Donato Ndongo-Bidyogo

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de diciembre de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

«Nos olvidamos muchas veces de una cosa: que el dinero que está en nuestro monedero proviene precisamente de la explotación, desde hace siglos, de África… No únicamente de África, pero mucho proviene de la explotación de África… Entonces, haría falta tener algo de sentido común… No digo generosidad, sino sentido común, justicia, para devolverles a los africanos lo que les hemos arrebatado. Y es más, esto es necesario si queremos evitar las peores convulsiones y dificultades, con las consecuencias políticas que ello conllevaría en un futuro próximo». La cita no procede del discurso de un «radical» negro; son palabras del expresidente conservador Jacques Chirac, entrevistado por Michaël Gosselin el 10 de mayo de 2008, un año después de abandonar el Palacio del Elíseo.…  Seguir leyendo »

Banalizar el colonialismo

SE percibe el paulatino alejamiento de Europa de las convicciones que modernizaron su concepción del mundo en el último siglo, para reasumir un pensamiento antiguo que, formulado principalmente por Hegel y el conde de Gobineau, se convirtió en armazón para imponer su criterio al resto de los pueblos de la Tierra. Síntoma del neoimperialismo galopante es la progresiva banalización del colonialismo y sus perversos efectos anejos. Resaltan la indiferencia general ante notorias actitudes racistas y xenófobas, y la creciente agresividad del discurso de la intolerancia.

Consecuencia esencial de la II Guerra Mundial –librada contra el totalitarismo para reafirmar la libertad, la igualdad y la dignidad de todo ser humano– fue el reconocimiento del derecho inalienable de los pueblos sometidos a regir sus destinos.…  Seguir leyendo »

En julio de 2007, el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, pronunció en la Universidad de Dakar (Senegal) un polémico discurso cuya tesis principal compendia una frase: «El drama de África es que el hombre africano aún no ha entrado en la Historia». Nada nuevo bajo el sol. Es creencia generalizada entre los europeos, avalada intelectualmente por la Filosofía de la Historia de Hegel (1831) y el Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, del conde de Gobineau, publicado veinte años después; con pocos matices, ambos textos nutren desde entonces las ideologías dominantes, manuales de las relaciones de poder entre los pueblos del Orbe.…  Seguir leyendo »

Dichosas democracias africanas

Como anunciara sin ambages, Teodoro Obiang se sucedió a sí mismo en la presidencia de Guinea Ecuatorial, al obtener casi tantos votos como votantes en los recientes comicios de abril. Torturas, detenciones, amenazas y tantas irregularidades palmarias que jalonaron el proceso no empalidecen la «victoria apoteósica» del «líder carismático», sancionada por observadores reverentes, encabezados por el designado por la Unión Africana (UA), Thomas Yayi Boni, expresidente del vecino Benín, a quien Barack Obama negó el saludo en la reciente cumbre mundial sobre el clima en París. Nada impide cumplir sus designios al mandatario más longevo del continente; con 73 años, seguirá sirviéndose de su patria hasta 2023, y entonces pergeñará nuevos pretextos para continuar en un sillón ocupado en 1979, del que ni la muerte le separará.…  Seguir leyendo »

África ante el Mundo

Los ciclos se suceden. Finalizadas las guerras napoleónicas, sus vencedores se reunieron en Viena en 1815 para diseñar el futuro de Europa y un «nuevo orden mundial». El acuerdo fundamental, abolición de la trata negrera, respondía –sin desdeñar los sentimientos humanitarios y demás razones morales– a la necesidad de mantener al africano en su suelo, mano de obra imprescindible para explotar los recursos exigidos por la incipiente industrialización. La «Era del imperialismo» culminaría con el reparto de África en la Conferencia de Berlín, en 1885. Desde entonces, nadie pidió perdón por los cinco siglos de esclavitud y colonialismo, que devastaron el continente y causaron la muerte a millones de africanos.…  Seguir leyendo »

Cuantiosos debates, reflexiones, análisis, libros y audiovisuales generaron, en los últimos 80 años, desde cuantas percepciones políticas existen, la II República y su secuela, la Guerra Civil. Ni los historiadores y tratadistas más neutrales, españoles o hispanistas, resaltan con suficiente relieve el canto del cisne de aquel régimen: la «denuncia Nombela». Acontecimiento clave, al precipitar la ruptura de la coalición conservadora que gobernaba desde 1933, formada por los populistas de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por José María Gil-Robles, el Partido Radical de Alejandro Lerroux y grupos menores.

