Emilio Lara

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de junio de 2007. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

‘Amarcord’, la ensoñadora película de Fellini sobre su infancia en Rímini, significa ‘Recuerdo’. Y con la banda sonora de Nino Rota incrustada en mi memoria recuerdo un verano de mi adolescencia en las playas malagueñas, cuando una algarabía de niños se adentró en el mar como quien llega a Canaán. Eran hijos de guardias civiles víctimas del terrorismo. Algunos chiquillos hablaban con acento madrileño y otros, sin las eses que nos comemos en mi tierra, paraíso de olivares y cantera de tricornios. Jamás he olvidado su alegría chapoteando ni las emocionadas caras de los monitores que, como ángeles de la guarda, los acompañaban.…  Seguir leyendo »

Lisboa fue un amor a primera vista. Cada vez que he viajado al otro país de la piel de toro he tenido la sensación de que los portugueses son una especie de españoles educados, sin estridencia ni vanagloria, de los que tenemos mucho que aprender. En la capital portuguesa he disfrutado visitando el Museu Nacional de Arte Antiga, cuya colección artística muestra la relevancia económica y cultural que tuvo el imperio comercial luso, integrado durante sesenta años en la Corona hispánica. Sin embargo, si lo comparamos con el Museo del Prado, nos damos cuenta del apabullante poderío de la monarquía española durante la Edad Moderna.…  Seguir leyendo »

Arturo Pérez-Reverte

En los años cincuenta, la Guerra Fría desató un terror atómico reflejado incluso en las películas de ciencia ficción donde los marcianos, que solían ser verdosos y cabezones, colocaban pequeños transmisores en la nuca de los terrícolas para controlar sus mentes y abducirlos. Acordándome de aquello, por más que le doy vueltas a las pastas de la última novela que he leído, no encuentro el microchip que me ha abducido los pasados días. Porque «Línea de fuego», el nuevo libro de Arturo Pérez-Reverte, me ha raptado emocionalmente.

Me acuerdo cuando él, con chaleco y micro en mano, salía en los telediarios encima de blindados o apostado detrás de tapias para retransmitir sus crónicas de la guerra de los Balcanes.…  Seguir leyendo »

En Roma, durante el confinamiento, se viralizó el vídeo de un joven que, cada atardecer, en la terraza de una casa que daba a una desierta piazza Navona, interpretaba con guitarra eléctrica el tema de amor de Érase una vez en América. Aquella música de Morricone que sonaba justo después de que tocasen las campanas de la iglesia barroca de San Ivo, transmitía dulzura y la sensación de que todo saldría bien. Para mí, la música que mejor simbolizó esa primavera aciaga fue la cavatina de la banda sonora de El cazador, una pieza compuesta para guitarra española y orquesta que, al destilar melancolía y esperanza, representaba la añoranza del mundo que dejábamos atrás y el anhelo del porvenir.…  Seguir leyendo »

En 1939 se desencadena la Segunda Guerra Mundial y se estrena «Lo que el viento se llevó», la película de mayor arraigo popular de la historia. Su banda sonora, envolvente y de gran belleza sinfónica, sedujo a los espectadores tanto como el apasionado romance entre Clark Gable y Vivien Leigh, que interpretaba a la caprichosa y manipuladora Escarlata O’Hara. Hattie McDaniel, la inolvidable Mammy, fue la primera actriz negra en ganar un oscar, estatuilla que también consiguió la guapa Vivien Leigh, la cual participó en una gira de actores británicos en el Norte de África para entretener a las tropas que combatían contra los italianos y alemanes.…  Seguir leyendo »

#LaEspañaresponsable

Estamos viviendo el envés de un realismo mágico, un Macondo a lo García Márquez de soledades confinadas en tiempos de epidemia. Quién me iba a decir que vería las escenas de psicosis y mortandad que vieron mis abuelos durante la gripe de 1918, que asistiría por televisión y al asomarme a la ventana a episodios tantas veces leídos en los libros de historia y visionados en documentales. Estos acelerados días nos han reiterado que la vida no es sino la historia replicada.

Mirar el pasado con catalejo proporciona sentido y claridad de juicio, mientras que analizar el presente con microscopio distorsiona la interpretación de la realidad.…  Seguir leyendo »

Los pasos de mi memoria me conducen a una ciudad de libertad y al País de los Libros que cabía en una plaza. La ciudad se llama Madrid, y la plaza, la Puerta del Sol. A los seis años de edad visité la Casa de Fieras de una capital que tenía un scalextric en Atocha, trenes subterráneos y multitudes caminantes. Lo primero que hicieron fue llevarme a la librería San Martín, en la Puerta del Sol, y cogido de la mano, me dijeron que frente a su escaparate mataron a Canalejas. Hasta su desaparición visité a menudo aquella librería decimonónica de anaqueles de madera en la que el tiempo, gozosamente, se había detenido en la época de Benito Pérez Galdós.…  Seguir leyendo »

