Carlos García-Mateo

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Oriol Junqueras, líder de ERC, durante un acto de campaña

Celestino Gobierno, el terruño podrido te llama. La presuntuosa costa mediterránea, plagada de hoteles sesenteros, maná de nuevos ricos del franquismo, clama tu amor. Pobres niños sobrealimentados, tiernos hijastros del pujolismo jugando a la insurrección. Fueron formados por aquellos viejos que articulaban corrupciones patrióticas y sonrisas dinerarias.

En realidad era todo entrañable, cercano, Andorra y tal. Los catalanes tenemos piel de buenos comerciantes, suave palabrería, Escopeta Nacional. Sin embargo, consumada la rebelión, la traición en definitiva, apareció raudo el cariño pesecé. “Hablemos” llegaron a argüir los barrigudos de mesa diaria en Casa Jordi o Via Veneto. Y La Caixa de Jaume Giró, tótem con garabato de Miró, lo hizo eslogan.…  Seguir leyendo »

En aquellos felices 80, un chico barcelonés tipo, grandilocuente en contradicciones y perseverancias de chupa de cuero, paisaje portuario y canciones de Loquillo, se entregaba a la tradición identitaria.

No nos confundamos, esa llamada de la identidad se circunscribía a la erótica de la Ciudad Condal, industriosa, más franquista que Franco en sus antecedentes inmediatos, tan underground como el cómic y tan golfa como los infinitos aledaños de las Ramblas.

¿Tópicos de la melancolía? Quizás. El pasado es una idea, una fórmula poco científica. Sin embargo, los oídos del chico barcelonés que pateaba los raros, extraordinarios mundos de la capital catalana, escuchaban una sentencia entonces en boga.…  Seguir leyendo »

En 2016, con motivo de las fiestas de la Mercè, Pérez Andújar pronunció su pregón. Quizá todavía se recuerda el acaloramiento del independentismo, pues el citado autor no militaba, ni milita, en ese movimiento político. El escritor nos habló a los barceloneses de quioscos, novelillas, tebeos, el Gato Pérez, Cervantes y los diversos undergrounds de los 80. Aunque fueran agradables unas palabras ajenas al ubicuo procés, nuestro pregonero rescató una ciudad ya inexistente. Era un alegato melancólico, una crónica de la Barcelona estupenda y desordenada, rica, compleja, que vivimos en los años 80, 90 y parte de los dosmil. Pero que está muerta y enterrada.…  Seguir leyendo »