Claro José Fernández-Carnicero González

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Faltos de proyectos vitales que nos movilicen, y hartos de circunloquios mostrencos que nos paralizan, con un lenguaje académico que supura endogamia esterilizante, nunca como ahora recobran y reclaman su protagonismo los clásicos. Por todos, Montaigne, que nos dejó en herencia el venero inagotable de sus «Ensayos», «un soliloquio deleitoso acerca de cualquier tema casual que pasa por su cabeza», en expresión de Ralph Waldo Emerson. Inagotable deleite y lección insuperable que, en todo tiempo, proyectan la luz del gran humanista, tanto sobre la aventura personal de cada uno de nosotros como sobre el escenario público en el que ineludiblemente nos movemos, las tablas que fugazmente pisamos.…  Seguir leyendo »

Entre las circunstancias que orientan, impulsan o limitan nuestra conducta y nuestros actos, se encuentra el clima. Aunque éste a veces suele desdeñarse por los viejos arbitrismos, por definición irresponsables, es un factor decisivo en su doble sentido, el físico y el político, no menos relevante. En su primera acepción, se entiende por clima, en palabras de un científico tan reconocido como Pascal Acot, «el conjunto de estados atmosféricos (temperatura, vientos, precipitaciones, días de sol y humedad, entre otros) en un lugar determinado o en todo el globo, y durante un periodo de tiempo». Con estos parámetros, nos dice el mismo autor, el clima alienta y «anima la historia».…  Seguir leyendo »

Una de las vías más eficaces para poner en riesgo la cohesión social y la estabilidad de un sistema democrático, asentado en la alternancia política, es la de reducir su marco constitucional a un mero flatusvocis, fruto de un consenso devaluado, reducido a cita encubridora de los fines más espurios, a manipulación interesada o, aún peor, a indiferencia claudicante. Frente a esa actitud, cínica o anarcoide, debe afirmarse que una constitución no es sólo consenso, aunque la nuestra felizmente lo fuera en su origen, porque configura por definición un modelo de Estado, es decir, un modo estable de ejercicio del poder.…  Seguir leyendo »

LA imagen, al constituirse en símbolo, depura y ejemplifica oculta, por mucho la realidad que trate que de representa. enmascararla. Nunca Esto la ellos el de es la verificable Justicia, en en su los más campos amplio más sentido. diversos, En torno entre a ella giran, como reconoce el cristianismo, la otras tres virtudes planza. Por cardinales: eso el buen la prudencia, juez, condición la fortaleza siempre y admira- la temble, misa es moral la síntesis del Derecho, encarnada supera de las así cuatro. al mito, La el virtud, que en pre- este caso de una identifica galería simbólica. el valor representado En ella encontramos por las viejas a Temis diosas (o alternativamente a sus hijas, Astrea y Diké), a quien la mitología griega representaba como mujer impasible con los ojos vendados y provista de balanza y cornucopia.…  Seguir leyendo »

Todos los cínicos que se han paseado por este pobre mundo, singularmente los que han cultivado con pasión el aura de triunfadores, han alardeado de que «el dinero no huele». Acostumbrados a que el abuso, del poder o de la influencia, les sea rentable, han hecho suyo, casi como primera afirmación de un credo diabólico, el viejo adagio romano pecunia non olet, que al parecer puso en circulación el emperador Vespasiano en el siglo I de nuestra era. Este príncipe llegó a ser la máxima expresión del pragmatismo político y financiero. Ante la necesidad de nutrir holgadamente las arcas del Imperio, impuso una tasa a la orina que vertían las letrinas romanas a la Cloaca Máxima, la red pública de alcantarillado de Roma.…  Seguir leyendo »

Acontece muchas veces, viajando por Galicia, encontrarse en medio del monte raso una aldea abandonada. Muchas casas se conservan enteras, si bien les faltan las maderas de puertas y ventanas; otras han perdido ya el tejado o muestran todavía al aire las vigas sin tejas; otras se van desmoronando poco a poco. Las gentes han ido aprovechando primero las maderas; después la tejas y, por último, las piedras». «Si preguntamos a los habitantes de los lugares vecinos por qué aquella aldea se halla en tal estado, no es difícil que nos respondan que fue abandonada a causa de una invasión de ratones, que obligó a los vecinos a mudarse a otro lugar».…  Seguir leyendo »

En el espectáculo renqueante y disperso que hoy nos ofrece el escenario público, sobran ya motivos de desconcierto y hartazgo, cuando no de un aburrimiento insoportable ante la reiteración interesada de tópicos mostrencos. La falta de un guión que garantice la unidad del argumento esteriliza la reciente puesta a punto, más vale tarde que nunca, de algunos actores. Otros, en su mayoría secundarios, pretenden que se les reserve un tiempo en el que puedan declamar sus propios monólogos, disonantes y ajenos al desarrollo de la obra, muchos de ellos meros ejercicios de provocación chulesca.

