Francisco López-Seivane

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Juan de Austria, en pecado concebido

Regensburg -la Ratisbona del imperio romano- es una ciudad vibrante, dinámica, acogedora, bullente y cargada de historia viva. Aquí pasó Carlomagno tres años, Napoleón tres días y Carlos V tres meses que marcarían la historia de Europa, ya que durante esa estancia fue concebido Juan de Austria. En la triangular plaza de Haid, corazón histórico de la ciudad, aún se encuentra en pie y gozando de buena salud el nido del amor imperial, el hotel donde solía alojarse el emperador en las escasas visitas que hizo a la ciudad.

En efecto, en 1546, Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano, convocó la Dieta Imperial -algo así como un Parlamento compuesto por nobles y clérigos- en Ratisbona, adonde llegó tras un penoso viaje desde Valladolid, ya viudo, debilitado y enfermo.…  Seguir leyendo »

Una lúcida amiga mía, profesora de Psicología en una universidad norteamericana, me comentaba hace algún tiempo, con la brillante ironía que la caracteriza, que la mujer (no se soliviante nadie: el aserto podría seguramente aplicarse también a muchos hombres) es la única criatura capaz de creerse algo que le halague, aunque sepa que es mentira. En un remedo, casi me atrevería a afirmar -por supuesto, con el cariño que me caracteriza- que muchos esotéricos son seres capaces de creerse cualquier cosa que les estimule la fantasía, aún a costa de despreciar su imposibilidad racional. Al fin y al cabo, ¿a quién le importan las escasas, cortas, aburridas y desestimulantes certezas de la razón?…  Seguir leyendo »