Diego Íñiguez

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El nuevo Consejo General del Poder Judicial se ha constituido tras un cambio legal que confirma la experiencia de que cada reforma de esta institución desdichada es para peor: en su nueva versión es menos plural, con un predominio absoluto de la mayoría, vocales de primera, segunda y tercera, y menos poderes para cumplir su función constitucional. El Consejo ha funcionado mal desde su creación en 1980, inane en la defensa de la independencia de los jueces y deslegitimado por su condición de teatro secundario de la política general. Pero esta reforma no lo hace más efectivo: utiliza su ineficacia anterior para justificar un vaciamiento de sus competencias y un proceso de concentración del poder de nombrar a los cargos judiciales y disciplinar a los jueces.…  Seguir leyendo »

El poder, ni se crea, ni se destruye: se transfiere. La reforma anunciada del Consejo General del Poder Judicial es una buena muestra, aunque se justifique como el remedio milagroso para hacer del órgano cuestionado un modelo de sencillez, eficacia y economía. Ya lo decía Caro Baroja, ningún dirigente anuncia que sus medidas traerán miserias y males sin cuento a los gobernados, para beneficio y regocijo de los gobernantes.

Los cambios que se proponen ayudarán poco a lograr lo que quiso la Constitución cuando estableció el Consejo como un órgano de garantía, para quitar al Ministerio de Justicia los nombramientos, ascensos e inspecciones y ayudar a los jueces que sufren presiones en casos con repercusiones políticas o socialmente debatidos.…  Seguir leyendo »

Hay muchas razones para reformar el Consejo General del Poder Judicial. Una es, sin duda, que la forma en que se elige a sus integrantes los divide en bloques cercanos a los partidos. Pero hay otras: que el Consejo así nombrado escoge luego a los cargos judiciales con un sistema de cuotas; que funciona con la ineficiencia de los antiguos consejos del Antiguo Régimen; que busca nuevos campos y recursos con el instinto de supervivencia tan presente en las organizaciones como en los seres vivos. Y, sobre todo, que ha resultado un fracaso en su misión constitucional, que es la de ayudar a los jueces a defender su independencia en los casos difíciles por su relevancia social, política o moral e impulsar una cultura de la independencia judicial; pero en la que resulta tan inane que los deja solos ante el peligro, cuando no más desmoralizados y perplejos.…  Seguir leyendo »

Del Consejo General del Poder Judicial lo sabemos todo, la denuncia de sus males es ya un género literario. Se adoptó para hacer más independientes a los jueces, privando al Gobierno de la zanahoria de los nombramientos y el palo de las sanciones, pero ha resultado inútil, si no contraproducente. Sus integrantes los designan las Cámaras, pero siempre se sabe qué partido o dirigente ha propuesto a cada uno. Dos asociaciones se reparten casi exclusivamente los 12 que han de ser jueces.

En su primera reunión, los vocales eligen presidente y vicepresidente… a quienes los dirigentes de los partidos han decidido y filtrado a la prensa el día anterior.…  Seguir leyendo »

La batalla de unos miles de jóvenes en Pozuelo -no todos de allí, balbucea el alcalde- contra bancos públicos, coches aparcados y los pocos policías que cuidaban de su seguridad a las tres de la madrugada, ¿es gamberrismo común o algo más? ¿Es un salto evolutivo de ese modo de ocio que ha hecho de España un ‘destino divertido’ en cuyas discotecas nunca se pone el sol, y del botellón la última aportación española a la cultura universal? ¿O enlaza con fenómenos como la ‘kale borroka’, las batallas de neonazis contra ‘kaoten’ en Berlín, el ‘hooliganismo’ deportivo? Tienen una pauta común: la bronca como diversión primaria y peligrosa, grupos dispuestos a pescar en el río revuelto de las hormonas y el alcohol, el cebo de una áspera identidad colectiva.…  Seguir leyendo »

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha confirmado, tras un maratón jurídico con etapas en el Supremo y el Constitucional españoles, que la ilegalización de los satélites de ETA es adecuada desde los criterios jurídicos más exigentes. Las sentencias acortan la distancia entre la realidad que percibe el sentido común y la fantástica que viven quienes encuentran explicaciones a crímenes odiosos y aceptan el voto de sus partidarios. Con el fallo del TEDH, que ‘no es final porque sea infalible, pero es infalible porque es final’, resulta aún menos racional esperar que la opinión internacional sea sensible a las narraciones de una historia inventada, delirantemente proyectada hacia el futuro, pero basada en un presente de terrorismo muy real.…  Seguir leyendo »