Daniel Innerarity (Continuación)

La política es una actividad inexacta porque se refiere al gobierno de una totalidad social. No pocas decisiones políticas se adoptan frente al criterio de quienes disfrutan de una exactitud sectorial o en sus modelos teóricos pero sus cálculos son socialmente inexactos. Pensemos, por ejemplo, en el cierre de una central nuclear o en la exigencia de regular los mercados financieros. Las decisiones que tienen que ver con los riesgos ecológicos o financieros requieren una visión de conjunto que sólo puede obtenerse, en el mejor de los casos, desde una perspectiva política. Por supuesto que en los procesos de deliberación no debe faltar ni el juicio de los expertos, ni la atención a los intereses particulares, pero la decisión no puede ser otra cosa que política, pues la política es lo que hacemos cuando hemos acabado de calcular y sigue sin estar claro lo que hay que hacer.…  Seguir leyendo »

Las situaciones de crisis no son las más propicias para someter a prueba los conceptos con los que tratamos de interpretarlas. Parece como si en ellas los tópicos se instalaran con mayor finalidad. Uno de los que ha hecho furor es el que achaca la actual crisis económica a un fallo del mercado y anuncia gozoso un retorno del Estado. Seguramente han contribuído a fortalecer esta impresión de vuelta al keynesianismo clásico las medidas presupuestarias y monetarias adoptadas por muchos Estados, principalmente las decisiones de rescate financiero adoptadas desde septiembre de 2008. Por supuesto que la crisis únicamente puede explicarse como una conjunción de fracasos, pero se ha monopolizado tanto la acusación contra el mercado que me parece necesario, para comprender bien su naturaleza, insistir en que se trata, sobre todo, de una crisis de la política, es decir, de los Estados (que son, hoy por hoy, los principales actores políticos).…  Seguir leyendo »

El balance que puede hacerse actualmente acerca de ETA y su futuro plantea una curiosa paradoja: la organización terrorista inició, tras la ruptura de la tregua, su fase final, lo cual no significa que esto se vaya a acabar pronto.

Lo razonable es partir del supuesto de que no hay a corto y medio plazo ninguna expectativa de que el terrorismo vaya a desaparecer de nuestro horizonte. ETA, a pesar del indudable éxito policial, tiene aún, desgraciadamente, capacidad de atentar en los próximos meses y años, mientras que no se divisa ninguna posibilidad de que el terrorismo concluya a la manera como pudimos esperarlo durante la tregua anterior.…  Seguir leyendo »

El fracaso de los socialistas en las recientes elecciones europeas, precisamente por haber afectado a todos los países, remite a algunas causas ideológicas de carácter general. La pregunta que se plantea con irritación y desconcierto sería la siguiente: ¿cómo explicar que la crisis o los casos de corrupción golpeen de manera muy diferente, desde el punto de vista electoral, a la izquierda y a la derecha?

Pienso que la raíz de esa curiosa decepción, que se reparte tan asimétricamente, está en las diversas culturas políticas de la izquierda y la derecha.

Por lo general, la izquierda espera mucho de la política, más que la derecha, a veces incluso demasiado.…  Seguir leyendo »

Una de las cosas que la crisis económica ha puesto de manifiesto es que tenemos, en tanto que sociedades, grandes dificultades para relacionarnos con nuestro propio futuro, que estamos insistentemente distraídos con el corto plazo. Vivimos en la tiranía del presente, es decir, de la actual legislatura, el corto plazo, el consumo, nuestra generación, la proximidad… Es la economía que privilegia la lógica financiera, el beneficio frente a la inversión, la reducción de costes frente a la cohesión de la empresa. Practicamos un imperialismo que ya no es espacial sino temporal, del tiempo presente, que lo coloniza todo.

A la vista de todo ello, tiene sentido preguntarse si la democracia en su forma actual está en condiciones de desarrollar una conciencia suficiente del futuro para evitar situaciones de peligro alejadas en el tiempo.…  Seguir leyendo »

Hablamos mucho de la sociedad y la economía del conocimiento y tal vez no hayamos caído en la cuenta de que para estar a la altura de sus desafíos nos hace falta ser, por así decirlo, más listos que los problemas que plantea. La verdad profunda de esas denominaciones no es otra que la advertencia de que en el origen de nuestros problemas hay un fracaso cognitivo y el mejor instrumento para superarlo es aprender de ellos, desarrollar el saber correspondiente.

