Diego Crescente

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Pocos productos son tan etéreos como la luz. Es un bien que sabemos que está, pero no podemos tocarlo. Por desgracia es un bien del que nos acordamos cuando nos falta o cuando no podemos pagarlo.

El componente sociológico de la luz es claro. Pocos productos llenan más titulares. Ni siquiera lo hace el agua, producto esencial por excelencia y más vital que la luz, pese a que su precio puede variar casi un 350% en función de la ciudad donde la consumamos o que su coste se haya disparado casi un 10% debido a los costes de tratamiento.

En este panorama surge la demagogia sobre el precio de la electricidad y la factura de la luz, que mantienen la misma relación que existe entre el todo y las partes y que en manos de la política pueden convertir un problema coyuntural en un desastre estructural.…  Seguir leyendo »

La crisis de Crimea ha puesto de manifiesto la importancia que juega la energía en la configuración de la geoestrategia mundial, pero también ha desvelado el papel, cada vez más insignificante, que juega la Unión Europea en el panorama político internacional.

La actual política energética europea, fundamentada en reinos de taifas que piensan como islas en lugar de aceptar la realidad de un continente, es la causa de la preocupación que, ahora, surge a ambos lados del Atlántico. Los europeos somos afortunados puesto que si la crisis en Crimea se hubiera producido en el crudo invierno, el corte de suministro a los países del Este hubiera supuesto una baza con la que el presidente ruso no hubiera dudado ni un segundo en jugar.…  Seguir leyendo »