Carlos Gardel tenía razón. Veinte años no son nada. Es el tiempo que hace desde que la vi por primera vez. Fue en El Escorial, en un curso de verano de Historia. Alta, morena, ojos verdes e inteligente. Yo era becario docente e investigador de Universidad y creía tener trazado el mapa de mi futuro, pero cinco días intensos trastocaron mis coordenadas vitales. Al terminar el curso ella me dio su número de teléfono y nos despedimos en la estación de Atocha, como en una película. Subió al tren y se marchó a su ciudad de mar de agua y yo a la mía de mar de olivos.…  Seguir leyendo »

Una música de oboe se me ha colado en el corazón. La película «La misión» nos conmueve al relatar la historia de una pequeña reducción jesuita en el Brasil del siglo XVIII mientras suena la banda sonora de Morricone. Nos sobrecoge la perseverancia de los protagonistas, unos hombres idealistas que construyen en la selva amazónica un pequeño poblado en el que el Evangelio es compatible con la inculturación y una cierta idea de progreso. Las reducciones jesuíticas guaraníes, levantadas mayoritariamente por curas españoles en Hispanoamérica, son el único ejemplo en la Historia de una utopía más o menos exitosa, pues sobrevivieron unos ciento cincuenta años hasta su disolución.…  Seguir leyendo »

Aprendí a amar el cine en la solemne oscuridad de las butacas de paraíso hoy desaparecidas, a emocionarme con la épica y la tragedia, a aplaudir en los finales, a salir de la sala habitando todavía durante unos minutos una vida que me hubiera gustado vivir. Porque si los viajes y la literatura hacen más intensa y llevadera la existencia, el cine, según la atinada definición de José Luis Garci, es una vida de repuesto.

Madurar implica evolucionar en gustos y pensamientos, contemplar el mundo con cierto escepticismo y no malbaratar el tiempo con personas y cosas que no nos aporten riqueza mental y sentimental.…  Seguir leyendo »

Recuerdo que, nada más comenzar la música del inicio de «Yo, Claudio», me sentaba frente al televisor y veía la serpiente que reptaba sobre un mosaico mientras aparecían los títulos de crédito. A pesar de mi poca edad y de la hora nocturna me dejaban ver aquella impactante serie sobre Roma. Cuando tiempo después leí el libro me quedé enganchado para siempre a la novela histórica, y cuando no hace demasiados años volví a ver aquella serie que tenía una puesta en escena teatralizada, quedé cautivado por cómo abordaba las luchas de poder, las pasiones y ambiciones. Juego de tronos está muy bien, y si le ha fascinado a los millennials es porque, en general, desconocen el pasado y no les interesa lo que se hizo antes de su nacimiento, pero no saben que dicha serie es un compendio encubierto de sucesos que pueden encontrarse en la historia, la mejor escuela de aprendizaje del poder.…  Seguir leyendo »

Veinte centímetros de libertad

En un instituto de Andalucía de cuyo nombre sí puedo acordarme, no ha mucho que un profesor pinchaba con chinchetas artículos de un académico de la RAE en un tablón de anuncios de corcho. Trataban sobre la riqueza de la lengua española y desmontaban con agudeza e ironía las pretensiones de imponer por las bravas el denominado lenguaje inclusivo. El profesor colgaba los artículos de papel en el espacio acotado para Coeducación, y una persona del claustro que los arrancaba sistemáticamente, al ver que dichos textos volvían a reponerse, un día, en la sala de profesores, comenzó a dar voces alarmada preguntando quién perpetraba aquello.…  Seguir leyendo »

Mi magdalena proustiana es el olor a césped recién cortado. Durante mi infancia veraneábamos en los apartamentos del Puente de la Sierra, un vergel cercano a mi ciudad donde, tras bañarme en la piscina, me gustaba revolcarme en el verdor de la hierba mientras, de fondo, oía el rítmico peloteo de la pista de tenis en la que los mayores, vestidos de riguroso blanco, jugaban hasta la noche. Crecí admirando en la tele a Orantes, al elegante Bjon Borg y al enrabietado John McEnroe, y practiqué ese deporte hasta la juventud. Por eso, como tantísimos españoles, compartí la emoción de ver a Rafael Nadal ganar de nuevo Roland Garros.…  Seguir leyendo »

