Antonio Bascones

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En los dulces paseos primaverales de este amable Madrid, cuando el sol toca su cénit y el ardor de los recuerdos nos invade, es frecuente encontrar, a nuestro paso, personas que al abrigo de la diselpidia nos solicitan ayuda y apoyo en su vida. Como sucede a los que presentan una prosopagnosia, que no reconocen una cara, volvemos nuestra mirada en otra dirección, intentando que ese espectáculo no nos importune. Esto puede deberse a una aporofobia o simplemente a una situación de que no nos importa lo que trasciende en esa persona sumida en un rincón de la vida, con unos recuerdos, ya olvidados, enterrados en los pliegues de su memoria.…  Seguir leyendo »

Hay algo que quiero comentar al hilo de la importancia que tienen las manos en la vida diaria. Nos olvidamos de este extremo y, sin embargo, es básico a la hora de estrechar lazos y unir a las personas. La mirada, la palabra, el tacto ocupan un lugar destacado en nuestra sociedad y aunque a veces se olvida, es innegable que ocupa gran parte de nuestras relaciones y conforma el desarrollo humano y vivencial. No hay nada más desagradable que cuando te presentan a una persona te da la mano sin mirarte a los ojos, como quien toca el tronco de un árbol.…  Seguir leyendo »

He vuelto a releer una de las obras cumbre del Renacimiento español y, conforme iba pasando sus páginas me viene a la cabeza el parecido con la España actual. La novela picaresca es un invento hispano. Aparece en 1554, como obra anónima titulada «La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades», aunque se la conoce en todo el mundo como «El lazarillo de Tormes». Está escrita en primera persona y, de manera epistolar, narra la vida de un niño, desde que nace hasta su matrimonio ya en la edad adulta.

De infancia complicada, entra a trabajar, muy joven, primero con un ciego, después con un clérigo, más tarde con un escudero arruinado y finalmente con un fraile mercedario y un buhonero.…  Seguir leyendo »