Andrés M. Manosalva

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Un manifestante quema una imagen del expresidente de Colombia Álvaro Uribe. Credit Carlos Ortega/EPA vía Shutterstock

El 3 de agosto, la Corte Suprema ordenó —en un auto de 1554 páginas o 15 veces más largo de lo usual— la detención preventiva del expresidente colombiano y entonces senador Álvaro Uribe Vélez. La pregunta es si él sabía (o debería haber sabido) que Diego Cadena, uno de sus abogados, estaba presuntamente amenazando y sobornando testigos y cuándo lo supo.

Tras la orden de detención, voces tanto de derecha como de izquierda han proferido amenazas de encender la violencia. Con frecuencia, las discusiones empiezan con intercambios de insultos, acusando al otro de ser “peligroso”, “ingenuo”, “estúpido”, o “sin memoria”.

La polarización en torno al caso de Uribe sugiere que Colombia podría de nuevo seguir el camino sobre el que advierte Emil Cioran en su Genealogía del fanatismo: “Cuando nos rehusamos a admitir el carácter intercambiable de las ideas, la sangre corre […].…  Seguir leyendo »