Álvaro Perea González

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En la vida, y también en la política, uno debe preguntarse cuánto vale seguir hacia delante. Igual que Macbeth se interrogaba sobre la traición y las puertas que se cierran para siempre con ella, uno debe representarse el futuro como el precio, al menos parcial, del presente. Siempre ocurre así.

La política de casino y tirada del Gobierno de Pedro Sánchez ejemplifica como ninguna otra antes la decadencia de la tensión histórica entre la ética de la justicia y la oportunidad para la detentación maquiavélica del poder.

Si antes el gobernante se había de preguntar sobre los anclajes de su Gobierno, hoy esa cuestión se ha diluido en los meandros del cesarismo contemporáneo de la España del veintidós, en la que la misma idea de país (no digamos de nación) o la forma política es sacrificada puntualmente a cambio de un minuto más de posesión.…  Seguir leyendo »

Sólo existe una verdad atribuible con rigor al tiempo y es la que se retrata en su efecto terapéutico. Como suele decirse, "todo lo cura".

Los escándalos más sonados, las crisis más adversas, los giros de guión o los cambios de ciclo que, en un momento dado, causaron un punto de inflexión en la interpretación lineal de la historia quedaron atrás, inexorablemente, con el paso de las agujas del reloj. Las horas, los minutos, los segundos, y con todos ellos los días, las semanas, los meses y los años hicieron sucumbir lo inesperado. Todo, sin excepción, es pasto para la cronología.…  Seguir leyendo »

Nerón aprovechó el fuego que arrasó Roma para construirse un nuevo palacio: la Casa de Oro, la Domus Aurea. La construcción del amplio complejo palaciego exigió de una inversión importante que se obtuvo gracias a una reforma tributaria que elevó la presión fiscal en las provincias del imperio.

Ya en el primer siglo después de Cristo los ciudadanos debían soportar los caprichos del despotismo (ilustrado o no) y de esas políticas impositivas oportunistas en las que, habitualmente, prima más el antojo que la necesidad. Más la fantasía que la realidad.

La caricatura que de Nerón se ha hecho con el paso de los siglos tiene más que ver con sus actos personales que con lo que en verdad fue su reinado en términos administrativos o políticos.…  Seguir leyendo »

Tú no has leído a Francis Fukuyama, ni a Joseph Alois Schumpeter, ni a Samuel Huntington. No te hace falta. Tampoco te paseas por las presentaciones de libros o por los platós de televisión sentando cátedra sobre las razones del precio de la luz o la última posición geoestratégica de China en el conflicto eterno que acontece en el cuerno de África. No tienes tiempo. Ni ganas.

Tú aspiras a tener una vida cómoda, tranquila, algo mejor quizá que la que disfrutaron tus padres. Poder escaparte dos semanas en agosto con la familia a la playa y no sufrir cuando las facturas aprietan a final de mes.…  Seguir leyendo »

Nos han contado que somos distintos. Que tú tienes unos intereses, que eres "la España que madruga", la del IVA trimestral y la cuota de autónomos, la que no descansa ni en fin de semana, la que sabe lo que verdaderamente ocurre en la calle.

Según el relato diseñado para dividirnos, yo, que sólo soy un funcionario público, un asalariado del Estado, soy tu enemigo, tu adversario, tu némesis insaciable que devora el resultado de tu esfuerzo. Un vago sin ambición ni provecho, un pequeñoburgués acomodado cuya principal misión vital pasa por el trienio, el sofá y el partido del domingo.…  Seguir leyendo »

El principio de causalidad es uno de los grandes presupuestos sobre los que se erige la vida humana. Las cosas ocurren por algo y ese algo es una condición preliminar que empuja el presente en una determinada dirección.

Podemos pensar que no es así, que no existe tal determinismo físico, que el azar desempeña un papel importante y que el destino no está escrito. Pero, en verdad, muchos de los actos y acontecimientos de nuestra existencia son solamente el resultado lógico y razonable de un conjunto de variables interrelacionadas, un gran mapa de guía que constriñe nuestra voluntad auténtica y nos confunde en una telaraña de identidades, propósitos y esencias.…  Seguir leyendo »

Juan Benet, con corbata a rayas, junto a Luis Martín-Santos, con una flor en la solapa.

