Catalina Lobo-Guerrero

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de julio de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Fidel Castro era un mito y, como todos los mitos, en torno a él se habían construido muchas versiones. Una de ellas, tan popular entre los anticastristas y exiliados, era que la Revolución descansaba sobre sus hombros y que solo con su muerte se lograría una transformación mágica, una reversión instantánea de lo que han vivido generaciones de cubanos. Esa idea, la Cuba DC (Después de Castro) que se fue acuñando durante décadas y motivó más de un complot de asesinato, no podía prever que otros actores, de manos pequeñas y diplomacia tuitera, marcarían el futuro rumbo de la isla más que la desaparición del caudillo.…  Seguir leyendo »

La independencia era una emoción. Duraría lo que duran algunas emociones: poco. Pero esa noche, tras haber sido proclamada, parecía que no importaba nada más. En la plaza San Jaume, frente al palacio de la Generalitat, miles de catalanes se encontraban allí para sentirla. Se abrazaban, se besaban, descorchaban botellas de cava, cantaban y brincaban al ritmo de los bajos que retumbaban en los altavoces. “Nuestra independencia por dos horas”, comentó una mujer luego de posar para una selfi con su novio. Habían capturado en su pantalla el sentimiento antes de que se desvaneciera y antes de que el resto de la comunidad internacional dijera que no tenía validez alguna.…  Seguir leyendo »

El papa llegó y ya no tuve dudas: era el líder político que más de 40 millones de personas estaban esperando. Había que ver su recibimiento, a lo colombiano —a ritmo de cumbia y más cumbia— con mucha hospitalidad y emotividad en las calles, la gente agitando banderitas, camisetas, mostrándole una estampita, una medalla milagrosa, una foto familiar o alzando a un niño para que recibiera su bendición. Mis compatriotas querían mirarlo tan de cerca para tomarle fotos, tocarlo y abrazarlo que formaron un tapón humano que impidió el paso del papamóvil por la calle 26 de Bogotá. Lograron aferrarse a él, a la esperanza que representa, aunque solo fuera por unos segundos.…  Seguir leyendo »

I don’t want to go back to El Salvador. I felt afraid as a woman there more than in any other country in Latin America. I realized I had entered hostile territory while chatting with the taxi driver who picked me up at the airport, the first Salvadoran man I met. He told me had a baby, a little darling called J. J., and showed me a photo.

When I asked him if he’d like more children, he said yes, but only boys.

“You know you can’t choose,” I said.

“I know, but I don’t want a girl,” he answered. “Girls are a problem.”

Girls are indeed considered a problem in a country where women are raped and killed daily.…  Seguir leyendo »

No quiero volver a El Salvador. Ese país, como ningún otro en América Latina, me hizo sentir miedo de ser mujer . El taxista que me recogió en el aeropuerto, el primer salvadoreño que conocí, me mostró que estaba entrando en territorio hostil. Viajábamos por la carretera y por hacer conversa, le pregunté por su familia. Me dijo que tenía un bebé, un gordito llamado JJ, y me enseñó su foto en la pantalla del teléfono.

-¿Vas a tener más?

– Quisiera tener otro pero que también fuera niño.

– Sabes que eso no se puede escoger.

– Sí, pero no quisiera tener una niña, las niñas son un problema.…  Seguir leyendo »