Antonio Montero Moreno

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Pasma y conmueve la urdimbre de acontecimientos que se entretejen en la Santa Cena Pascual del primer Jueves Santo, con el patético epílogo de Getsemaní. Lo pondera el propio Jesús por boca de los evangelistas, Juan (15,20) y Lucas (14,15). El primero, en estos términos: «Jesús, llegada la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». E inicia la narración de la Cena con el Lavatorio de los pies. Lucas, por su parte, recoge esta confidencia de Jesús: «Con ansiedad he deseado comer esta Pascua con vosotros»; y comienza su relato con la Institución de la Eucaristía.…  Seguir leyendo »

Como creo que segundas partes pueden ser también buenas me dispongo a completar lo dicho en otra reciente Tercera, titulada Creyentes no practicantes (20-V-2012), con el propósito de ayudarles a corregir esa dañina incongruencia. Hoy extiendo mi atención a los sedicentes cristianos cumplidores, de misa, sacramentos y buenas costumbres, pero que no les echan cuentas a los que no son así, o incluso defendiéndose de ello.

En España y en Europa durante este ya largo periodo de entresiglos ha ido ganando terreno, a ritmo alarmante, una apostasía silenciosa de muchos cristianos anónimos, sin defensas de formación ante el pensamiento laicista, la paganía de las costumbres y el deterioro de la familia.…  Seguir leyendo »

Precedido dos días antes por terremotos de diversa intensidad, irrumpió en Japón, el 11 de marzo, a las 14.46, un terrorífico seísmo de más de los 9 grados de la escala de Richter, que duró dos minutos, con centenares de réplicas que prosiguen todavía. Ha sido el más potente sufrido en Japón y el cuarto en todo el mundo. Hizo cimbrearse los rascacielos de Tokio (con defensas para el caso) y fue seguido por un tsunami arrollador, de montañas de agua, en la costa oriental del país, que se tragó pueblos enteros, y provocó una morgue espeluznante de quince mil cadáveres, diez mil desaparecidos y doscientos mil supervivientes sin hogar; a lo que se suman las inquietantes averías en las torres de varios reactores nucleares con escapes radiactivos terrestres y marítimos, de alcance imprevisible.…  Seguir leyendo »

Henos aquí ante la imparable globalización, que nos hace a los inquilinos del planeta más cercanos e interdependientes, en esta tierra nuestra, a la que el pensador canadiense Marshall McLuhan tituló la Aldea Global, hace ya casi cuarenta años, en los orígenes de la era digital. También por entonces los primeros astronautas la veían como el Planeta azul, y desde siempre la sabiduría popular ha sostenido que el mundo es un pañuelo.

La globalización viene de lejos y ha funcionado siempre. En los albores de la humanidad el «Homo erectus», que por algo se llamaba así, anduvo en pie y a pie en su entorno de la selva, luego a caballo, y después en la carreta de tracción animal.…  Seguir leyendo »

Han transcurrido dos semanas —bastante movidas por cierto— desde el viaje papal a Inglaterra (16-19/IX/2010), decimoséptimo y quizá el de mayor calado histórico entre los suyos. Es, pues, justo y necesario volver sobre esas cuatro jornadas, seguidas paso a paso por los excelentes cronistas de este diario, y registrando en su web (abc.es/sociedad) el texto completo de los dieciséis discursos pontificios.

Su Santidad Benedicto XVI, como Jefe del Estado Vaticano, cursó visita oficial a Su Majestad la Reina Isabel II, a su Parlamento y Gobierno, al Reino Unido en su conjunto; como obispo y Pontífice romano, a su gracia el primado de la comunión anglicana, arzobispo de Canterbury; y, como pastor de la Iglesia Católica, al presidente de la Conferencia Episcopal británica, el arzobispo de Westminster, con los cincuenta y nueve obispos y los cinco millones de fieles.…  Seguir leyendo »

Bueno; digo, malo: pues ya está en plena operatividad la Ley Orgánica de la Salud Sexual y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, un eufemismo biensonante del aborto puro y duro, provocado, libre y gratuito, que segará en flor, no aún en fruto autónomo, la vida de miles y miles de seres humanos, los más inocentes, indefensos y dignos de protección; pero, ¡tranquilos!, porque eso ocurrirá «solamente» durante las catorce primeras semanas de su gestación en el claustro materno.

La sedicente «ley de plazos» sucede, a un cuarto de siglo, a la primera de 1985, cuya memoria no puede ser más nefasta: un millón con creces de víctimas cruentas, de las que el noventa y cinco por ciento lo fueron por el infame coladero de las certificaciones falsas sobre la salud psíquica de las madres.…  Seguir leyendo »

Aunque en los edificios más modernos apenas si se ven ya los tejados (no así, en cambio, el dichoso ladrillo), las tejas siguen marcando, como metáfora divertida, una línea divisoria entre el cielo y la tierra, el más acá y el más allá, lo material y lo invisible, la ciencia y la fe, la inmanencia y la trascendencia. Esa cosmovisión dual viene planteándoseles a los seres humanos desde que el hombre es hombre; es decir, desde el paso de los primates y homínidos al denominado por paleógrafos y antropólogos «homo sapiens», al que nosotros pertenecemos, aunque no sé si todos somos merecedores de tan honroso título.…  Seguir leyendo »

Cuesta escribir -con la que está cayendo- sobre algo que no sea la plaga abrumadora del desempleo, los clamorosos escándalos de la corrupción, el extraño esperpento de los secuestros, el reto moral de una huelga de hambre y los oscuros presagios de un terrorismo planetario. Irrumpe en ese cuadro el estruendo mercantil de las fiestas navideñas, las uvas de la Puerta del Sol y el desmadre total de la Nochevieja. Todo eso me lleva a recordar, por contraste, la llegada a Belén, con los hoteles a tope, de una pareja pueblerina, ella en trance de parto que recalan en una cueva, en la que nace el Niño y lo acuestan en un pesebre.…  Seguir leyendo »

Las primeras palabras pronunciadas por Jesús de Nazaret, al inicio de su predicación en los pueblos ribereños del mar de Galilea, fueron éstas: Convertíos y creed en el Evangelio (Mc. 1, 15). Toda conversión presupone una perversión y ambas hincan sus raíces en la libertad del hombre, incluso para ofender a quien se la dio; el cual le demuestra nuevamente su grandeza perdonándolo hasta setenta veces siete.

Los hijos de Adán arrastramos una inclinación dual hacia lo bueno y lo malo, hacia el error y la verdad. Pablo de Tarso, el converso universal, la refleja en estos términos: No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero (Rm 7, 19).…  Seguir leyendo »