Francisco Fuster García

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En la primavera de 1914 Agustí Calvet (Sant Feliu de Guíxols, 1887–Barcelona, 1964) se mudó a París para prepararse unas oposiciones a catedrático de Filosofía. Instalado en una pensión balzaquiana de la ciudad de la luz, le sorprende el estallido de la Primera Guerra Mundial, pese a lo cual decide quedarse allí, hasta que la cercanía de los alemanes le obliga a volver a Barcelona. De regreso a casa, protagoniza el episodio que marca un antes y un después en su vida. Sabedor de que acaba de llegar, uno de los directores del diario 'La Vanguardia', Miquel dels Sants Oliver, le pregunta si ha escrito algo sobre las «cosas vistas» durante esas primeras semanas de ambiente prebélico, a lo que él responde que sólo tiene un cuaderno de notas, rellenado con sus primeras impresiones.…  Seguir leyendo »

Mi pasaje favorito de la extensa y deliciosa entrevista –memorable en su conjunto– que Julio Cortázar concedió a Televisión Española en 1977 es ese en que el presentador del programa “A Fondo”, el inolvidable Joaquín Soler Serrano, preguntaba al escritor argentino por qué motivo le costó tanto decidirse a publicar el primer libro firmado con su nombre real (la obra de teatro Los reyes, aparecida en 1949, cuando ya rondaba los 35 años) y no con el seudónimo de “Julio Denis”, con el que había presentado en sociedad sus primeros versos. La razón –argumentaba Cortázar con parsimonia, entre trago de whisky y calada al pitillo– es que no me sentía nada seguro… Honestamente, veía lo que había escrito hasta esa fecha como una especie de borradores –el desahogo de un adolescente– indignos de ser impresos y entregados al público.…  Seguir leyendo »

Volver a Azorín

A quienes gozan leyendo a Azorín no les suele gustar el proselitismo. Con el paso del tiempo, y a fuerza de tratar con ellos, me he dado cuenta de que los azorinianos suelen ser personas sensibles y más bien discretas, que rehúyen el protagonismo y que consideran una batalla perdida el tratar de convencer al resto del mundo de las bondades que esconde eso que a ellos les llena tanto. Puede parecer una actitud desabrida o falsamente indulgente, pero les garantizo que nada más lejos. Sucede simplemente que, quizá por haberlo intentado muchas veces, y haber fracasado otras tantas, han llegado a la conclusión de que la mejor manera de disfrutar de la prosa azoriniana es leerla por el puro placer de hacerlo, sin esperar nada a cambio y sin pretender que los demás compartan esa dicha.…  Seguir leyendo »

A estas alturas del calendario, los informados lectores de ABC ya habrán notado que el 2014 está siendo especialmente pródigo en cuanto a la conmemoración de efemérides literarias se refiere. Y es que 1914 fue, además de la fecha de inicio de esa «Gran Guerra» que conmocionó a Europa, el año de alumbramiento de algunos de los más importantes escritores en lengua española del siglo XX. Hablo, evidentemente, de esos dos transatlánticos de la literatura hispanoamericana que fueron el novelista argentino Julio Cortázar y el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, pero también de otros dos nombres ilustres: el del poeta chileno Nicanor Parra y el del narrador porteño Adolfo Bioy Casares.…  Seguir leyendo »

Un popular proverbio de origen bíblico nos advierte de que, muy a menudo, y por más que uno ponga todo su empeño, el reconocimiento se suele obtener antes fuera que dentro de casa. En el caso particular de Julio Camba, no sería del todo cierto –ni del todo justo– decir que este genial periodista no fue profeta en su tierra porque, si en algún lugar se le ha querido y se le quiere es, precisamente, en Galicia. Ahora bien, sucede con él algo muy poco frecuente, y es que nos encontramos ante lo que Nietzsche llamaría un «espíritu libre»: un escritor nómada que pasó buena parte de su vida viajando y que no sintió hacia su pequeña patria ese amor ciego e incondicional que sí profesaron quienes, quizá por haber pasado más tiempo en ella, hicieron del apego al terruño una bandera.…  Seguir leyendo »

La fecha de 1913 debió de quedar marcada a fuego en la memoria de José Martínez Ruiz, pues fue aquel un año de contrastes y emociones fuertes para quien, desde 1904, firmaba sus artículos como «Azorín». La historia de lo que podría haber sido el annus horribilis de la biografía azoriniana empezó a finales de 1912, cuando la muerte de Miguel Mir y Noguera dejó una siento libre en la Real Academia Española para el que, rápidamente, surgieron varios pretendientes, entre los cuales figuraba el propio autor de La voluntad, que ya en 1908 había realizado sin éxito un primer intento de acceder a la docta casa.…  Seguir leyendo »