Beatriz Gallardo Paúls

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Motosierras: libertad con ira

Uno de los rasgos con los que cabe representar el discurso político/mediático de las últimas décadas, repetido en la bibliografía desde los años sesenta, es la desideologización. Las ideologías siguen presentes en nuestra vida política con enorme fuerza, y la ola internacional reaccionaria en la que vivimos solo puede describirse como movimiento ideológico. Sin embargo, cabe pensar que discursivamente se trata de algo parecido a “una ideología sin ideas”, porque, salvo en algunos momentos del discurso parlamentario, las palabras que utiliza el discurso político actual ya no se refieren a los grandes conceptos de la política sino que reemplazan esa esfera temática por otros asuntos.…  Seguir leyendo »

Mi lengua, sus dialectos

Los nueve millones de habitantes de Papúa Nueva Guinea suman más de 840 lenguas, y su Constitución (1975) reclama que el Estado debe lograr la alfabetización universal en tres de ellas: el inglés, el tok-pisin y el hiri-motu. Tanto el pisin como el motu tienen una peculiaridad: son lenguas de origen pidgin, es decir, surgidas en contextos jerárquicos y multilingües, sin idioma común, en los que se conforma un nuevo sistema oral que, normalmente, mezcla el léxico básico de la lengua de los dominantes (inglés) con estructuras gramaticales de las lenguas de los dominados (varias lenguas polinesias en el caso del pisin, la lengua oceánica motu en el hiri motu).…  Seguir leyendo »

Realismo ciudadano, 1; discurso hegemónico, 0

Desde que, el 29 de mayo, el presidente Pedro Sánchez anunció la cita electoral del 23 de julio, la esfera discursiva pública evolucionó hacia una espiral informativa que daba por hecho el cambio de Gobierno. Que esta previsión haya sido desmentida por los votos evidencia una brecha considerable entre el discurso público aparentemente mayoritario y la decisión ciudadana sobre el rumbo del país. Por supuesto, los factores que confluyen en el resultado electoral son múltiples, y el discurso es tan solo uno de ellos; atribuirle logros específicos en clave de (des)movilización o de persuasión es siempre tentativo, pues cada discurso político se filtra siempre por la biografía individual de quien lo escucha.…  Seguir leyendo »

Es probable que cualquier ciudadano mínimamente informado sobre el estado del debate político esté familiarizado con nociones como populismo y polarización. También es probable que ese mismo ciudadano considere que los permeables a esos dos fenómenos son, básicamente, los otros, esa masa cívica en la que tendemos a pensar en tercera persona y que a veces condensamos en expresiones como los demás o la gente. Hay que ver cómo es la gente, la gente está fatal. Solemos olvidar que, como cantaba Alberto Cortez, nosotros somos los demás de los demás.

Pero ni el populismo ni la polarización son fenómenos selectivos que quepa adscribir solo a un partido o tendencia ideológica; mucho menos esa autocentración individualista que, estimulada al calor del relativismo posmoderno y la pedagogía neoliberal, nos lleva a la sensación de que nosotros, a diferencia de la gente, sí entendemos lo que se cuece en la esfera política.…  Seguir leyendo »

Existe un universal lingüístico según el cual todas las lenguas lexicalizan al menos dos términos para color, traducibles (con matices) como “blanco” y “negro”, es decir, claro y oscuro. Esa estructura mínima de dos polos supone la representación enormemente reduccionista de una realidad, la cromática, en la que los seres humanos estamos capacitados para percibir millones de matices. Obviamente, que solo existan dos términos de color no impide a esas lenguas transmitir diferencias cuando sus hablantes lo necesitan, pero para hacerlo no cuentan con palabras específicas y recurren a otras técnicas lingüísticas. En cualquier caso, las lenguas con solo dos términos de color, como el bassa de Liberia, ejemplifican bien cómo una realidad enormemente rica y compleja puede simplificarse al máximo en su representación verbal.…  Seguir leyendo »

Uno de los grandes tópicos sobre el discurso que instauró la autodenominada “nueva política” apuntaba al protagonismo de la emotividad y los aspectos psicológicos, cuya intensidad conseguiría desplazar el contenido estrictamente político. Se trataría, en definitiva, de un discurso más preocupado por seducir que por convencer. Y aunque cabe apreciar cierto regreso —lento—, de la importancia del mensaje político, la reciente moción de censura evidencia que, efectivamente, los mensajes de los principales partidos muestran alta intensidad valorativa.

