Emilio Lara

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Aprendí a amar el cine en la solemne oscuridad de las butacas de paraíso hoy desaparecidas, a emocionarme con la épica y la tragedia, a aplaudir en los finales, a salir de la sala habitando todavía durante unos minutos una vida que me hubiera gustado vivir. Porque si los viajes y la literatura hacen más intensa y llevadera la existencia, el cine, según la atinada definición de José Luis Garci, es una vida de repuesto.

Madurar implica evolucionar en gustos y pensamientos, contemplar el mundo con cierto escepticismo y no malbaratar el tiempo con personas y cosas que no nos aporten riqueza mental y sentimental.…  Seguir leyendo »

Recuerdo que, nada más comenzar la música del inicio de «Yo, Claudio», me sentaba frente al televisor y veía la serpiente que reptaba sobre un mosaico mientras aparecían los títulos de crédito. A pesar de mi poca edad y de la hora nocturna me dejaban ver aquella impactante serie sobre Roma. Cuando tiempo después leí el libro me quedé enganchado para siempre a la novela histórica, y cuando no hace demasiados años volví a ver aquella serie que tenía una puesta en escena teatralizada, quedé cautivado por cómo abordaba las luchas de poder, las pasiones y ambiciones. Juego de tronos está muy bien, y si le ha fascinado a los millennials es porque, en general, desconocen el pasado y no les interesa lo que se hizo antes de su nacimiento, pero no saben que dicha serie es un compendio encubierto de sucesos que pueden encontrarse en la historia, la mejor escuela de aprendizaje del poder.…  Seguir leyendo »

Veinte centímetros de libertad

En un instituto de Andalucía de cuyo nombre sí puedo acordarme, no ha mucho que un profesor pinchaba con chinchetas artículos de un académico de la RAE en un tablón de anuncios de corcho. Trataban sobre la riqueza de la lengua española y desmontaban con agudeza e ironía las pretensiones de imponer por las bravas el denominado lenguaje inclusivo. El profesor colgaba los artículos de papel en el espacio acotado para Coeducación, y una persona del claustro que los arrancaba sistemáticamente, al ver que dichos textos volvían a reponerse, un día, en la sala de profesores, comenzó a dar voces alarmada preguntando quién perpetraba aquello.…  Seguir leyendo »

Mi magdalena proustiana es el olor a césped recién cortado. Durante mi infancia veraneábamos en los apartamentos del Puente de la Sierra, un vergel cercano a mi ciudad donde, tras bañarme en la piscina, me gustaba revolcarme en el verdor de la hierba mientras, de fondo, oía el rítmico peloteo de la pista de tenis en la que los mayores, vestidos de riguroso blanco, jugaban hasta la noche. Crecí admirando en la tele a Orantes, al elegante Bjon Borg y al enrabietado John McEnroe, y practiqué ese deporte hasta la juventud. Por eso, como tantísimos españoles, compartí la emoción de ver a Rafael Nadal ganar de nuevo Roland Garros.…  Seguir leyendo »

Colorín colorado

Me gustan los cines de verano. En julio y agosto voy con un bocadillo y preparado con un cojín para soportar las sillas metálicas. De chico me encantaba ver películas mientras contemplaba estrellas fugaces, comía helados y sorbía refrescos que compraba en el ambigú de bombilla roja, como la de los submarinos en inmersión. Allí vi cuentos tradicionales en versiones de Walt Disney que me emocionaban y conmocionaban, pues ambas características tienen los cuentos infantiles. En mi casa escuchaba hasta hartarme cuentos, pues había varios discos y casetes con adaptaciones sonoras que me encandilaban por su teatralidad, sobre todo el de La cerillera, a pesar de que me entristecía.…  Seguir leyendo »

El sanchismo

El Quijote es la mejor novela de la historia porque, además de condensar el alma humana está escrita con un asombroso estilo literario. El idealismo y la locura de don Quijote se contraponen al realismo de Sancho Panza, que representa al hombre llano, apegado a las cosas materiales y que busca su propio beneficio. Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura, Sancho también se nos muestra como alguien que encarna la fidelidad y la amistad, y que cuando se dispone a gobernar la ínsula Barataria escucha con atención los admirables consejos que le da el viejo hidalgo. El personaje cervantino sería el exponente de un estilo de vida: el sanchismo.…  Seguir leyendo »

El Guggenheim es uno de los edificios más deslumbrantes de España, protagonista además de la metamorfosis de Bilbao en una ciudad hermosa y pujante. Cuando se inauguró hace veinte años fui en un tren nocturno para verlo, y al doblar una esquina y casi toparme con él, quedé hechizado. Sigue persistiendo en mí esa fascinación siempre que lo he visitado, y en su interior, me cuesta desprender la mirada de la arquitectura para fijarla en las colecciones que alberga. Me gusta el arte contemporáneo, y, en mis viajes, visito museos y galerías para contemplar las vanguardias históricas y las corrientes expresivas actuales.…  Seguir leyendo »

