Helena Béjar

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Julio de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

La pandemia del coronavirus exige confinamiento. El mandato gubernamental impone la distancia física, que conlleva el distanciamiento emocional. Un muro invisible se ha levantado entre los hombres y profundiza la individualización. La justificación de tal mandato es primero científica: evitar el contagio. “Quédate en casa” es un eslogan insoslayable en los medios que produce miedo al otro y angustia. La segunda legitimación es moral (“este virus lo paramos todos”) y apela a una comunidad cívica, en realidad una sociedad de individuos encerrados. Este civismo se teje del interés bien entendido: mi encierro contribuye al control del contagio. La virtud privada y el temor supervivencial generan beneficios públicos.…  Seguir leyendo »

El negocio de la soledad

Dícese que una epidemia de soledad avanza en las sociedades modernas. Ello descansa en una metáfora organicista: la sociedad es un organismo vivo que enferma y puede perecer. La metáfora de la epidemia es potente. Supone que la soledad se extiende rápidamente, sin control, que es contagiosa y debe ser contenida. Frente a la privacidad, concepto propio de la cultura narcisista de los ochenta y noventa del siglo XX, que alude a un apartamiento voluntario de la compañía de los otros, y a un espacio de creación y de libertad frente al exterior, la soledad como fenómeno social irrumpe en tiempos de crisis.…  Seguir leyendo »

Huérfanos de banderas

«La España de los balcones”. A ella alude enfáticamente el líder actual del centro derecha. Se refiere a las banderas que cuelgan en las ventanas de miles de hogares españoles desde la radicalización del nacionalismo catalán y la demanda de independencia de Cataluña. Desde hace dos largos años se ven banderas constitucionales que han resistido el paso del tiempo y los embates del clima. Símbolos de condensación del sentimiento nacional español, han contribuido a la habituación de una enseña durante decenios identificada con el franquismo. Y a que los ciudadanos se acostumbren a ver en el espacio público una bandera que hace solo diez años, cuando el Gobierno en mayoría del Partido Popular la enarboló de manera ostensible en la plaza de Colón de Madrid, fue considerada como una provocación.…  Seguir leyendo »

La modernidad tardía está creando dos fenómenos interrelacionados que apuntan en direcciones opuestas: el aumento de la soledad y del suicidio y el imperativo cultural de la felicidad. El primero ha llevado en Reino Unido a la creación de una secretaría de Estado. En España hay 10 suicidios diarios y el Gobierno prepara un plan para remediar cuestión tan alarmante. La escasa información solo señala que se produce entre mayores, personas sin techo y mujeres maltratadas. Pero España arroja cifras altísimas de consumo de ansiolíticos y antidepresivos en toda la población. Luego la depresión y el suicidio constituyen un horizonte posible en todo el espectro social.…  Seguir leyendo »

La modernidad tardía ha inventado un nuevo imperativo: la obligación de ser feliz. O mejor dicho, de ser «positivos», vocablo más científico y menos filosófico, más dinámico y democrático, menos teórico y más casero. En las revistas de psicología, en las femeninas de moda y cotilleo, en las masculinas de tendencias y estilos de vida, en las secciones personales de la prensa seria, en los manuales de empresa, en la publicidad y, sobre todo, en la literatura de autoayuda, se ha impuesto un nuevo dictum: «¡sé positivo!». El mandato cultural del nuevo grito sigue la tendencia del popular de «don´t worry, be happy» de hace algunos decenios, que recomendaba la relajación dentro del contexto cultural del optimismo americano.…  Seguir leyendo »