Gregorio Marañón y Bertán de Lis

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En España la memoria histórica brilla por su ausencia. No es ya el olvido sino, como diría Sor Juana Inés de la Cruz, algo peor, la negación de la memoria. Y la memoria histórica que reivindico no es la memoria de ninguna de esas dos Españas que helaban los corazones, sino una memoria que integre la de todos y alumbre nuestro pasado para que nuestro hoy y nuestro mañana sean diferentes.

La Ley de Memoria Histórica es uno de los textos menos leídos y más citados de nuestra legislación. En su exposición de motivos invoca “el espíritu de reconciliación y concordia que guió la Transición”, ese espíritu que da sentido “al modelo constitucional de convivencia más fecundo que hayamos disfrutado nunca”.…  Seguir leyendo »

Para Marañón, que perdió a su madre cuando apenas tenía tres años, algunos amigos de su padre desempeñaron un papel determinante en la conformación de su concepción de la vida. Son personalidades muy destacadas a las que podemos considerar sus maestros de referencia.

Siendo niño aprendió de Menéndez y Pelayo y Galdós la alta virtud de la tolerancia, y don Benito, además, le descubrió Toledo abriéndole los secretos más recónditos de la ciudad; con él ascendió también a los cigarrales, entre ellos al de Menores que tan fundamental sería luego en su vida. Miguel de Unamuno fue para Marañón muy tempranamente su referencia intelectual y ética, dejando en los jardines del Cigarral huella de sus inolvidables lecturas.…  Seguir leyendo »

El vértigo de la incertidumbre

Desolación y vértigo se juntan… (Blas de Otero)

Los españoles que crecieron bajo la dictadura y en un país subdesarrollado con tasas de analfabetismo cercanas al 50%, aislado internacionalmente y con las heridas de la guerra civil aún abiertas, impulsaron un proceso de cambio, de trascendencia histórica, que cristalizó en la Constitución de 1978. Aquella Transición que nos llevó de la dictadura a la democracia, que logró la reconciliación civil, y que permitió tres décadas de crecimiento económico y progreso social, fue solo posible gracias al inteligente y generoso espíritu de pacto que animó a los líderes políticos de aquel momento, que demostraron estar a la altura de lo que España necesitaba.…  Seguir leyendo »

Es evidente que, como recientemente escribía Elvira Lindo, “hay ya una impaciencia colectiva; una hartura clamorosa por el hecho de que nada sea sancionado o castigado con cierta celeridad; una necesidad de que las malas prácticas provoquen expulsiones o dimisiones… los juicios se alargan insoportablemente, los políticos se acusan unos a otros para salvar su honorabilidad y existe la sensación de que las responsabilidades personales se diluyen tras las siglas de los partidos”. A esto se añade, agudizando esa impaciencia colectiva, las gravísimas consecuencias de la crisis económica, que han situado por debajo del umbral de la pobreza al 25% de la población española, y el retraso con el que se adoptan algunas medidas legislativas como la que se refiere a los desahucios.…  Seguir leyendo »

La sociedad española empieza a sentirse seriamente angustiada. Así lo declara, según el sondeo publicado hoy en estas mismas páginas, el 61% de los españoles. Nuestra ciudadanía necesita con urgencia un liderazgo claro que le alivie la sensación de desamparo institucional que ahora le embarga. Y también un liderazgo compartido, que no es en definitiva sino una forma elíptica de designar el consenso. Ocurre que hemos perdido el hábito de la transacción y el pacto, y los españoles lo lamentan y añoran en las graves circunstancias actuales. Con el cambio generacional que personificaron José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, el consenso pasó de ser una virtud democrática a una práctica desechada, de constituir un gesto de fortaleza moral a una muestra de debilidad ideológica, siendo reemplazado por un sucedáneo de pactos oportunistas para superar determinados trances parlamentarios.…  Seguir leyendo »

El ilusionante espíritu de consenso político y concordia cívica que alumbró la Transición en 1977 y transformó nuestro país en una de las principales economías del mundo parece haberse perdido, mientras hoy prevalecen sentimientos como la melancolía, el pesimismo y la indignación envueltos en el desencanto.

La melancolía asoma entre quienes hicieron posible aquel milagro español, que contemplan sorprendidos la incapacidad de alcanzar un consenso político y social pese los gravísimos problemas que tenemos, y no comprenden por qué se ha abandonado la fecunda actitud de entendimiento de la Transición.

El pesimismo campea entre quienes han olvidado la perspectiva histórica de nuestro reciente origen y los admirables logros alcanzados en este tiempo.…  Seguir leyendo »

La unión de las fundaciones José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón constituye, por su envergadura, un ejemplo singular en nuestro ámbito cultural. Se unen, bajo los nombres de dos de nuestras principales figuras intelectuales del siglo XX, dos proyectos culturales tan significativos como complementarios. La integración constituye una respuesta al reto que las adversas circunstancias actuales plantean en todos los órdenes. En efecto, también en el campo de la cultura se hace preciso aunar esfuerzos para mejorar la eficacia de nuestras instituciones, tanto públicas como privadas, al tiempo que se han de buscar renovados empeños que permitan obtener partido de las oportunidades que también se presentan.…  Seguir leyendo »

La verdad resulta, a veces, puñetera, pero es siempre insobornable, y reaparece, una y otra vez, entre el oleaje levantado por los mitos, las leyendas y las fábulas. Con esta convicción me animo a terciar en la polémica que ha suscitado el lúcido artículo de Joaquín Leguina, y al que, entre otros, ha respondido ese excelente escritor que es Javier Cercas, reiterando una tesis que defiende desde hace tiempo. No voy a referirme al indiscutible derecho que tenemos todos a enterrar a nuestros muertos, ni al deber, que ha de terminar de cumplirse íntegramente, de honrar y reparar jurídicamente a los perseguidos injustamente por la dictadura, ni a la mal llamada Ley de Memoria Histórica, que tantos atacan y defienden sin haber leído.…  Seguir leyendo »

«La mayor aportación política de Marañón fue sin duda haber levantado la bandera del liberalismo, de la libertad, en una época en que pocos o ninguno podían hacerlo». Miguel Artola.

A finales de octubre de 1942, Marañón regresó de su exilio. Fernando Valera, último presidente del Gobierno de la República en el exilio, describió así el tiempo que habían compartido en París durante la ocupación alemana: «Ambos desterrados, yo además perseguido, pude comprobar su alto sentido humano y liberal. Él no había hecho la guerra con los republicanos; no se solidarizaba con sus heroísmos ni con sus crueldades, pero sí con sus desventuras, y siempre hizo cuanto estuvo a su alcance para remediarlas».…  Seguir leyendo »

He comprado un cigarral en Toledo. El más bonito de los que hay por allí, con muchas flores y olivos y un pequeño conventito que voy a arreglar muy bien para vivir allí algunas temporadas. La vista de Toledo es formidable.

Carta de G. Marañón a I. Zuloaga

14 de marzo de 1921

En marzo de 1921, Marañón, con treinta y tres años, ha comprado el cigarral que tiempo atrás había conocido de la mano de Galdós. Dos semanas después de adquirirlo lo visita con Pérez de Ayala, su gran amigo del alma, quien escribe:

«Al caer la tarde , bajo unos olmos robustos y venerables, Toledo, que en plena luz es color de hueso antiguo, de marfil insigne, comienza a animarse, a sonrojarse como una mejilla a la cual afluye la sangre y él solo, para sí, absorbe la postrera luz crepuscular, en la vasta noche de amatista».…  Seguir leyendo »