Los viajes y la vida

En aquellos largos viajes en el Seat 1500 siempre sonaba música. Si era verano salíamos antes del amanecer, con las ventanillas bajadas, porque el aire acondicionado era una utopía y había que aprovechar el fresquito. El coche tenía unos faros de saurio submarino, y desde que arrancaba, escuchábamos bien alta zarzuela cantada por Manuel Ausensi, Teresa Berganza o Plácido Domingo. Y si era invierno, los tres hermanos íbamos arropados con una manta fina a cuadros en el asiento trasero, escuchando casetes zarzueleros y la voz de barítono de mi padre, que se sabía todas las romanzas y coros. En mi casa, de chico, me colaba de polizón en las tertulias donde amigos de mis padres contaban sus viajes por medio mundo, y eso para mí era como leer a Julio Verne.…  Seguir leyendo »

España no es nación de naciones

El concierto de Año Nuevo, además de un ritual de bienvenida, es una fecha marcada en rojo para quienes mantenemos un idilio con la música, y también, una evocación de la Viena imperial, donde se bailaban valses bajo arañas de cristal. Soy más de la marcha Radetzky que del rap. La televisión o la radio nos transportan a aquella sociedad elegante, cosmopolita y cultivada regida por el emperador Francisco José, el marido de Sisí, que tuvo su canto de cisne a comienzos del siglo XX, como describió magistralmente Stefan Zweig en El mundo de ayer. Sin embargo, el pastiche del imperio austrohúngaro fue el detonante de la Primera Guerra Mundial, y al término de la contienda, se cuarteó en diferentes países.…  Seguir leyendo »

Bienvenido, míster Gálvez

Berlanga fue un genio porque, además de troncharnos de risa con sus películas, elevó al cuadrado situaciones absurdas que reflejaban los recovecos de la España que le tocó vivir. Sus personajes y diálogos son tan antológicos que no hay manera de elegir con cuál quedarse, como sucede en Patrimonio nacional, película en la que un viejo aristócrata y su familia tronada pretenden medrar en la naciente España democrática, sin percatarse de que ellos representan el desván de la historia, son unos cachivaches del pasado. En el celuloide, el marqués de Leguineche, su hijo y un capellán ultramontano –entre otros– habitaban en un inmenso y destartalado palacio de la plaza de Cibeles.…  Seguir leyendo »

Leer para vivir

Salí el cine electrizado de emoción tras ver El instante más oscuro, donde se narra con maestría la metamorfosis del carisma de Churchill, que alcanza la cima en un tiempo meteórico gracias a su incombustible entusiasmo, su confianza en el pueblo británico, su formidable oratoria y el apoyo de Clementine, su esposa. Con los ojos licuados tentado estuve de ponerme de pie y aplaudir al final, en el célebre discurso parlamentario que alentaba a resistir a todo trance frente a los nazis, pero me contuve no porque me diera vergüenza, sino por no hacérsela pasar a mi mujer. Resulta conmovedora la escena en la que, tras la gelidez inicial motivada por la desconfianza, se anuda una amistad entre el primer ministro y el rey basada en la admiración.…  Seguir leyendo »

Hijastros de Torquemada

Berlín me fascina. Es una ciudad más de gerundio que de participio, porque continúa construyéndose y modernizándose tras la devastación de la guerra y la reunificación de Alemania. Recuerdo la mañana en la que, después de pasear por Unter den Linden y visitar la Isla de los Museos, me detuve en la Bebelplatz para ver el lugar en el que los nazis quemaron los libros prohibidos en 1933. Junto a las imágenes en blanco y negro de los camisas pardas, estudiantes y profesores nacionalsocialistas cebando con libros la hoguera, me vinieron a la cabeza secuencias de Cabaret en donde una felina Liza Minnelli, con tacones, liguero y bombín, interpretaba unas transgresoras canciones en uno de los cafés cantantes que serían fulminados por los hijos de la esvástica al tomar el poder.…  Seguir leyendo »

Mi abuelo materno heredó de su padre el oficio de barbero. Al igual que su progenitor, en su juventud había votado a candidatos monárquicos en las elecciones, y por eso, en la década de 1940 y 1950, compraba a diario el ABC para que sus clientes se entretuviesen. Lo recuerdo haciendo crucigramas, leyendo capítulos del Quijote, consultando la enciclopedia Espasa –su vademécum cultural–, evocando la hermosura de Celia Gámez y, sobre todo, contando anécdotas de cuando le tocó hacer el servicio militar en Madrid y le encomendaron ser el barbero del dictador Primo de Rivera. También me contaba la triste partida de Alfonso XIII, el Monarca cuyo desfile nupcial vio uno de mis bisabuelos, un trabajador municipal que viajó desde Linares a Madrid para vitorearlo, alquiló una habitación de hotel y desde el balcón contempló la explosión producida por la bomba que Mateo Morral arrojó contra los Reyes.…  Seguir leyendo »

