacionado con la deriva de nuestra educación, supone una claudicación inaceptable. ¿Y cuál es enemigo? El enemigo es el pedagogismo, que se manifiesta por medio de la imposición de una Metodología Única, como el anillo de Sauron, y que culminará el largo proceso de devaluación de la figura del profesor y, por extensión, de la enseñanza, tal y como algunos todavía la entendemos, esa devaluación que se refleja en el sometimiento a las modas educativas y a la Santa Innovación (la innovación: un clásico de todos los tiempos), pese a que la educación debería estar al margen de tendencias, ser impermeable (¿insobornable?)…  Seguir leyendo »