En sus memorias, No fue posible la paz, anota Gil-Robles –ministro de la Guerra y personalidad descollante en aquel equipo– que, cuando a las siete de la mañana del 8 de diciembre de 1935 abandonó el Palacio de la Carrera de San Jerónimo tras un turbulento y maratoniano pleno parlamentario que duró toda la noche, «llevaba el triste presentimiento de haber pronunciado mi último discurso de aquellas Cortes.…  Seguir leyendo »

La identidad como problema

La creciente presencia de africanos en Europa produce efectos colaterales perversos, poco perceptibles, merecedores de análisis distintos del habitual discurso tópico. Parece ilógica, ilícita, la reacción del avestruz ante situaciones que originan fenómenos indeseables, como el desapego a los valores de la sociedad en que viven, expresado de modo radical, de jóvenes nacidos o crecidos aquí, supuestamente integrados. Conductas cuyo patetismo constituye denuncia desgarradora de las fallas del sistema, reputado de idílico desde una autocomplacencia acrítica.

Existen problemas, y deben ser debatidos. Muchos ignoran que nacer en España no otorga la ciudadanía española, como es normativo en otros países; esos niños conservan la nacionalidad de sus progenitores.…  Seguir leyendo »

La reciente conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Miguel de Unamuno fue ocasión para recordar su figura y obra, generadoras de ingente cantidad de estudios críticos. Quizás convenga subrayar algún aspecto insuficientemente destacado, que completa y actualiza la comprensión del pensamiento del egregio filósofo, pilar en su producción ensayística y literaria. Porque la personalidad de quien, según su autorretrato, pasó su vida «componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían», encierra la singularidad de ser un raro anticolonialista en aquella generación portentosa marcada por la nostalgia del imperio perdido.

Su vasta creación intelectual, que abarca todos los géneros, no incluye ningún tratado específico sobre el tema.…  Seguir leyendo »

Del ébola y otras miserias

Remitida la ansiedad que desbordó a las sociedades occidentales –particularmente la española– ante la irrupción del ébola en sus vidas, es momento de reflexionar sobre algunas realidades a menudo soslayadas por percepciones marcadas por prejuicios y análisis apresurados. Quizá se consiga, así, conjurar futuros peligros que se ciernen en el horizonte. La primera verificación es que África no está tan lejos; la indiferencia ante sus miserias es fuente de contingencias más engorrosas que la ola de calor sahariano que a menudo sofoca la Península Ibérica.

Conocí la existencia del ébola a principios de 1995, siendo delegado de la Agencia EFE en África central.…  Seguir leyendo »

Estados Unidos y África

EL advenimiento de Barack Obama a la Casa Blanca en 2009 suscitó entusiasmo generalizado en su país y en el mundo, desbordado en euforia en África. Considerado hijo del continente, vástago de un emigrante keniano que culminó hazañas imposibles, su escalada hasta la cima del poder universal simbolizaba el tesón y las aspiraciones de una raza humillada y oprimida durante siglos; concitaba esperanzas y anhelos de 1.100 millones de personas despojadas de dignidad, haciendo realidad su quimera: «Sí, se puede».

Por sus genes paternos, sus «parientes» africanos inferían que gozarían de especial prioridad al aplicar el programa regeneracionista que encarnaba: la solidaridad es virtud esencial en las culturas de clan.…  Seguir leyendo »

EL imperialismo europeo imprimió un cierto sesgo al mundo, cuyas consecuencias son benéficas, o maléficas, según sean usadas. Destaca la globalización de sus lenguas y culturas, concebidas al principio como eficaces mecanismos de dominación, cuyo carácter excluyente conllevó la agonía de otras. Pero el tiempo todo lo cambia, e impera hoy una necesaria convivencia intercultural en un planeta común. Asiáticos y africanos emergieron de su aislamiento multisecular, y ahora recorren la Tierra expresándose en inglés, español, portugués o francés. Queda así patente la razonable visión de anticolonialistas entonces denostados, Kwame Nkrumah, Amílcar Cabral o Nelson Mandela, quienes, frente al retorno al terruño predicado por otros tercermundistas desarraigados, se opusieron frontalmente al colonialismo sin renunciar a la cultura del colonizador, factor ineludible de modernización.…  Seguir leyendo »

EL 10 de marzo de 1903, el Ministerio de Estado dictaminaba «la conveniencia para España de conservar los Territorios Españoles del Golfo de Guinea por consideraciones de orden más bien económico que político: su pérdida no afectaría grandemente a la integridad de la patria, sino al comercio español que perdería su mercado, donde a la vez adquirir primeras materias que le reporten después seguras utilidades». Más de un siglo después, sigue vigente tal criterio. Miguel Ángel Moratinos, sucesor en la cartera, reveló días atrás su inusitado interés por aquellas tierras al afirmar que «abandonar Guinea sería un error histórico».

