Antón Losada

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Todos los partidos tienen aversión a la competencia. La asocian con crisis, inoperancia y fracaso. Su estado preferido es el monopolio. Lo asocian con orden, resultados y éxito. La carrera hacia la secretaría general del socialismo volverá a demostrar lo ineficiente de semejante prevención.

La competencia por el liderazgo ni refuerza, ni debilita a una organización política. Todo depende de la calidad de los competidores. Si los contendientes son listos y recuerdan que el rival siempre está ahí fuera, el partido gana. Si los contendientes lo olvidan y se lanzan a la caza del enemigo interior, el partido pierde. En el socialismo rivalizan dos candidatos que están demostrando saber que para ganar, salir fuerte y con una organización mejor dispuesta, hay que activar la conexión emocional con los militantes.…  Seguir leyendo »

Algo cuadra mal en el reality electoral que nos trasladan y repiten a diario. Si legiones de votantes populares aguardan enardecidos la apertura de los colegios el 20-N, resulta bastante extemporánea la desmesurada reacción que ha provocado el comunicado de ETA en el entorno que jalea tan histórica victoria.

Hay demasiada gente más preocupada, incluso enojada, por el hipotético impacto electoral del fin del terrorismo, que aliviada por el adiós a las armas. Ninguna encuesta puede calibrar en serio qué impacto tendrá sobre los electores. Solo el 20-N lo sabe. Pero 17 puntos de ventaja permiten más generosidad y algo menos de testosterona, tanta que hasta las lágrimas de víctimas socialistas dan para hacerse unas risas entre machotes, al viejo estilo.…  Seguir leyendo »

Se acabaron los milagros. No vale sentarse a esperar al siguiente ciclo. El círculo virtuoso inmobiliario no volverá. La brutal deuda privada (2,2 billones de euros) que nos ha permitido vivir a todo tren estos años, triplicando la deuda pública (0,7 billones), amenaza con derribar la débil arquitectura de nuestro Estado del bienestar entre altaneras lecciones de eficiencia y moralidad.

A dos meses de las elecciones, el debate sobre el impuesto de patrimonio provocado por el candidato Rubalcaba nos ha permitido escapar momentáneamente de la trampa de una campaña donde todo lo arregla el hada de la confianza. De nosotros depende que, desde ahora, los debates sobre nuestro sistema de bienestar no sigan reducidos a una cuestión de recortar cargos de confianza, o revender coches o inmuebles oficiales.…  Seguir leyendo »

Ni el Gobierno se equivocaba tanto antes, ni acierta tanto ahora como se dice que sentencian los famosos mercados. Desde que la crisis dejó de ser una hipótesis, ha hecho más cosas bien de las que ha sabido explicar. La gestión de la crisis financiera en nuestro sistema de bancos y cajas, las dos ediciones del plan E, la ley de economía sostenible, mejorar los ingresos eliminando deducciones fiscales y subiendo impuestos indirectos y a las rentas de capital, o extender la ayuda a los parados, son aciertos mal contados. Al tiempo, cometía errores parecidos a otros gobiernos, aunque corregidos con menos habilidad.…  Seguir leyendo »

En plena bacanal financiadora, el consejero Antonio Beteta se preguntaba por qué valía el doble un catalán que un madrileño. Varios periódicos gallegos titulaban que los gallegos valíamos la mitad que los catalanes. Desde Valencia, el vicepresidente Gerardo Camps denunciaba una especie de conjura financiera contra las comunidades del PP. Alberto Núñez Feijóo, entregado a su papel de sucesor posible si el caso Gürtel acaba con Mariano Rajoy, acudía a donar sangre y a lo Braveheart declaraba dar la que le habían dejado. Seguir los medios de Madrid supone asistir a una loca carrera entre opinantes a ver quién suelta la denuncia más embravecida contra la deslealtad, la avaricia, la voracidad, la insolidaridad o la gastronomía catalanas.…  Seguir leyendo »

En el duelo donde Zapatero serviría de pasto para los leones y Rajoy entusiasmaría a la plebe a lo Gladiator, bajo la arrebolada mirada de una Esperanza Aguirre presente en la tribuna para bendecir la masacre, resultó que el muerto se escapó vivo y el cazador terminó cazado. ¿Y por qué pasó lo que pasó? Porque no era la economía, estúpido, seguramente diría Clinton. Es la credibilidad. Ganar o perder un debate no es cuestión de chisteras ni conejos, de medidas o contramedidas. Los debates operan en el sector de la confianza. Son un negocio donde triunfa quien administra mejor su credibilidad, no tanto su tiempo, su destreza dialéctica, sus chistes o sus propuestas.…  Seguir leyendo »