Carlos Salas González

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Zúrich, 1916. La neutral Suiza daba cobijo a artistas llegados de toda Europa, esa misma que se desangraba en el campo de batalla desde el verano del 14. En un cabaret con nombre de insigne pensador ilustrado venía al mundo el dadaísmo. Fue aquel el movimiento vanguardista más transgresor. Pura y dura provocación.

Dadá era el azar caprichoso, la descontextualización disparatada, el alarido violento, la destrucción antiartística, el absurdo grotesco. Ni los colores irreales de los fauvistas, ni la descomposición en planos de los cubistas, ni las veloces ráfagas de los futuristas… Ninguna de aquellas maravillosas vanguardias podía competir en rupturismo y radicalidad con el nuevo movimiento alumbrado por Tzara y compañía.…  Seguir leyendo »

En el bosque, un gigantón con abrigo negro y sombrero intenta engatusar a una niña usando marionetas y trufas de chocolate. Unos mendigos, en plena cena surrealista y blasfema, posan ante unas faldas burlonas que se vienen arriba. Un pobre hombre es llevado a rastras, como si lo condujesen al matadero, con el simple propósito de que ejecute su trabajo. Un tipo bajito y con bigote, sentado a la mesa de un bar de carretera, encañona a un delincuente, haciendo que las criadillas se le suban hasta la garganta. Una mujer desquiciada dispara desde una moto al taxi más kitsch jamás visto… Momentos inolvidables del cine español.…  Seguir leyendo »