Gonzalo Anes Álvarez de Castrillón

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A los historiadores que nos interesamos por los cambios en la valoración de la naturaleza, nos duele el retroceso progresivo sufrido en toda España, y muy gravemente en la zona galaico-cantábrica, durante los últimos cincuenta años, a medida que ha aumentado el bienestar general y el nivel de vida, sin que se sientan los daños causados a la naturaleza y al paisaje. No fue siempre así. Como muestra de las actitudes positivas ante las bellezas naturales, compatibles con los afanes utilitarios, pasaré a dar unos ejemplos.

La valoración de los árboles por su leña, su madera y los frutos que ofrecían, era compartida por todos.…  Seguir leyendo »

Sigue vigente la tesis de que el siglo XVII fue de «decadencia económica general». Solo en los últimos decenios se admiten como excepción los Países Bajos del Norte, debido a la evidencia de que hubo crecimiento económico durante todo el siglo en Holanda y un gran desarrollo de las ciencias y de las artes.

Tuve la suerte de vincularme como alumno a los seminarios que dirigían Fernand Braudel y Pierre Vilar en l’École Pratique des Hautes Études, en París, entre los años 1959 a 1963. Allí no se dudaba de que el siglo XVII había sido «duro en toda Europa» y de que, para España, había sido «el siglo de las catástrofes».…  Seguir leyendo »

Con la muerte de Vicente Palacio Atard perdemos a un gran historiador y también a un hombre que dedicó su vida a contribuir al buen entendimiento entre los españoles, tan difícil en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil. Él era vasco por su padre y su estirpe estuvo secularmente vinculada a las Encartaciones de Vizcaya, en los valle de Gordejuela y de Zalla, contiguos al de Ayala. El linaje de su madre era de origen maltés. Los Atard emigraron a Valencia por no soportar la dominación inglesa. Como vasco, y lo era de corazón, veía con tristeza la falta de comprensión que había en su tierra sobre los lazos seculares que unían a aquellas gentes con las del resto de España, aunque esperó siempre que, al final, acabara triunfante la razón sobre sentimientos que respetaba pero que no compartía.…  Seguir leyendo »

Hace unos cuarenta años, comenzaron a ser investigadas la economía y las actividades y realizaciones culturales y científicas en la España de los últimos decenios del siglo XIX y primeros del XX. Los resultados de estas investigaciones permiten comprobar si eran ciertas las versiones negativas de hombres de letras españoles que vivieron en aquella época y que fueron creadores de opinión. Como proponían una regeneración-general, los autores de estas versiones son conocidos como regeneracionistas.

El primer conde de Romanones, D. Álvaro de Figueroa y Torres, en su libro Las responsabilidades delantiguorégimen:1875-1923, trató de mostrar que el desarrollo de España durante los cincuenta años transcurridos desde la restauración de la monarquía con Alfonso XII hasta el comienzo de la dictadura del general Primo de Rivera en 1923 había hecho posible «el crecimiento de la prosperidad común».…  Seguir leyendo »

Marcelino Menéndez Pelayo tuvo a su padre, don Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas, asturiano de Castropol, como director de sus estudios primarios y secundarios en Santander. El niño, en la escuela de primeras letras, llamaba la atención por «cierta gravedad algo melancólica». Parece que no le atraían los juegos y que la afición a la lectura era manifiesta en él. Destacó también en los estudios de bachillerato, en los que obtuvo las máximas calificaciones. Como buen conocedor de las aptitudes del joven, de su prodigiosa inteligencia y gran aplicación, el padre decidió que cursase la licenciatura en Filosofía y Letras en Barcelona, por la amistad que tenía allí con el profesor de aquella universidad, el también castropolino D.…  Seguir leyendo »

Acaba de morir un gran hombre de ciencia y miembro de número de la Real Academia de la Historia: Manuel Jesús González y González. Dedicó toda su vida al estudio y, como universitario y académico, a la investigación. Su infancia transcurrió en El Entrego (Principado de Asturias). Como hijo único, vivió su niñez y adolescencia muy unido a sus padres. Nació en 1941, en los peores momentos de la postguerra. Tuvo la suerte de contar con un padre ilustrado, amante de la lectura. Era costumbre en la casa que el padre, en las primeras horas de la noche, día tras día, leyese en voz alta, a su mujer y a su hijo, obras de Galdós, de Palacio Valdés, de Blasco Ibáñez, de Pereda.…  Seguir leyendo »

El deseo de mitigar los sufrimientos ajenos, hacer el bien a los necesitados de ayuda, fue siempre resultado de un sentimiento caritativo fundado o no en la religiosidad. Para los cristianos, «amar al prójimo como a uno mismo» era no solo cumplir el mandato divino, sino también favorecer la salvación del alma. Particulares, clérigos de iglesias y catedrales, religiosos de las órdenes monásticas concurrieron siempre al socorro de los más necesitados, de los desvalidos. Fundaron hospicios, hospitales, asilos, «casas de misericordia». El coste de las edificaciones y el mantenimiento fue en el pasado obra de nobles y de eclesiásticos (arzobispos, obispos, clérigos que tenían dinero, abades y abadesas de los monasterios).…  Seguir leyendo »

Hace unos cincuenta años, cuando comencé a tratar a José Antonio Muñoz Rojas, ya había leído Las cosas del campo, libro publicado en 1946. José Antonio decía entonces saber algo de la tierra andaluza y de sus gentes, por haber andado sus caminos y por haberse recreado en su hermosura: «tierras duras, alberos y polvillares, breves bujeos, largos cubriales». Sabía del rizarse de las lomas, del quebrarse de las cañadas, del extenderse de las albinas, del temblar de «un sisón de vuelo lento». El riquísimo vocabulario, usual aún en la Andalucía de entonces, le servía para describir las herrizas coronadas de coscojos, los cultivos, los eriazos, las veredas, los matorrales y la realenga.…  Seguir leyendo »