En la sociedad del conocimiento necesitamos formas de gobierno que gestionen adecuadamente el saber. Hemos prestado gran atención a la importancia que el conocimiento tiene en nuestras sociedades, pero tal vez no hayamos reparado tanto en las consecuencias ambivalentes de la producción del conocimiento, por ejemplo, en el sistema financiero global.…  Seguir leyendo »

Las emociones tienen una gran importancia a la hora de configurar el espacio público. Se equivoca quien vea en ellas únicamente un factor que distorsionaría la racionalidad de los procesos políticos. Adela Cortina escribía en estas mismas páginas un brillante artículo sobre esta cuestión (¿Cómo se forman las mayorías?, 17.02.2008) pero que me gustaría complementar con otro punto de vista en parte alternativo.

Las emociones pueden ciertamente actuar como elementos de despolitización, pero también pueden contribuir de una manera insustituible a la configuración de bienes públicos. De esto último son un buen ejemplo la necesidad de la confianza para la economía o de la esperanza colectiva para la movilización política; las autoridades del tráfico intentarán que los conductores no sean demasiado intrépidos e incluso que tengan un poco de miedo; quienes tienen la responsabilidad de fomentar la innovación están interesados en que la ciudadanía sea menos temerosa y arriesgue…

Son ejemplos que ilustran hasta qué punto la acción política tiene que ver con el gobierno de las emociones sociales, sobre las que debe incidir, del mismo modo que se gestionan otros aspectos de la ciudadanía no menos relevantes para la consecución del interés general.…  Seguir leyendo »

En estas elecciones, como en todas, teníamos dos enigmas por desvelar: qué había que hacer para ganar y quién iba a ganar. No revelo nada que cualquiera podía saber si hablo ahora del secreto para ganar las elecciones en Euskadi, porque forma parte de esos secretos políticos que todo el mundo sabe, que nadie está en condiciones de monopolizar ni esconder, pero cuya aplicación en la práctica no siempre resulta fácil porque los agentes políticos o bien no perciben lo evidente o bien tienen otras limitaciones prácticas.

Las elecciones vascas las ha ganado y las seguirá ganando quien puntúe bien en tres pruebas que podrían sintetizarse en confianza, defensa del autogobierno y centralidad.…  Seguir leyendo »

Hoy se inaugura en Praga el año europeo de la creatividad y la innovación, según la propuesta que realizó el Parlamento Europeo para dedicar el 2009 a esta prioridad que define tanto nuestra historia como los desafíos que el futuro nos plantea. No es posible entender la Europa moderna sin hacerse cargo de la centralidad que en ella ha adquirido la institucionalización de la innovación.

Esta exigencia generalizada de innovar se debe a que un largo proceso de diferenciación y profesionalización ha configurado instituciones que están especializadas en producir sistemáticamente innovaciones. Mientras que la innovación pre-moderna era concebida como desviación, exorcizada como heterodoxia o tolerada como genialidad, las sociedades modernas se constituyen institucionalizando la producción de novedad.…  Seguir leyendo »

La idea de un mundo interconectado, que nos ha servido como lugar común para designar la realidad de la globalización, implica, en principio, un mundo de responsabilidad limitada, cuando no difusa o abiertamente irresponsable, sobre el que no puede establecerse ningún control y del que nadie se hace cargo. La interconexión significa, por una parte, equilibrio y contención mutua, pero también alude al contagio, los efectos de cascada y la amplificación de los desastres, como es el caso de la reciente crisis financiera. El mundo interconectado es también ese «mundo desbocado» del que hablaba Giddens a la hora de calificar los aspectos menos gratos de la globalización.…  Seguir leyendo »

Anda ahora casi todo el mundo, con motivo de la crisis financiera, celebrando que tenía razón, pero muy pocos advierten que lo que se ha acabado es precisamente eso: el arte de tener siempre razón. Si estuviéramos ante el final del neoliberalismo y el retorno de las certezas socialdemócratas, tal vez nos sintiéramos más aliviados pero no habríamos entendido que lo que se acaba es otra cosa: una determinada concepción de nuestro saber acerca de la realidad social y de nuestra capacidad de decidir sobre ella. La vieja alianza del saber y el poder debe replantearse de nuevo en la era de la incertidumbre reconocida y gestionada.…  Seguir leyendo »

Que vivimos en tiempos de especial aceleración es una experiencia compartida que se hace presente en muy diversos aspectos de la vida, individual y colectiva. Las nuevas tecnologías de la instantaneidad han propiciado una cultura del presente absoluto sin profundidad temporal. El origen de esta relación con el tiempo se encuentra en la alianza establecida entre la lógica del beneficio inmediato propia de los mercados financieros y la instantaneidad de los medios de comunicación. Vivimos en una época fascinada por la velocidad y superada por su propia aceleración.