Ahora que el recuerdo ha dejado de doler, no me importa acordarme de que hace pocos años frecuenté la sala de oncología del hospital de mi ciudad, en la que los mayores, abismados en sus pensamientos, solían tener la mirada perdida, y los niños, en cambio, sonreían con la boca y los ojos. El cáncer, como en una tragedia griega, visitó en tres ocasiones consecutivas a mi familia. Tres dentelladas de dragón. Mientras mis familiares esperaban su turno de quimio, charlábamos, o bien ellos escuchaban música o leían libros de historia para aplacar el nerviosismo y avivar la esperanza. Y ya enchufados a las bolsas de quimioterapia en la sala habilitada, a veces me colaba para llevarles bocadillos de matute.…  Seguir leyendo »

La vida no es como nos la imaginamos, sino como se nos presenta, aunque en ocasiones ésta parezca una película por su dramatismo, acontecimientos vertiginosos y épica. El discurso del Rey es una formidable película cuyo clímax final es antológico. En septiembre de 1939, el Rey Jorge VI se enfrenta a una prueba trascendental, radiar un discurso de ánimo a los británicos tras la declaración de guerra de su país a la Alemania nazi. Recluido en un minúsculo e improvisado estudio radiofónico, el monarca, tartamudo, acompañado de su heterodoxo logopeda, procede a leer unas cuartillas donde las palabras de aliento trasudan fibra moral, conciencia histórica y determinación.…  Seguir leyendo »

Mi padre, hijo de ferroviario, comenzó a comprar el ABC de adolescente. Era a mediados de los cincuenta, en su casa no había un solo libro, pero ya no abandonó nunca el placer de la lectura. Disfrutaba una enormidad con los artículos de los periodistas y escritores que firmaban en el diario. Tanto es así que de joven, cuando en el café Gijón de Madrid vio a César González Ruano, se quedó maravillado. Era su periodista predilecto y no se atrevió siquiera a saludarlo. Se dedicó a observar su pinta de mosquetero retirado, su pitillera de oro y la caja de cerillas, y cómo escribía en unas cuartillas, cigarro en mano.…  Seguir leyendo »

Mi generación todavía se educó sentimentalmente con el cine. La historia, la literatura y el Séptimo Arte me han enseñado a veces más de la vida que el trato con las personas, o por lo menos, me han ayudado a desvelar los entresijos de la condición humana. Porque para entender la codicia hay que ver El tesoro de Sierra Madre, para conocer la envidia es única Amadeus, y para comprender la intensidad del amor sobrevenido en la madurez, no hay historia más hermosa ni mayor nostalgia de lo no vivido que Memorias de África. Y es que el cine, además de evasión, nos proporciona modelos de comportamiento y nos regala los sueños de otros.…  Seguir leyendo »

En 1902, el maestro Álvarez Alonso, un músico jiennense afincado en Cartagena, compuso un pasodoble en el velador del café que frecuentaba en la calle Mayor. Al terminarlo, paseando por dicha calle, se detuvo delante de la confitería España, en cuyo escaparate había expuestos unos pasteles llamados suspiros. El nombre del pasodoble le vino como una dulce revelación: Suspiros de España. El compositor, aún joven, murió al año siguiente y no llegó a conocer la fama que alcanzaría aquella música evocadora, capaz de anegarnos a la vez de melancolía y plenitud. Desde que en los años veinte se le puso letra, el pasodoble se convirtió en la encarnación del sentimiento hacia España.…  Seguir leyendo »

Durante mi infancia y adolescencia La clave era un programa sagrado en mi casa. Su inquietante música, la película y el coloquio fueron hitos televisivos en la Transición y primeros años de la democracia. José Luis Balbín, con su omnímoda cultura, moderaba una tertulia en la que los invitados hablaban sin atropellarse ni insultarse y exponían sus argumentos con libertad. Resultaban inimaginables las bocas emputecidas, los gestos chulescos, el griterío verdulero y la sustitución del pensamiento sedimentado por eslóganes y clichés. Era para quedarse embobado ver cómo aquellos hombres y mujeres, entre la neblina del tabaco de pipa, hablaban con solvencia de variados temas.…  Seguir leyendo »

He visto dos veces seguidas la serie «The Crown» ( La Corona). La primera vez me quedé boquiabierto por la historia, las interpretaciones y la narración visual. La segunda disfruté aún más de los detalles, de la psicología de los personajes y de la mezcla de tradición e innovación de la Monarquía británica. Qué envidia. Aquí, una serie así, como diría Sabino Fernández Campo, ni está ni se la espera.

«The Crown» cuenta los primeros años del reinado de Isabel II con tal potencia cinematográfica que deja al espectador hipnotizado, fascinado por unos diálogos que cortan como cuchillas y por un argumento de estirpe shakespeariana.…  Seguir leyendo »