Colorín colorado

Me gustan los cines de verano. En julio y agosto voy con un bocadillo y preparado con un cojín para soportar las sillas metálicas. De chico me encantaba ver películas mientras contemplaba estrellas fugaces, comía helados y sorbía refrescos que compraba en el ambigú de bombilla roja, como la de los submarinos en inmersión. Allí vi cuentos tradicionales en versiones de Walt Disney que me emocionaban y conmocionaban, pues ambas características tienen los cuentos infantiles. En mi casa escuchaba hasta hartarme cuentos, pues había varios discos y casetes con adaptaciones sonoras que me encandilaban por su teatralidad, sobre todo el de La cerillera, a pesar de que me entristecía.…  Seguir leyendo »

El sanchismo

El Quijote es la mejor novela de la historia porque, además de condensar el alma humana está escrita con un asombroso estilo literario. El idealismo y la locura de don Quijote se contraponen al realismo de Sancho Panza, que representa al hombre llano, apegado a las cosas materiales y que busca su propio beneficio. Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura, Sancho también se nos muestra como alguien que encarna la fidelidad y la amistad, y que cuando se dispone a gobernar la ínsula Barataria escucha con atención los admirables consejos que le da el viejo hidalgo. El personaje cervantino sería el exponente de un estilo de vida: el sanchismo.…  Seguir leyendo »

El Guggenheim es uno de los edificios más deslumbrantes de España, protagonista además de la metamorfosis de Bilbao en una ciudad hermosa y pujante. Cuando se inauguró hace veinte años fui en un tren nocturno para verlo, y al doblar una esquina y casi toparme con él, quedé hechizado. Sigue persistiendo en mí esa fascinación siempre que lo he visitado, y en su interior, me cuesta desprender la mirada de la arquitectura para fijarla en las colecciones que alberga. Me gusta el arte contemporáneo, y, en mis viajes, visito museos y galerías para contemplar las vanguardias históricas y las corrientes expresivas actuales.…  Seguir leyendo »

Los viajes y la vida

En aquellos largos viajes en el Seat 1500 siempre sonaba música. Si era verano salíamos antes del amanecer, con las ventanillas bajadas, porque el aire acondicionado era una utopía y había que aprovechar el fresquito. El coche tenía unos faros de saurio submarino, y desde que arrancaba, escuchábamos bien alta zarzuela cantada por Manuel Ausensi, Teresa Berganza o Plácido Domingo. Y si era invierno, los tres hermanos íbamos arropados con una manta fina a cuadros en el asiento trasero, escuchando casetes zarzueleros y la voz de barítono de mi padre, que se sabía todas las romanzas y coros. En mi casa, de chico, me colaba de polizón en las tertulias donde amigos de mis padres contaban sus viajes por medio mundo, y eso para mí era como leer a Julio Verne.…  Seguir leyendo »

España no es nación de naciones

El concierto de Año Nuevo, además de un ritual de bienvenida, es una fecha marcada en rojo para quienes mantenemos un idilio con la música, y también, una evocación de la Viena imperial, donde se bailaban valses bajo arañas de cristal. Soy más de la marcha Radetzky que del rap. La televisión o la radio nos transportan a aquella sociedad elegante, cosmopolita y cultivada regida por el emperador Francisco José, el marido de Sisí, que tuvo su canto de cisne a comienzos del siglo XX, como describió magistralmente Stefan Zweig en El mundo de ayer. Sin embargo, el pastiche del imperio austrohúngaro fue el detonante de la Primera Guerra Mundial, y al término de la contienda, se cuarteó en diferentes países.…  Seguir leyendo »

Bienvenido, míster Gálvez

Berlanga fue un genio porque, además de troncharnos de risa con sus películas, elevó al cuadrado situaciones absurdas que reflejaban los recovecos de la España que le tocó vivir. Sus personajes y diálogos son tan antológicos que no hay manera de elegir con cuál quedarse, como sucede en Patrimonio nacional, película en la que un viejo aristócrata y su familia tronada pretenden medrar en la naciente España democrática, sin percatarse de que ellos representan el desván de la historia, son unos cachivaches del pasado. En el celuloide, el marqués de Leguineche, su hijo y un capellán ultramontano –entre otros– habitaban en un inmenso y destartalado palacio de la plaza de Cibeles.…  Seguir leyendo »

Leer para vivir

Salí el cine electrizado de emoción tras ver El instante más oscuro, donde se narra con maestría la metamorfosis del carisma de Churchill, que alcanza la cima en un tiempo meteórico gracias a su incombustible entusiasmo, su confianza en el pueblo británico, su formidable oratoria y el apoyo de Clementine, su esposa. Con los ojos licuados tentado estuve de ponerme de pie y aplaudir al final, en el célebre discurso parlamentario que alentaba a resistir a todo trance frente a los nazis, pero me contuve no porque me diera vergüenza, sino por no hacérsela pasar a mi mujer. Resulta conmovedora la escena en la que, tras la gelidez inicial motivada por la desconfianza, se anuda una amistad entre el primer ministro y el rey basada en la admiración.…  Seguir leyendo »