Debemos poner en sospecha las efemérides. Esos recordatorios autoritarios que nos imponen el recuerdo acotado de una fecha omitiendo, deliberadamente, que este, como la memoria que alimenta, desconoce de parámetros cuantitativos, de renglones tasados, y que su ejercicio es libre. Tan libre que, en ocasiones, se confunde con la misma fantasía. Y de esa mezcla de memoria y ensoñación han de nacer los mejores recordatorios: los de aquello que fue no siendo. Al fin, sólo somos un retrato sin espejo, confusa desmemoria de sangre y tuétano.

Juan Benet falleció el 5 de enero de 1993. Con su muerte quedó atrás una obra narrativa y ensayística vasta y singular, irrepetible, que el tiempo sólo ha sabido situar parcialmente en la posición que justamente le corresponde y que, ese mismo tiempo (elemento obsesivo en la literatura benetiana) ha abandonado con indignidad al ciclón de las novedades y los excesos de una modernidad tan encerrada en sí misma que apenas es capaz de darse permiso para pausar el (pretendido) progreso y retroceder sobre sus pasos en busca de ecos que, como los recuerdos y la memoria que devoran las figuras del escritor, devuelvan la sensatez al sino determinado por los hechos fugaces.…  Seguir leyendo »

El discurso construido en los últimos años alrededor del concepto de igualdad omite que la verdadera clave de bóveda del mismo no radica en la propia consideración o circunstancia que puede significar el género sino, más allá de este, en la vinculación que la igualdad mantiene con el concepto de ciudadano.

Desde la construcción histórica (de raíz romana) del término, la ciudadanía se ha asimilado como un estatus de la persona que, como miembro activo del Estado, es reconocida por este como titular de un conjunto derechos de naturaleza política, encontrándose, al mismo tiempo, y de forma simultánea a este reconocimiento, sujeta a las leyes que esa condición personal legitima y permite en el despliegue de su eficacia.…  Seguir leyendo »

La esencia del funcionamiento de nuestro Estado de derecho es el control, al menos teórico, que los distintos poderes institucionales ejercen entre sí.

El Legislativo aprueba normas y vela por la vigilancia al Gobierno. El Ejecutivo dirige la política y decide las grandes cuestiones de Estado. El Poder Judicial controla el respeto al ordenamiento jurídico, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado.

El Tribunal Constitucional no es un órgano judicial, sino de naturaleza mixta y más cercano a lo político que a lo jurisdiccional (aunque esto es discutible). Lo prueba su competencia de legislador negativo que limpia y purga el conjunto normativo de aquellos preceptos que no superan el riguroso canon de principios y derechos que configura nuestra Constitución.…  Seguir leyendo »

La sintaxis que ofrece coherencia y estructura a la gramática del poder es compleja. En ella podremos encontrar principios y reglas que se superponen, yuxtaponen o excluyen de forma irremediable. La construcción del discurso de la decisión no conoce de matemática finita, de reglas físicas tangibles o de pilares arquitectónicos indispensables.

No. El poder no es ciencia. El poder es un ejercicio de fe. Por eso quienes lo detentan saben de la importancia de guardar el templo, adorar a los ídolos, contentar a los acólitos y, cuando es preciso, disfrazar la verdad.

La preparación ética (o aparentemente ética) que el Gobierno está realizando con ocasión del previsible indulto a los condenados en el juicio del procés supone ante todo un carnaval de máscaras.…  Seguir leyendo »

El término colapso admite tres acepciones principales, todas ellas vinculadas a los conceptos de destrucción, paralización, ruina o postración extrema.

Colapsar es abrazar el final de algo, bordear la línea del desenlace, arruinar una historia guiada hasta ese momento por una secuencia más o menos conexa de hechos y personajes. Colapsar es la nada frente al todo. El fin. El polvo. La ausencia. The End.

Si admitimos la breve formulación anterior, resultaría imposible, o al menos contradictorio, aceptar una vivencia en el colapso.

¿Podemos vivir en el fin? ¿Puede la negación (la nada) ser ontológicamente un espacio para la afirmación, para el todo?…  Seguir leyendo »

Habita en todos nosotros un deseo indómito de trascendencia. Ese sentimiento que, en mayor o menor medida, convierte al ser relacional en una superlativa proyección individual de sí mismo, la cual sólo alcanza su sentido en la dimensión social.

O, mejor dicho, en la perdurabilidad de esa dimensión en el resto. En eso que algunos llaman colectivo y otros sociedad. Viva, multiforme y peligrosa entelequia que ha servido de justificación desde antiguo a las peores atrocidades humanas.

