Elvira Navarro

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Casi todos hemos visto alguna vez fotografías de nuestros abuelos o bisabuelos, incluso de nuestros padres, en blanco y negro y montadas en cartón duro. En ellas, los retratados aparecen bien vestidos y peinados, con expresión seria y hasta solemne, en un escenario que suele guardar el mismo decoro: unas cortinas recias al fondo, un jarrón con flores sobre un pedestal. Cuanto más atrás nos vamos en el tiempo —cuanto más excepcional era hacerse una fotografía—, más teatral resulta la puesta en escena. Fondos difuminados, vestidos de gala, posados a la manera de los reyes o de las estrellas de cine y retoques a mano de pestañas y labios.…  Seguir leyendo »

Nunca me he olvidado de cuando, siendo yo adolescente, vi a mi madre leyendo y subrayando Inteligencia emocional, el famoso libro de Daniel Goleman. La imagen me conmocionó por varias razones. La primera fue el propio concepto de inteligencia emocional, que era algo de lo que jamás había oído hablar. Ahora la psicología se ha popularizado y sabemos que la inteligencia no es algo que tenga que ver solo con el intelecto, pero antes esto no resultaba tan obvio. Para las generaciones que venían de una España mayormente analfabeta, así como de una guerra y una posguerra en las que la prioridad era la supervivencia, la introspección se consideraba una pérdida de tiempo y la psicología no existía.…  Seguir leyendo »

Indistinción sin transgresión

En los cada vez más lejanos años sesenta del siglo pasado, Susan Sontag escribía sobre la necesidad de acabar con la distinción entre alta y baja cultura. La escritora norteamericana no se negaba a que hubiera jerarquías, pero sí a que fuesen excluyentes. «Estaba –estoy– a favor de una cultura plural, polimorfa», escribe en 'Contra la interpretación'. «Entonces, ¿no hay jerarquía? Por supuesto que hay una jerarquía. Si debiera elegir entre The Doors y Dostoievski, entonces –desde luego– elegiría a Dostoievski. Pero ¿tengo que elegir?». Para Sontag, la barrera entre alta y baja cultura era reaccionaria por preservar el moralismo propio de la sensibilidad de la alta cultura; también porque el exceso interpretativo propiciado por Freud y Marx trituraba las obras de arte, su valor inherente, al convertirlas en manifestación de otra cosa.…  Seguir leyendo »

Vamos a un museo importante, nos ponemos delante de alguna reliquia famosa originaria de otro país, por lo general pobre. Pedimos que nos hagan una foto delante de la pieza y poco después la subimos a alguna red social acompañándola de una reflexión sobre el expolio cultural. Lo que decimos es justo y genera likes. Nuestro juicio sobre el expolio no nos ha impedido, sin embargo, pagar la entrada al museo y admirar las obras, porque somos así de complejos y la realidad no es tan simple, dicho esto último sin ironía.

La escena que acabo de describir, o foto, la podríamos protagonizar cualquiera de nosotros.…  Seguir leyendo »

El trabajo: salvación y condena

Cuando éramos niños, a muchos de nosotros nos educaron con un discurso desconcertante. Se nos instaba a escoger una profesión que nos gustase (que nos «realizase»), pero siempre y cuando la vocación diera dinero. El consejo no servía para talentos que no fueran potencialmente lucrativos. Si el muchacho deseaba ser actor o la muchacha escritora, se les aconsejaba estudiar antes algo de provecho y dejar para su tiempo libre aquella afición.

