Francisco Reyero

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«¡Hay que estar preparados!», dice el septuagenario padre de una familia que emplea los sábados afinando puntería en una surtida armería de Oklahoma City. Él, la madre y el hijo, de mediana edad, cargan fundas con munición. «Muchacho, nunca se sabe», sonríe con camaradería. Se han fogueado unas horas en el cobertizo, donde se ubican las pistas de tiro. Es una arraigada costumbre. Primero, se reciben los tapones higienizados con los que soportar el ruido de una veintena de tiradores y después, los amables empleados de la armería ofrecen un póster con el que cubrir la diana: de una caricatura del dictador de Corea del Norte o de un payaso-psicokiller con dos granadas en las manos.…  Seguir leyendo »

A mitad de los años 70, Eric Martel fue nombrado cónsul de España en Houston con atribuciones en Texas, Nuevo Méjico y Oklahoma. Conversador y pinturero, el diplomático se negaba a viajar en avión a su nuevo destino. ¿Aerofobia? No, dramaturgia institucional. Martel quería llegar en transatlántico por revestir el cargo de la prestancia que le conferiría Graham Greene y también por cumplir el sueño de alcanzar un amanecer a las puertas del bajo Manhattan. Tras Nueva York, presentaría las credenciales en Washington y luego se desplazaría a Houston. Hasta arribar al puerto neoyorquino la travesía sería placenteramente prolongada (en esos mismos trayectos demorados, pero en sentido inverso, Paul Bowles tuvo tiempo de aprender a hablar español de los portorriqueños que servían al pasaje), por eso el cónsul pasó previamente por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y escogió lecturas para ubicarse en el destino.…  Seguir leyendo »