Claudio Magris

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En menos de tres días se acumularon en mi teléfono móvil (de primera generación) 418 mensajes. O mensajitos con emoticonos, según el léxico lujurioso y vicioso que adorna con flores y dibujitos las jaulas de acero de la tecnología, los celulares, SMS y huellas dactilares en pantallas y teclados.

No sé qué dicen esos 418 mensajes, porque no soy capaz de leerlos y, por lo tanto, de contestarlos. Y no se trata de una estúpida pose antitecnológica, siempre falsa y patética, no sólo porque sería desconocer con altanería la ayuda que la tecnología presta a la vida -basta pensar en la medicina y en la cirugía-, sino también porque se cree que la tecnología es sólo la reciente, la que planea sobre nuestra vida ya adulta, y se identifica su naturaleza con la técnica que ya existía cuando nacimos.…  Seguir leyendo »

L’Europe n’est pas en crise, elle est en train de mourir. Pas l’Europe comme territoire, naturellement. Mais l’Europe comme idée. L’Europe comme rêve et comme projet. Cette Europe selon l’esprit célébré par le philosophe Edmund Husserl (1859-1938) dans ses deux grandes conférences prononcées en 1938, à Vienne, à la veille de la catastrophe nazie.

Cette Europe comme volonté et représentation, comme chimère et comme chantier, cette Europe qu’ont relevée nos pères, cette Europe qui a su redevenir une idée neuve en Europe, qui a pu apporter aux peuples de l’après-seconde guerre mondiale une paix, une prospérité, une diffusion de la démocratie inédites mais qui est, sous nos yeux, en train de se déliter.…  Seguir leyendo »

En estos momentos, a menudo uno tiene la impresión de estar asistiendo al fin del mundo en directo. Llegan hasta nuestras casas las imágenes del terremoto, del maremoto y de los incendios desbocados que están acabando con tantas vidas humanas en Japón. De pronto, ante la naturaleza -tan domesticada, atacada y explotada- nos sentimos como los liliputienses ante Gulliver. El cielo se incendia y las olas derriban enormes edificios como juguetes, mientras automóviles y trenes desaparecen como cohetes. Pero así es esta naturaleza a la que, a menudo, se enfrentan los hombres -unas veces con la arrogancia del dominador, otras con la angustia y la humildad del culpable despilfarrador-, como si ellos mismos no formasen parte de ella, como si no fuesen también ellos naturaleza.…  Seguir leyendo »