Antonio Campos

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La muerte del histólogo Nicolás Achúcarro el 23 de abril de 1918 causó un enorme impacto en la España científica e intelectual de su tiempo. Cajal, Ortega, Marañón, Unamuno, Juan Ramón Jiménez y un largo etcétera, se hicieron eco de la muerte a los 37 años del joven médico e investigador vasco que fue calificada, por el propio Ortega, como una gran pérdida nacional. La excelente formación recibida por Achúcarro en los ámbitos de la medicina y las humanidades, con mentores como Unamuno, Cajal, Simarro, Giner de los Rios o Alzheimer, su enorme capacidad de trabajo y su inicial y brillante aportación a la ciencia lo convirtieron en una figura muy relevante a nivel internacional, como demuestra el doctorado honoris causa por la Universidad de Yale que recibió a los 32 años.…  Seguir leyendo »

Las naciones construyen su armazón y su textura utilizando muchos ingredientes. La proyección intelectual y sentimental que, en el caso de España, ejercen determinadas figuras de nuestro ayer, como, por ejemplo, Jovellanos, Unamuno o Cajal, constituye, sin duda, uno de ellos. La conmemoración de cualquier aniversario relacionado con este tipo de figuras es siempre, por tanto, como una nueva primavera: la ocasión oportuna para que sus vidas e ideas reverdezcan y den de nuevo fruto.

Al cumplirse el 17 de octubre de este año el octogésimo aniversario de la muerte de Cajal, tres son, a mi juicio, los frutos que rebrotan al evocar su figura: la obra científica que realizó, las virtudes cívicas que practicó y el sincero patriotismo que sintió.…  Seguir leyendo »