Amelia Valcárcel

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de mayo de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Una no, las dos

Uno de los cuentos de Las mil y una noches, creo recordar, relata cómo un jovenzuelo quería acostarse con las dos esposas de su padre. Por muchos motivos ellas no estaban de acuerdo. Así que ideó una estratagema. Un día que marchaba con él de casa consiguió que el viejo saliera sin babuchas. Tenían que ir lejos, de manera que se ofreció para ir a buscárselas. Entró en la casa y les dijo a las dos esposas que venía de parte de su padre a cumplir el encargo de cogerlas (se entienda lo dicho en español de México). No le creían, de modo que, saliendo a la puerta, gritó: “Padre, qué cojo… ¿una o las dos?”.…  Seguir leyendo »

La primera vez la Historia actúa en tragedia; la segunda, en comedia. Cataluña, en el punto de mira, hace correr a los manifiestos como la pólvora. Los manifiestos suelen comenzar por una invocación que señala culpables. Y el nacionalismo se lleva la palma. Pero lo cierto es que yo no me atrevo a decir que el patriotismo es la madre de todos los males. Más bien me suele parecer una virtud y en esto acuerdo con tradiciones muy solventes. De modo que esa soflama no se me alcanza. Por lo mismo, guardo con Cataluña una relación peculiar. Siempre me ha parecido una nación.…  Seguir leyendo »

Una de las cosas que siempre más me han llamado la atención en mis estudios de Historia de las Ideas es la enorme estabilidad de la agenda feminista. Esa estabilidad se corresponde también con la estabilidad de sus argumentaciones. A veces, leyendo a Wollstonecraft se tiene la impresión de estar en el puro presente, no en el Siglo de las Luces. Y eso es tan extraño, habida cuenta de la variabilidad y hasta la volubilidad de otras tradiciones políticas, que sorprende e incluso inquieta.

Durante tiempo me limité a pensar que quizás el cumplimento de la agenda era tan lento que por ello se presentaba una y otra vez casi sin variaciones significativas.…  Seguir leyendo »

Los proemios son declaraciones de intenciones y tenemos por cierto que siempre son buenas. El de la ley de Educación también. Cuenta que el aprendizaje “va dirigido a formar personas autónomas, críticas con pensamiento propio”. No añade “que no sepan quién es Platón, Descartes ni Kant”, pongamos por caso. Eso que no dice, sin embargo es lo que sucedería si el asunto no se arregla. Y bien, pudiera bien ocurrir que alguien se preguntara por qué hay que saberse esos nombres. La razón es elemental: sucede que son nuestros primeros maestros en eso de ser personas autónomas, etc, etc. Escribimos con sus palabras y pensamos con los esquemas de que nos proveyeron.…  Seguir leyendo »

Tuve yo un decano que, enfrentado al uso que podía darse a un sótano amplio y bien ventilado de la facultad, sugirió al claustro que lo dedicáramos a ERP. Venía él de una facultad anterior en que la capilla se usaba para las clases de lógica, dadas las apreturas de aulas en las que nos movíamos. Así que, en no sabiendo qué hacer con algo que para clases no daba el mínimo, decidió confortarnos con esa broma.

Pero las siglas me resultaron tan simpáticas que las he retenido durante un par de décadas. Espacio Religioso Polivalente. Un genio del marketing resultaba ser aquel colega.…  Seguir leyendo »

Las religiones han sido, y todavía son en muchos lugares, los principales vehículos normativos. En todo el planeta son tan ahora relevantes como nadie hace dos décadas habría imaginado. En paralelo, y también en nuestras sociedades ricas, estables y abiertas, la ética es el tipo de filosofía que toma cada vez mayor cuerpo. Va de suyo pensar que una cosa esté relacionada con la otra ¿Qué tiene que ver ese espesamiento del discurso ético con la multiplicidad religiosa y la necesidad de convivencia de credos distintos en sociedades globalizadas? Desde el Siglo Ilustrado, la ética, que Kant decantó, ha mostrado ser uno de los resortes más eficaces para producir innovación en el campo de los mandatos morales.…  Seguir leyendo »

No sabemos bien, y quizá nunca lo sepamos, cómo murió. Hay dos hipótesis. Una dice que la descarnaron con conchas afiladas y otra que lo hicieron con cascos de vasijas de barro. De lo que no hay duda es de que la descarnaron. Esto es, que, viva, le fueron arrancando la carne, hasta que las vísceras quedaron al descubierto. Y también la de la cara, las manos… en fin, una muerte horrible.

Sin embargo, Amenábar, que sabe lo que se hace, ha preferido darle la eutanasia. A Hipatia, en su película, Ágora, alguien piadosamente la asfixia antes de que la turba indómita de monjes cristianos y fanáticos, proceda a su lapidación.…  Seguir leyendo »