Son «las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna», que merecían ya el desdén de Antonio Machado en su poema «Retrato».…  Seguir leyendo »

La prioridad inexcusable del equipo de gobierno que salga de las próximas elecciones generales debiera ser, a mi juicio, la de impulsar una definición razonable del Estado autonómico que prefiguró la Constitución de 1978, dejando algo más que cabos sueltos. Una triple crisis —nacional, europea e internacional— está poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia como sociedad y, también, la viabilidad de nuestro modelo de comunidad política. La dimensión del riesgo obliga a poner a punto, a definir mejor, el actual marco de organización y convivencia, sin esperar a eventuales interpretaciones de un órgano tan discutido como el Tribunal Constitucional. Porque si toda definición es peligrosa, como advierte el adagio latino, mayor peligro encierra la indefinición.…  Seguir leyendo »

Se acabó la comedia. Pronto, despejen el escenario. Se va a presentar una obra nueva, con sus propios decorados, sus luces y sus efectos especiales. Otro director, con un elenco de nuevos actores, aguarda su turno. Pronto, entreguen los camerinos, que el estreno no espera. El público, que conoce o presume el argumento, ha agotado anticipadamente las localidades. Los espectadores, jueces de la representación, mantienen una actitud de cautelosa imparcialidad.

La imparcialidad es siempre exigible a quien se sitúa, por su propia circunstancia, «a la orilla del río de los sucesos». Así se titula una jugosa antología de los artículos que Salvador de Madariaga publicó en la revista Destino, en el tránsito de los últimos años sesenta a los primeros setenta del pasado siglo.…  Seguir leyendo »

Cuando a la reciente contienda electoral sucede, casi sin solución de continuidad, un escenario preelectoral en el que las fuerzas políticas, como Don Quijote en la venta, se limitan a velar sus armas, el común de los ciudadanos corre el riesgo de ver reducido su horizonte a un beligerante contraste de programas. Porque la cultura partitocrática, tan propensa a subordinar el marco constitucional a la propia pulsión ideológica, suele reducir el Estado a categorías que, más que explicar la realidad, tienen la pretensión de suplantarla. Sin embargo, esa realidad es anterior al Derecho y a la política. El Estado mismo es, ante todo, territorio, es decir, geografía.…  Seguir leyendo »

Hace ya más de cuarenta años que el maestro García Pelayo, en su ensayo Del mito y de la razón en la historia del pensamiento político, situó en la Baja Edad Media el proceso de «objetivación y transpersonalización del orden político», por el que la Corona trasciende a la persona física del Rey y permite la articulación institucional del Estado moderno. Con el tiempo, en la monarquía constitucional, la Corona llegaría a ser, en palabras del mismo autor, expresión simbólica del «haz de derechos poseídos por un reino y de los poderes necesarios para su gobierno». Ello explica el que, en una progresiva depuración del principio monárquico, el Rey deba quedar naturalmente fuera del ejercicio del poder político, limitándose «a dar su opinión, a animar y, por último, a advertir», en el clásico enunciado que Walter Bagehot hizo hace siglo y medio de las prerrogativas reales.…  Seguir leyendo »

Para el ciudadano común, el Estado es, además de un gestor no siempre riguroso del interés general, un gran escenario al que se acerca en su condición de espectador ávido de lo público, con la ilusión ingenua de disfrutar de un espectáculo abierto, cuyo reparto le es familiar y del que, a su manera, se siente parte. Las candilejas iluminan, con mayor o menor intensidad, sesiones parlamentarias, fastos ministeriales o vistas judiciales. En el espacio propio de cada uno de los poderes constituidos, al igual que en el teatro, lo más importante es el factor humano. De ahí la trascendencia de contar con un buen sistema de elección, para los actores políticos, o de selección, para los jueces.…  Seguir leyendo »

Hace treinta años, quienes hoy empezamos a ser memoria éramos todavía jóvenes. España se había rescatado a sí misma, sin necesitar rescates ajenos, y despertaba de un doloroso letargo. La libertad dejaba de ser una mercancía extraña y empezaba a circular como moneda común. Sin embargo, por desgracia, hoy vuelven a soplar vientos de discordia y, con ellos, hacen su entrada en escena los viejos improvisadores, paladines del peor arbitrismo. Un arbitrismo que, como representante genuino de la más cínica demagogia, trata de desviar la atención de la realidad, singularmente de un hecho doloroso en estas fechas para muchas familias: el innegable empobrecimiento que creíamos superado y que ya no consiguen disimular quienes han apadrinado, tristemente, su regreso.…  Seguir leyendo »

Son muchas las reflexiones que suscita la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que zanja, por fin, el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica 6/2006, de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Ha llegado la hora del análisis sosegado de su texto, con el corolario no menor de los votos particulares. Ello aconseja limitar la atención al punto que cada cual considere más relevante o más cercano al propio horizonte. El mío es, hoy, el del poder judicial.

Cuando Montesquieu, en El espíritu de las leyes, declara que, de los tres poderes del Estado, el de juzgar es «de alguna manera, nulo», está reconociendo que la centralidad del Estado se reserva a los dos poderes políticos, por naturaleza, el legislativo y el ejecutivo.…  Seguir leyendo »