Esta incoherencia con la que muchos crecimos es, en realidad, muy coherente con todo lo que abarca el término 'trabajo', que no solo no quiere decir lo mismo para todos en el plano real (no es lo mismo un repartidor de Glovo que un inspector fiscal), sino también en el plano ideológico.…  Seguir leyendo »

Hace no mucho, cuando alguien moría, las señales de su paso por este mundo solo permanecían en la memoria de sus seres queridos. También en álbumes de fotos o cartas, a veces en diarios si al difunto le gustaba escribir, y sobre todo en esa presencia extraña de los objetos cuando sobreviven a sus dueños, unos objetos que revelan, con su flagrante falta de uso, el absurdo de un mundo que continúa sin nuestros seres amados. Y es que la vida, de súbito, es menos vida, pues una parte sustantiva desaparece con las personas que antes formaban parte esencial de ella: madre, padre, pareja, hijo, amigo.…  Seguir leyendo »

En 1974 la editorial Seix Barral publicó 'Confieso que he vivido', libro que recoge las memorias de Pablo Neruda. Leídas hoy, sorprenden por su escrupuloso carácter público. Salvo algunos episodios sexuales, el poeta chileno parece no tener cuerpo. No hay ni rastro de sus problemas de sobrepeso y apenas hace una mención a la flebitis que padecía.

A diferencia de otras épocas donde lo corporal, si no se escondía, al menos era bastante más minoritario, hay en la actual literatura de corte autobiográfico una importancia capital del cuerpo y sus padecimientos. Hablamos sobre él con la misma vocación pública, significativa, con la que Neruda relataba algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX.…  Seguir leyendo »

El 'Ecce Homo' restaurado de Borja. AFP

En 2019 una desopilante noticia saltó a los medios de comunicación y generó infinidad de memes y cachondeo en las redes sociales. Me refiero a un tobogán del que se afirmó que era el más largo de Europa y que no estaba en ningún parque de atracciones. Antes bien, se trataba de una solución, cutrísima, a un desnivel de 50 metros entre dos calles de Estepona (Málaga). Los vecinos tenían que bajar por un barranco o dar un largo rodeo, y en vez de ingeniar algo con lo que ir de un sitio a otro de una manera mínimamente razonable, esto es, sobre las dos piernas, se les ocurrió aquella astracanada que se saldó con una pobre concejala del PP enseñando bragas y cara de susto cuando probó el invento.…  Seguir leyendo »

Mientras no cambien los dioses

Cuando nos quitamos de encima el nacionalcatolicismo, que hizo un daño terrible a la gente a través de una moral represiva con la que someterla (la religión servía al poder político), cuando al fin nos secularizamos y los curas salieron, junto con el retrato de Franco, de la vida pública y privada, nadie podía prever que una nueva moral de corte religioso, esta vez de origen protestante, aterrizaría por estos lares para, de nuevo, atemorizar y controlar al personal, aunque de una manera más sutil, enmascarada en tanto que no se presenta como religión, y lo peor, siempre al servicio del capitalismo.…  Seguir leyendo »

Vivimos en una época de exacerbación de las identidades, las cuales se oponen, por no verse representadas, al universalismo propuesto por la Ilustración. Suele argüirse que los postmodernos tienen la culpa de este esencialismo de nuevo cuño, aunque lo cierto es que se trata de un viejo problema. Joseph de Maistre, teórico político y máximo representante del pensamiento contrarrevolucionario, decía con sorna en sus Consideraciones sobre Francia: “Durante mi vida, he visto franceses, italianos, rusos, etcétera; sé incluso, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: pero, en cuanto al hombre, declaro no haberlo encontrado en mi vida; si existe, es en mi total ignorancia”.…  Seguir leyendo »

Cuando yo era niña e iba al pueblo, me paraban por la calle y me preguntaban: “¿Y tú de quién eres?”. Quien te hacía esa pregunta te identificaba, y entonces sabía cómo comportarse contigo. Te tenía fichado, controlado.

En la identidad empieza el poder. Proyectamos una imagen que permite que pertenezcamos a un grupo o que atraigamos a la gente. Los políticos lo saben muy bien porque quieren que seamos de ellos: de su PSOE, de su PP, de su Podemos. A tal fin, no hay nada mejor que buscar respuestas emocionales inmediatas, donde no cabe la reflexión, como pasaba cuando Felipe González se ponía la cazadora de pana en los mítines.…  Seguir leyendo »