Alberto Vergara

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Pedro Pablo Kuczynski durante la ceremonia en la que tomó posesión como presidente de Perú en Lima, el 28 de julio de 2016 Credit Mariana Bazo/Reuters

Una comunidad sana, ha teorizado Javier Cercas, debe poseer tres tipos de individuos: un maestro que enseña a vivir, un médico que ayuda a morir y, por último, una persona que dice no. Cableados como estamos la mayoría de nosotros para seguir tendencias y decir que sí a cuanto se nos ofrece, las sociedades requieren de individuos excepcionales y capaces de rebelarse con un rotundo no y así preservar la dignidad de la comunidad. Pobre de la sociedad que necesite héroes, sentenció el Galileo de Brecht. Más pobres aquellas que no los produzcan, retrucaría Cercas.

Ante la corrupción que anegó América Latina en la última década uno se pregunta: ¿dónde están quienes dijeron no a la corrupción?…  Seguir leyendo »

Cuando se comenta la política peruana debería comenzarse siempre con la misma idea: el país ha rechazado dos veces consecutivas a Keiko Fujimori. Tal es el rechazo, que en la segunda vuelta de las presidenciales de 2011 y 2016 perdió contra dos candidatos impopulares y distintos: uno militar y nacionalista; el otro banquero y global.

Aun así, en un país gobernado desde hace mucho por tecnócratas y empresarios, la legitimidad electoral sabe a poco. Para ellos, las elecciones son algo así como eventuales sugerencias ciudadanas, no un mandato. Y como muchos de estos se consideran herederos de las reformas económicas de Fujimori en los noventa, no comprenden el rechazo que despierta una posible liberación del reo expresidente.…  Seguir leyendo »

En 2011 Keiko Fujimori perdió la segunda vuelta presidencial contra Ollanta Humala, un candidato que despertaba tantos temores que parecía imposible que pudiera imponerse a cualquier otro. Y, sin embargo, al votar por Humala el Perú rechazó categóricamente al fujimorismo y su herencia de corrupción y autoritarismo. Luego, Keiko Fujimori trabajó cinco años para deshacerse de dicho pasivo. Cultivó una imagen de niña buena y callada (ya saben, en América Latina una no va sin la otra) y sembró el camino al 2016 con espejismos de un fujimorismo desfujimorizado.

Pero en la campaña de 2016 la reina quedó desnuda. El fujimorismo estableció alianzas con sectores ilegales de la sociedad —mineros informales, por ejemplo—, nombró como Secretario General a un individuo sin más pergamino que el de ser investigado por la DEA por lavado de activos y, gente muy cercana a la candidata, adulteró audios para que fueran distribuidos en la televisión.…  Seguir leyendo »

Durante el nuevo milenio América Latina estuvo de pachanga. Minerales y gas, petróleo y soya, entre otros, alcanzaron precios históricos que desataron el populismo manirroto de los gobernantes y la algarabía de una sociedad entregada a la novedad del consumo. Ahora la música se ha apagado. Quienes ayer bailaban hoy yacen aturdidos por la resaca.

Pero hay distintos tipos de resaca. En Venezuela y Brasil, por ejemplo, se combinan la resaca económica y la política. Con acentos propios, ambos países asisten a la contracción de sus economías, la crisis de sus instituciones y el desprestigio de sus líderes. En Argentina, la alternancia de partido en el poder permite que la resaca sea esencialmente económica, mientras la administración Macri procura ordenar el manejo del país.…  Seguir leyendo »