Carlos Sebastián

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El neoliberalismo ha sido la ideología económica dominante durante casi 40 años. Aunque empieza a encontrarse seriamente cuestionada, tanto desde la Academia (por Stiglitz y Mazzucato, entre otros) como desde la prensa especializada (Martin Wolf, en Financial Times), es el cuerpo doctrinal que ha conformado la realidad regulatoria e institucional en el mundo. La descomunal elevación de la desigualdad, con sus dramáticas consecuencias económicas, sociales y políticas, es en gran medida el resultado de ese dominio ideológico. Las características de la innovación tecnológica y el fenómeno de la globalización, que se han apuntado como las causas del deterioro de la distribución, no habrían producido los resultados actuales en otro contexto institucional.…  Seguir leyendo »

El proyecto socialdemócrata ha realizado sucesivas reformulaciones para intentar adaptarse a los tiempos cambiantes, aunque algunas fueron tan poco afortunadas como la tercera vía de Blair y Giddens, que suponía una negación de algunas de las esencias de la socialdemocracia. Dos personas de background tan diferente como Borja Balagué (Larga vida a la socialdemocracia; 2019) y el profesor francés de Harvard Philippe Aghion (Repenser l’État;2012) descalifican con similares argumentos la tercera vía de los laboristas británicos.

En la actualidad un proyecto socialdemócrata remozado debe mantener como uno de sus objetivos principales redistribuir la renta y la riqueza. El objetivo se justifica al constatar que la posición que un individuo ocupa en la distribución de la renta está determinada en un porcentaje muy elevado por el azar (el medio en el que nace y avatares fuera del control del afectado).…  Seguir leyendo »

Se suele plantear que la participación de los ciudadanos en la vida política debe ir más allá de la mera emisión de votos cada cuatro años. La cuestión es cómo establecer mecanismos de participación. En la medida en que los partidos son las instituciones a través de las cuales se produce la participación de los ciudadanos en política, la democratización y dinamización de los partidos debería ser una de esas vías. En los partidos se plantean y se toman decisiones sobre cuestiones programáticas, y en su seno se eligen los líderes que tratarán de llevar a cabo los objetivos genéricos establecidos.…  Seguir leyendo »

Un elemento importante del discurso independentista es la mayor capacidad de gestión que tienen las instituciones públicas catalanas, lo que permitirá un salto en eficiencia cuando tomen el control de la Administración. A lo que habrá que añadir los 16.000 millones adicionales que la independencia aportará a las arcas públicas catalanas, según Oriol Junqueras, hecho que ha sido rebatido de forma bastante convincente por Josep Borrell.

Ferran Mascarell, exdelegado de la Generalitat en Madrid, decía el pasado febrero: “El argumento no es que ‘España nos roba’, sino que el Estado es ineficiente”. ¿Reconoce el error en el cálculo del supuesto robo?…  Seguir leyendo »

La afortunada expresión de Max Weber que encabeza estas líneas —una alternativa a la de capitalismo clientelar— sería aplicable a buena parte del sistema económico español. En este marco institucional, el Estado, o quienes ejercen el poder político de hecho, protege a un determinado número de empresas utilizando distintas vías: asume el riesgo de las empresas, promulga regulaciones que les benefician, hace la vista gorda ante incumplimientos de normas o ante abusos, las favorecen en concursos y adjudicaciones, etcétera. Las consecuencias de estas prácticas sobre la eficiencia productiva, sobre la calidad del emprendimiento y sobre la distribución de la renta son bastante obvias.…  Seguir leyendo »

Un big bang reformador

La persistencia de un Estado clientelar, con todas las distorsiones que alberga y con el alejamiento de la meritocracia que conlleva, deteriora la calidad democrática, perjudica la eficiencia económica y reduce la igualdad de oportunidades.

Un Estado clientelar dominado por pautas no meritocráticas es una suerte de equilibrio de baja calidad que la clase política no quiere superar, para no perder cotas de poder, y en el que la ciudadanía acaba por sentirse cómoda procurando beneficiarse de los frutos de tan retorcido árbol y adoptando sus códigos de conducta. Pasar de ese equilibrio a uno de mayor calidad, en el que los Gobiernos gestionen con transparencia los bienes públicos, sin proporcionar bienes privados a minorías, y en el que los ciudadanos adopten las conductas de una sociedad meritocrática y exijan rendición de cuentas a los políticos, no se consigue con un par de leyes y la introducción de alguna institución copiada, digamos, de un país escandinavo.…  Seguir leyendo »

La polémica entre los que consideran que los factores geográficos son los determinantes principales del crecimiento de las economías a largo plazo y los que se oponen a esa idea y defienden que la causa fundamental son las instituciones —las reglas con las que se dotan las sociedades para regular sus relaciones políticas y económicas— ha vuelto a resurgir con la publicación del libro de Acemoglu y Robinson Why nations fail (Por qué fracasan las naciones).Gabriel Tortella ha reportado en este periódico sobre los últimos episodios del debate y lo ha valorado.

Debo empezar confesando cierta decepción con el libro de Acemoglu y Robinson, que confunde, más que aclara, la línea argumental desarrollada por ellos mismos en publicaciones anteriores.…  Seguir leyendo »