La pretensión de superar la barrera del yo y pervivir como un eco retumbante en las conciencias ajenas fue explicada por José Ortega y Gasset o Søren Kierkegaard, y antes que ellos, también por Sócrates o Immanuel Kant.…  Seguir leyendo »

Este año se cumplirán tres décadas del comienzo de último gran conflicto europeo: las guerras yugoslavas. Uno de los episodios más oscuros de la historia de Europa y también del mundo. Un enfrentamiento bélico que hizo recordar sobre nuestro suelo lo peor de la humanidad: la barbarie y el dolor injustificados, y el sacrificio de las libertades, condenadas a muerte, junto a tantos hombres, bajo el fuego fratricida.

El bombardeo de Belgrado o el sitio de la ciudad de Sarajevo son iconos (olvidados) de una guerra que nadie creía posible y que, tristemente, fue. Las razones son conocidas: la exacerbación de las tensiones nacionalistas, la callada pasividad ante la discriminación legalizada y el desentendimiento consciente frente a los riesgos del populismo institucionalizado.…  Seguir leyendo »

Europa o el espejo roto

Escribe el nobel y disidente chino, Gao Xingjian, en su obra La Montaña del Alma que «la verdad no existe más que en la experiencia e incluso sólo en la experiencia personal, y aun en este caso, una vez que ha sido contada, se convierte en historia». La tensión presente entre lo subjetivo y lo colectivo es tan constante como la que ocurre en el balanceo que separa el sentimiento de los hechos, lo percibido de lo auténticamente real; sólo la infancia nos depara la posibilidad de contemplar la vida con nitidez, más tarde, el pacto social nos hace víctimas –o mejor dicho culpables– de ese gran asesinato –el de la inmaculada originalidad humana– que sirve de prolegómeno para la fundación de la sociedad.…  Seguir leyendo »

La Administración de Justicia, como cualquier otra administración pública, arranca su estructura piramidal sobre una base pivotada en el territorio, respondiendo a un modelo predefinido y detallado, con el que se busca obtener la mayor efectividad en el acceso de los ciudadanos a la tutela judicial efectiva que la Constitución proclama en su artículo 24.

Esta arquitectura básica, vigente al día de la fecha, disfruta ya de más de tres décadas, habiendo sido incorporada a través de la Ley 38/1988, de 28 de diciembre, de Demarcación y de Planta Judicial.

Para quienes desconozcan la fisionomía del cuerpo judicial español, quizá puede llamar la atención el carácter primordialmente territorial de la planta de nuestros Juzgados y Tribunales, y sobre todo la configuración del "partido" como división fundamental.…  Seguir leyendo »

El concepto de Estado no es estático sino el resultado de una lenta evolución desde los primitivos asentamientos hasta las más complejas formas de organización social en que se estructuran nuestras formas de relación humana. Pero si existe una nota característica del Estado, en el interior de su teoría política pero también fuera de ella, esa no es otra que la de la comunión de intereses.

Cualquiera que sea la perspectiva con la que queramos afrontar el análisis del Estado —sociológica, económica…— siempre habremos de tropezar con la consideración del mismo como necesidad irremediable del marco colectivo: el Estado no es algo deseado, el Estado es imprescindible.…  Seguir leyendo »

Nunca son buenos tiempos para la libertad. Esta constatación podría formularse en cualquier momento histórico y, aun el actual, es una máxima que no conviene olvidar y dejar de lado.

Para desgracia de todos, la libertad continúa siendo una pieza de caza mayor, una presa en la violenta e incesante batida que censores e inquisidores de nuevo y viejo cuño organizan con ocasión de toda circunstancia o evento que, como la crisis causada por el coronavirus, pueda suponer una oportunidad para el menoscabo de lo más elemental, de aquello sustancial a la propia esencia de la individualidad: la libertad como expresión de la dignidad del sujeto.…  Seguir leyendo »

Ordena la tradición militar que para que la defensa sea tal, y no ataque enmascarado y deshonesto, debe mediar con carácter previo siempre una agresión injusta. No concurre —debemos decirlo— esa "agresión injusta" en lo que a nuestro Tribunal Supremo atañe; no todavía. Pues si bien es cierto que el presente año no ha sido sereno y que diversas malas tintas y voces se han inclinado hacía el objeto de desprestigiar a nuestro más alto tribunal, ni los ataques han sido todo lo furibundos que ahora se esperan, ni la reacción de los poderes públicos ha resultado la más contundentemente valorable.…  Seguir leyendo »