Francisco López Peña

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Los casos de corrupción que están aflorando, y que llegan a niveles difícilmente soportables socialmente, son la consecuencia de los fallos institucionales que se han ido generando desde el comienzo de la democracia en España. Si además de perseguir implacablemente a los corruptos no combatimos las causas que los hicieron posibles, no serán suficientes muchos más policías y jueces para acabar con ella.

La ilusión que generó la caída del franquismo y la conquista de las libertades nos hizo caer en la ingenuidad de que toda persona elegida era insobornable, que la transparencia y la libertad de prensa eran suficientes para hacer inviable la corrupción, y que los representantes públicos tenían que tener un poder omnímodo, sin que ningún funcionario, que al fin y al cabo nadie lo había elegido, pudiera corregirle su actuación.…  Seguir leyendo »

Cuando la corrupción política deja de ser un hecho anecdótico y se manifiesta como un fenómeno frecuente, debería hacernos reflexionar sobre sus causas. Los españoles no somos diferentes a cualquier otro ciudadano europeo; pero España puede ser diferente en su entramado institucional, que hace posible que las desviaciones del poder sean más frecuentes. Reflexionar sobre ello es imprescindible, en estos momentos, si no queremos que se convierta en un remolino que arrastre a toda la sociedad española.

Cualquier organización tiene que tener unos mecanismos de control implícitos, que hagan que todos sus miembros tengan que rendir cuentas a alguien, y sean responsables de todos sus actos.…  Seguir leyendo »