Ante las críticas recurrentes por su incomprensible apoyo al régimen de Teodoro Obiang, el exministro socialista aduce su «compromiso» con el país africano, riquísimo productor de hidrocarburos, representando a empresas españolas que mejoren sus infraestructuras y modernicen el modelo productivo.…  Seguir leyendo »

La primera generación de sudafricanos libres de la losa psicológica del apartheid ejerció su derecho al voto a principios de mayo. Comicios desarrollados en profunda orfandad, pues también fueron los primeros celebrados desde la llorada desaparición física de Nelson Mandela, encarnación de los sueños de igualdad y libertad, el hombre providencial que realizó los anhelos seculares de un pueblo sometido por los epígonos de la barbarie racista, empeñados en negar la humanidad de otros seres humanos.

No hubo sorpresas: revalidó su mandato el dirigente del Congreso Nacional Africano (CNA), Jacob Zuma, sin el brillo de sus predecesores, Mandela y Thabo Mbeki.…  Seguir leyendo »

El muro de contención de la miseria africana se resquebrajó en 1989, irrumpiendo incontenibles oleadas de inmigrantes subsaharianos en la próspera y libre Europa. Tiempo suficiente para evaluar los resultados de las desacertadas teorías y deficientes recetas con que se intenta explicar y remediar tal fenómeno. Ocasión propicia para la reflexión son las cíclicas tragedias que se suceden en la isla italiana de Lampedusa y en la costa meridional de España, incluido el archipiélago canario, aunque sea triste consuelo la visibilidad del drama cuando la tragedia se produce en las puertas del Edén. Queda demostrado: ni la retórica, ni la represión ni el asistencialismo –en origen o en las lóbregas barriadas «multiculturales» de las ciudades-refugio– lograrán parar la sangría.…  Seguir leyendo »

Una amplia experiencia de conferenciante por Universidades europeas y americanas permite anotar ciertos temas recurrentes: se cuestiona la legitimidad de la literatura africana expresada en «lenguas extranjeras»; se minusvalora su utilidad en sociedades «incultas», por los bajísimos niveles de alfabetización; se subraya su «inmadurez» al considerarla «narcisista». Planteamientos que abocan a conclusiones rebosantes de prejuicios: su presunta artificialidad e inutilidad. Para muchos occidentales, la literatura escrita africana sería un «lujo» destinado al deleite de los vientres bien nutridos del mundo desarrollado, principales consumidores de bienes culturales.

La «Teoría de la Negritud», ideada por colonizados francófonos en el período de entreguerras, inoculó en las mentes de todos determinados conceptos falaces vigentes desde entonces.…  Seguir leyendo »

EL presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, escenificó otra farsa electoral el pasado 26 de mayo. La contundente reacción de Washington –«oportunidad perdida para la democracia»– contrasta con la laxitud de España, Gobierno y PSOE. Durante la larga campaña de esos «comicios legislativos» hubo notables atropellos a partidos y ciudadanos, y el propio ejercicio del voto estuvo plagado de múltiples irregularidades. Cuando las denuncias no sólo proceden de opositores y organizaciones occidentales, sino de instituciones africanas (Unión Africana, Comunidad Económica y Monetaria del África Central), queda patente su nula credibilidad.

Las periódicas convocatorias de Obiang no pueden considerarse «elecciones», perversión semántica inadmisible.…  Seguir leyendo »

Con independencia del desenlace, la huelga de hambre que el escritor guineano Juan Tomás Ávila Laurel mantuvo del 11 al 18 pasados es aleccionadora. Su posicionamiento inequívoco movilizó a la opinión internacional, rompiendo el círculo de silencio que rodea a la dictadura del presidente Teodoro Obiang. Sequía informativa lograda sobornando a medio mundo, y por la escasa atención de los medios de comunicación occidentales hacia un pequeño país rico en hidrocarburos, sometido por un déspota brutal, según reiterados informes de organismos y organizaciones internacionales.

La determinación de Ávila conmueve también por ser la primera vez que un compatriota emprende acción tan tajante.…  Seguir leyendo »

Hace ahora 50 años, 17 países del África subsahariana, en su mayoría colonias francesas, obtuvieron su independencia. Aunque la eclosión soberanista empezó con la descolonización de Sudán (1956), Ghana (1957) y Guinea-Conakry (1958), y continuó imparable en los años siguientes, 1960 es considerado el año de África. Ese año culminaron las ilusiones de libertad de los pueblos africanos, sometidos a la dominación extranjera desde hacía 75 años, tras la Conferencia de Berlín de 1885, en la que las principales potencias europeas se repartieron caprichosamente el continente.

La oleada independentista ilusionó no solo a los propios africanos, sino también a los idealistas del mundo entero, que vieron, con curiosidad y simpatía, aquel fenómeno sin precedentes como el inicio de una era en la que pueblos secularmente despreciados se levantaban orgullosos para proclamar su derecho a la libertad y a la recuperación de su dignidad.…  Seguir leyendo »