Fernando Aramburu (Continuación)

Sabemos de las aventuras lascivas de Silvio Berlusconi, de las intimidades familiares de Sarkozy, de los vicios y gustos de numerosos mandatarios. De Angela Merkel, cuyo nombre e imagen visitan a diario la prensa de todo el mundo, apenas se sabe nada que no incumba exclusivamente a su actividad profesional. ¿Quién y cómo es esta mujer que la revista Forbes y el semanario Time han señalado repetidamente como uno de los seres humanos más poderosos e influyentes del planeta?

En España, algunos que se expresan en público insisten en llamarla "Ángela". Se dice Anguela, como "anguila" pero sin "i". A menudo se le aplica el tópico caricaturesco de dama de hierro, lo que no se corresponde en absoluto ni con sus maneras educadas ni con lo que con toda probabilidad constituye su mayor fortaleza: la ductilidad para alcanzar acuerdos.…  Seguir leyendo »

Entiendo el júbilo de algunos como reacción de alivio, pero no lo comparto. Aún menos comparto la ingenuidad imprudente de quienes, sin tomarse tiempo para la reflexión, ya están dispuestos a abrazar y, por supuesto, a hacer concesiones a diestro y siniestro a fin de quedarse tranquilos.

ETA persiste con sus arsenales, su propaganda, su objetivo férreo y sus pasamontañas. Dicha realidad no cambia un ápice por el simple hecho de que, con grotesca escenografía y verba falaz, tres tipos sin cara hayan anunciado el cese de la única actividad que continuará dando su razón de ser a la banda terrorista mientras esta no se disuelva o sea disuelta: matar y hacer sufrir a la gente para consumar unos fines más o menos políticos.…  Seguir leyendo »

ETA no mata ni, según dicen, extorsiona, y eso, a algunos, ya les parece razón suficiente para proclamar, acaso sin doblez, que podemos estar todos juntos en paz y tan amigos. Los muertos fueron enterrados, los que mataban y pegaban fuego ya no ejercen y, en fin, eso es la paz.

A otros, por el contrario, la prudencia basada en decepciones precedentes nos dice que la convivencia pacífica no es posible mientras el león ande suelto. Bien es cierto que el león no está ahora en el centro de la plaza. Está en un rincón, agazapado a la sombra de los soportales; pero, aunque no se le vea, conserva sus colmillos y sus zarpas.…  Seguir leyendo »