Las técnicas de aprovechamiento del tiempo convierten los movimientos en cintas transportadoras, lo que Chaplin parodió en la invención de la máquina de comer, gracias a la cual podía alimentarse al trabajador sin necesidad de interrumpir el trabajo, o sea, de perder tiempo.…  Seguir leyendo »

Pocas sentencias han quedado tan anticuadas y en tan poco tiempo como aquella célebre de Bertolt Brecht según la cual «primero es el comer y luego viene la moral». La pronuncia uno de los protagonistas de su Ópera de los tres centavos, en la canción ¿De qué vive el hombre?, a la que puso música Kurt Weil y que fue estrenada en 1928. En ella retrata las típicas hipocresías que fueron el objeto predilecto de sus denuncias. En este caso, una mafia de mendigos en el Soho londinense del siglo XVIII, que trataba de aprovecharse de la compasión de los paseantes.…  Seguir leyendo »

Todo el debate acerca de la llamada justicia intergeneracional se resume en las siguientes preguntas: ¿quiénes tienen más derechos, nosotros o nuestros hijos? ¿Es justo formular una «preferencia temporal por los actualmente vivos»? ¿No sería esto una versión temporal del privilegio que algunos quieren realizar en el espacio, una especie de colonialismo temporal? En ambos casos se establece una complicidad del nosotros a costa de un tercero: si en el exclusivismo de los espacios era el de fuera, en el imperialismo temporal es el después quien corre con los gastos de nuestra preferencia. Y esto es precisamente lo que ocurre cuando el horizonte temporal se estrecha: que tiende a configurarse una especie de «coalición de los vivos» que constituye una verdadera dominación de la generación actual sobre las futuras.…  Seguir leyendo »

Durante mucho tiempo Francia y Estados Unidos encarnaban dos paradigmas opuestos en cuanto a la manera de concebir la importancia de la vida privada de los políticos. El imaginario laico y republicano acentúa la separación entre lo privado y lo público, mientras que el modelo americano de virtud pública parece no admitir ningún espacio de intimidad opaca en la vida de sus representantes. Dualismo en un caso, indistinción en el otro. Esta polarización viene atenuándose desde hace algunos años y lo sucedido en torno a las últimas presidenciales francesas así lo puso de manifiesto. Los candidatos quebraron una tradición desvelando aspectos de su vida privada, lo que habría sido inimaginable hace tan sólo unos años.…  Seguir leyendo »

Alguien dijo una vez que cuando un profesor de Oxford se refería a la decadencia de Occidente, en realidad estaba pensando en lo malo que era el servicio doméstico. La apelación a los valores sirve para llamar la atención sobre realidades valiosas, pero también para otras muchas cosas, algunas de muy poco valor en sí, pero de gran utilidad para quien lo realiza, como obtener alguna ventaja particular o para esquivar el punto de vista de los derechos, siempre más comprometido. La causa principal de que el recurso a los valores sea hoy tan recurrente probablemente haya que buscarla en una huida frente a la complejidad.…  Seguir leyendo »

Comentando unos artículos míos recientes, J. M. Ruiz Soroa nos ofrece en este mismo periódico unas apreciaciones que son de gran interés (26 de marzo de 2008). Habla de cuáles serían, a su juicio, los planteamientos inhibidores de un acuerdo político en Euskadi, un acuerdo cuya necesidad parecemos compartir. Pero lo que me llama la atención es que todas las disposiciones negativas hacia el acuerdo que recoge en su artículo procedan del ámbito nacionalista.

A estas alturas es una pérdida de tiempo repartir las culpas y si uno lo hace en ambas direcciones termina ganándose multitud de reproches. Tampoco sé cómo se mide exactamente la culpabilidad, pero de algo estoy seguro: los análisis que sólo encuentran dificultades en un lado no sirven para desbrozar el camino del acuerdo.…  Seguir leyendo »

Los acuerdos políticos son el resultado de eso tan enigmático que llamamos voluntad política y que consiste en una combinación de necesidad y sentido de responsabilidad. El actual escenario postelectoral añade las condiciones que lo posibilitan al coincidir la aritmética parlamentaria de la investidura con la demanda social de conseguir un amplio acuerdo político en Euskadi. Lo que quiero plantear aquí no es una receta mágica ni un procedimiento que nos ahorraría el esfuerzo y la inteligencia que se requiere para ello. Me refiero más bien a las disposiciones de los interlocutores para lograr un acuerdo político de fondo y que suponga un amplio acuerdo social.…  Seguir leyendo »