Hari Kunzru

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Nuestros pensamientos ya no nos pertenecen

En 1855, Emily Dickinson, la famosa poetisa recluida, le mandó un poema a su cuñada.

Hay una soledad del espacio
Una soledad del mar
Una soledad de la muerte, y estas
Parecen, no obstante, compañía
Comparadas con ese más profundo lugar
La intimidad polar
De un alma abierta a sí misma
—Infinitud finita.

Un siglo y medio más tarde, vivimos en un mundo donde los dos primeros tipos de soledad — la del espacio y la del mar — están cerca de la extinción. Incluso si nos adentramos en el desierto o nos alejamos en el océano, debemos resignarnos a la idea de que alguien podría estar observándonos, vía satélite o dron.…  Seguir leyendo »

En 1855, la poeta Emily Dickinson, famosa por llevar una vida solitaria, envió un poema a su cuñada:

Está la soledad de los espacios
la soledad del mar,
la de la muerte, pero todas
parecen multitud si se comparan
con ese emplazamiento más profundo,
la intimidad polar
del alma como huésped de sí misma —
finita infinitud.

Un siglo y medio después, vivimos en un mundo en el que los dos primeros tipos de soledad —la de los espacios y la del mar— casi han desaparecido. Incluso si viajamos a lo más recóndito del desierto o a un punto lejano en las aguas del océano, debemos resignarnos a la idea de que quizá alguien nos observe, ya sea a través de un satélite o con un dron.…  Seguir leyendo »

Why Pokémon Go is a game-changer for us all

As I flick little balls at a stag-beetle monster called a Pinsir, the fabric of reality does not seem as if it’s under imminent threat. The animated thing jumps and dodges around in front of the masonic hall, finally succumbing to an upward index finger swipe. I’m left with a few stats and a wobbly camera-view of the street. As I meander around my neighbourhood, it’s diverting to have a gameworld overlaid on the familiar grid, but there’s nothing to suggest that Pokémon Go is anything more than a fad, certainly not that it’s an early ripple of a technological wave that could transform human society.…  Seguir leyendo »

There’s nothing like fear and hatred to sharpen the senses. The riots have shown Britain some unpalatable truths about itself, making it impossible to hold on to a certain Whiggish story about social progress which, in the teeth of the evidence, we have persisted in telling about ourselves.

As the violence unfolded in Tottenham, it appeared to be following a familiar pattern. A young black man is killed by the police. The «community» protests. Violence ensues. By Monday, that story had definitively broken down. The crowds burning cars and breaking into shops were, as a friend drily put it, «a triumph of multiculturalism».…  Seguir leyendo »