Nuestra escucha está normalmente filtrada por nuestra ideología, de manera que estamos más dispuestos a confundir seducción y convicción en aquellos líderes que consideramos propios.…  Seguir leyendo »

¿El regreso del mensaje?

Las teorías del discurso público llevan décadas describiendo una serie de rasgos socioculturales que, como definitorios del contexto político, aportan marco global a los mensajes y se refuerzan entre sí. Casi todos surgen en la segunda mitad del siglo XX y se consolidan progresivamente.

Por ejemplo, la televisión abrió la puerta al personalismo de los partidos, que a su vez facilitaba la tendencia a narrativizar, focalizando las personalidades carismáticas. Los estudios sobre este personalismo muestran cómo la cobertura mediática se desplaza paulatinamente de los partidos a los líderes, y cómo la mercadotecnia política asume el star system de las celebridades. Al archirrepetido axioma de Marshall McLuhan, “el medio es mensaje”, se sumaría años después el de Manuel Castells: “el mensaje es el propio político”.…  Seguir leyendo »

Televisión y política en 2023

Una de las herencias inequívocas de 2022 en el ámbito comunicativo se refiere a la caducidad de algunos formatos mediáticos que, forjados en los años dorados de la televisión, habían pasado a formar parte de nuestras vidas. Aunque no es el único caso, la retransmisión de las campanadas ilustra bien la obsolescencia de unos programas (y de unos protagonistas) que están, sin duda, anclados en otra época. La noche de fin de año vimos que tanto las televisiones generalistas como los intentos de trasladar la celebración a la red se aferraban a un modelo de programa obsoleto, cuya validez —estética y comunicativa— evocaba un telespectador cautivo, de una época sin más alternativa que la radio.…  Seguir leyendo »

El 14 de marzo de 1991, en el campus de una universidad pública neoyorquina (Binghampton), se organizó una conferencia para presentar una asociación conservadora de académicos, la National Association of Scholars (NAS). Richard Hofferbert, un profesor de Ciencia Política cuya reputación en el campus sugería que, supuestamente, había invitado a sus clases a miembros del Ku Klux Klan, era el ponente principal, y el tema era la caída del muro de Berlín. Durante la conferencia, uno de los estudiantes presentes mostró una actitud grosera (según los testimonios, tiró al suelo una foto que el ponente había hecho circular entre el público), que dio pie a que otro profesor de la NAS, Saul Levin, presentara una denuncia.…  Seguir leyendo »

Apuntes sobre un debate

Aunque no lo hacen a gusto del consumidor —muchos lo pretenden—, las lenguas evolucionan, y, con ellas, las retóricas. El discurso público actual experimenta cambios a un ritmo acelerado y muestra una capacidad absoluta para asumir y naturalizar cualquier cosa, de forma que la espectacularización de la política que propició la televisión empalidece cuando observamos las transformaciones recientes de la esfera comunicativa.

Si intentamos aglutinar los fenómenos en que se plasman estos cambios, surgen conceptos como desplazamiento, usurpación, giro, fractura. Son inversiones retóricas en las que cierto componente lingüístico provoca algún tipo de disrupción que choca con el que habría sido un “itinerario lógico”, esperable en nuestra cultura discursiva.…  Seguir leyendo »

Una de las noticias más repetidas el sábado 26 de febrero, en medio del estupor que provocaba enlazar una pandemia con el despliegue de acciones bélicas en suelo europeo, insistía en que el Kremlin había censurado el uso de términos como “invasión”, “asalto” y “guerra” en la cobertura informativa de los medios locales.

Esta atención a las palabras constituye un claro signo de nuestra época, unos tiempos deterministas en los que, como ocurre en conjuros y sortilegios, se defiende vehementemente la equivalencia entre las palabras y la realidad. Si lo que no se nombra no existe, como repite el mantra, bastará cambiar las palabras para modificar la realidad: nadie describe lo que ocurre como “guerra” ergo no hay guerra.…  Seguir leyendo »