Antonio Burgos

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Como era el tratamiento que nos dábamos, porque creíamos con Rilke que la verdadera patria del hombre es su infancia, así, querido José Miguel Santiago Castelo, te titulo este gorigori escrito con mucho dolor en la cal de mis huesos, como la que enjalbegaba las blancas casas de tu natal Granja de Torrehermosa: «Adiós, Niño». Ni excelentísimo señor director de la Real Academia de Extremadura; ni poeta autor del «Quilombo» de estar tan cerca de la orilla cubana de tu tierra en «La huella del aire» de tu buen son lírico; ni subdirector de ABC, ni nada: Niño. Así nos llamaban en ABC a los alumnos en prácticas cuando llegábamos: el Niño Burgos, el Niño Castelo… Así que, adiós, eterno Niño poeta de aquel pueblo tuyo que yo veía desde un cercano Guadalcanal cuando subía con la bicicleta, siempre niños de la misma manera que fuimos siempre novios de nuestros amores, a la Cruz del Puerto, ante la que se abría la enorme llanura de tu Extremadura, que te llevaste a Madrid, con tu elegancia, como asomándose siempre, cual un pañuelo de seda, por el filito del bolsillo de pecho de tu impecable terno de medida.…  Seguir leyendo »