Alberto Salcedo Ramos

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El portero uruguayo Fernando Muslera después de fallar en atajar el segundo gol de Francia durante los cuartos de final del Mundial de Rusia 2018, en Nizhny Novgorod Credit Kirill Kudryavtsev/Agence France-Presse — Getty Images

Woody Allen se imaginó el infierno como un lugar repleto de malos músicos. Para mí el infierno sería un sitio donde uno estuviera condenado a ver todos los programas de fútbol ruidosos que abundan hoy en la televisión hispanoamericana.

Muchos de esos programas combinan las peores plagas: pereza investigativa, prejuicios, verborrea. En este espacio un reportero insidioso desliza un chisme que enemista a dos jugadores; en aquel, un comentarista petulante le da cátedra de táctica a un entrenador; en el siguiente, un analista ofuscado insulta a una estrella venida a menos; en el otro, un jefe envanecido maltrata ante las cámaras a uno de sus colaboradores.…  Seguir leyendo »

Colombianos en Cauca reaccionan durante el partido de la tricolor contra Inglaterra. Credit Luis Robayo/Agence France-Presse — Getty Images

Iba a escribir que, aunque la selección de Colombia esté familiarizada con la derrota, duele mucho perder siempre el partido definitivo, el que no tiene mañana, ese que te manda de vuelta a casa con la moral por el piso.

No hay colombiano que no haya oído, o dicho, esta frase de consuelo ante nuestros reveses recurrentes: “Nos quedó faltando un centavo para el peso”. Tan perdedores hemos sido en el fútbol que, cuando yo era niño, los adultos celebraban un empate como nuestra máxima hazaña. Sucedió en el Mundial de 1962. Íbamos perdiendo por goleada con la antigua Unión Soviética, y al final empatamos 4-4.…  Seguir leyendo »

Yerry Mina dio un cabezazo para el gol contra Senegal. Credit Manan Vatsyayana/Agence France-Presse — Getty Images

Esta es la historia de dos equipos distantes que, sin embargo, están emparentados.

Lo están, en principio, porque comparten una creencia que podría enunciarse de la siguiente manera: hay que bailar hasta que venga la muerte.

Los camarógrafos encargados de cubrir a la selección de Senegal en Rusia nos han mostrado cómo sus integrantes convierten cada entrenamiento en una jarana. Cantan, palmotean, danzan.

En las muchas regiones afrocolombianas donde se juega fútbol está generalizada la misma idea: la pelota se conquista con pies bailarines. Luis Antonio Biohó, un viejo profesor que tenía una escuela de fútbol en Tumaco (en la costa pacífica), hacía los exámenes de admisión no con pruebas para los muchachos con el balón sino poniéndolos a danzar: “Quien baila bien, juega bien”, decía.…  Seguir leyendo »

Los jugadores de la selección colombiana se abrazan antes del comienzo del partido contra Polonia. Credit Sergei Grits/Associated Press

Hay países donde es posible concertar esfuerzos y capacidades en busca del bien común. En otros impera una noción individualista de la vida que dificulta alcanzar logros colectivos. Yu Takeuchi, profesor japonés que laboraba en la Universidad Nacional de Colombia, lo planteó así: “Un colombiano promedio es más inteligente que un japonés promedio, pero esos dos japoneses juntos suelen actuar de modo más inteligente que dos colombianos juntos”.

En Colombia muchas selecciones de fútbol talentosísimas han fracasado por su incapacidad de trabajar en equipo. Lo mismo ha pasado en otros ámbitos. Es un rasgo de nuestro ADN. Entre nosotros abundan los grupos de trabajo compuestos por gente que confía a ciegas en sus propios planes y desconfía demasiado de los ajenos.…  Seguir leyendo »

James Rodríguez, de Colombia, al final del partido de Copa del Mundo en el que su selección fue derrotada por Japón Credit Filippo Monteforte/Agence France-Presse — Getty Images

Al que madruga Dios le ayuda, dice el dicho. Pero la gran verdad es que, entre quienes madrugan, algunos se encuentran el botín y otros lo pierden. Hoy el partido Colombia-Japón se sentenció tempranísimo: a los tres minutos. Para entonces ya Colombia tenía un gol en contra y un hombre menos, dos calamidades que resultarían aplastantes.

A la selección de Colombia siempre le han costado los arranques: en sus doce primeros minutos en un Mundial —Chile 62— ya iba perdiendo 3-0; en los primeros quince de Estados Unidos 94, iba abajo 1-0. Aunque tengan grandes condiciones técnicas, nuestros jugadores saltan a la cancha timoratos, como si creyeran que el ardor y la concentración son dignidades que solo se obtienen después de haberse acomodado plenamente sobre el césped.…  Seguir leyendo »