Ignacio Camacho

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Septiembre de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Es sabido que el Gobierno Sánchez-Iglesias se ha especializado desde que comenzó su andadura en la venta de mercancía política averiada, consignas superficiales y relatos ficticios difundidos en masa a través de su bien engrasada maquinaria de propaganda. La crisis del coronavirus lo ha llevado, sin embargo, al salto cualitativo que significa pasar de venderla a comprarla, en el sentido literal que demuestra el descomunal fiasco de los test chinos de detección rápida, un asombroso caso de incompetencia en el manejo de la gestión sanitaria. No pasa día sin que la práctica desnude la incapacidad del Ministerio de Sanidad pública para asumir el mando único al que le faculta la declaración del estado de alarma; un fracaso clamoroso que no puede encubrir la pesada cháchara con que el presidente trata de publicitar sus logros en reiteradas comparecencias televisadas o parlamentarias.…  Seguir leyendo »

La cuarentena rige para todos los españoles menos para uno que se llama Pablo Iglesias. El vicepresidente, que no soporta verse al margen del minigabinete de emergencia -aunque haya conseguido apartar de él a Carmen Calvo-, volvió a saltarse esta semana las reglas que obligan al resto de los ciudadanos para desempeñar una tarea tan esencial y urgente como dar una rueda de prensa. Preso del síndrome de abstinencia, necesitaba una dosis de protagonismo con la que marcar énfasis ideológico y aparentar una demostración de fuerza. Su pulso con el resto del Gobierno se ha convertido para él en una cuestión de supervivencia; siente que el estado de alarma constituye una oportunidad perfecta para desarrollar su programa de nacionalización económica encubierta pero no acaba de encontrar el modo de abrir hueco a su propia agenda.…  Seguir leyendo »

El liderazgo no es un don infuso como el genio o el carisma; hay que construirlo, ganárselo, merecerlo y asentarlo, sobre todo cuando se carece de rasgos carismáticos. Y es la realidad, no la propaganda ni el postureo, la que moldea al líder cuando lo enfrenta a trances extraordinarios y circunstancias cruciales ante los que no vale el diseño de escenarios mágicos ni la aplicación rutinaria de clichés prefabricados. Cuando la palabra «emergencia» cobra pleno sentido en medio de una crisis de pánico, el dirigente tiene que elegir entre la condición de estadista y la de candidato. Y ésa es exactamente la alternativa para la que Pedro Sánchez no estaba preparado.…  Seguir leyendo »

Si el Gobierno hubiese podido encontrar en el coronavirus algún elemento susceptible de explotación propagandística, Pedro Sánchez se habría puesto al frente de una célula de crisis convenientemente retransmitida por Iván Redondo desde el búnker de La Moncloa, como aquella de Obama la noche en que los SEALS mataron a Bin Laden. Pero como la epidemia sólo puede dar disgustos, el Ejecutivo se ha refugiado en un silencio prudencial, parapetándose detrás de los expertos y dejando hablar a los que saben. Acaso por razones oblicuas, relacionadas con el miedo a resultar salpicado por consecuencias enojosas, ha adoptado una postura razonable, favorecida por la actitud colaborativa de una oposición que también ha de ocuparse en la sanidad autonómica de sus propias responsabilidades.…  Seguir leyendo »

Adrede o sin pretenderlo, el sanchismo ha comenzado a desarrollar mecanismos de inmunidad que lo blindan contra las consecuencias de sus decisiones. Se trate de errores, chapuzas como la del Delcygate, incongruencias con su propio discurso o voluntarias transgresiones oportunistas -como la humillación ante el separatismo- de los códigos de sensatez política, la opinión pública ha comenzado a asimilar con una normalidad casi rutinaria el comportamiento del Gobierno, de tal modo que éste se ha vuelto impermeable a críticas y vituperios. Favorecido por el «efecto inaugural» y el dominio casi absoluto de los medios, los reproches de la oposición le rebotan en el Parlamento, donde ha podido resolver sin mayor problema la aprobación del primer trámite de los presupuestos.…  Seguir leyendo »

Cuarenta años después del referéndum andaluz que cambió el inicial diseño constitucional de una España de dos velocidades, el río Ebro vuelve a configurarse como una frontera política entre las autonomías de régimen común y las que apuntan, en el mejor de los casos, cada vez más nítidos rasgos confederales. El proceso de centrifugación administrativa a favor de Cataluña y Euskadi ha sido una constante de todas las legislaturas con mayorías inestables, pero ha llegado a un punto más allá del cual el Estado amenaza con disolverse en esas dos comunidades como consecuencia de un fenómeno de licuación constante. En su diferente intensidad reivindicativa, los nacionalistas vascos y los separatistas catalanes han intuido en la debilidad de Pedro Sánchez la ocasión idónea para pasar a otra fase: la de un cambio de régimen diluido bajo la apariencia suave de un diálogo o un «reencuentro» que disfrace la áspera realidad de un perseverante chantaje.…  Seguir leyendo »

El seguro de vida de la coalición frentepopulista gobernante es la fragmentación del centro y la derecha, acentuada por la potencia disruptiva de Vox y el consiguiente efecto de bloqueo que provoca en una oposición consagrada de forma prioritaria a la pugna interna por el liderazgo. Sánchez está relativamente cómodo ante esa competencia entre sus adversarios, que lejos de resultar virtuosa llena de confusión a un segmento social frustrado por la derrota y por la imposibilidad de identificar una alternativa a medio plazo. La indiscutible habilidad del partido de Abascal para abrirse espacios con su discurso de guerra cultural y su estilo bizarro facilita además a la izquierda su simplista estrategia de asociar a todo el espectro liberal y conservador con la herencia de Franco, al que más que desenterrar ha resucitado para pasarse el mandato agitando su espantajo.…  Seguir leyendo »

En un dirigente como Pedro Sánchez, la palabra «mentira» sólo debería salir de su boca asociada a la palabra «perdón». Mentir es por desgracia un vicio frecuente en política, pero no se conoce en la democracia española un precedente siquiera parecido de falsedad continua, de alguien que se haya desentendido con una naturalidad tan cínica de la coherencia no ya entre su discurso y sus actos sino entre sus propias premisas. Este presidente ha hecho de la mendacidad y de la doblez un atributo de estilo, una característica; hasta tal punto que su insinceridad se ha convertido en un rasgo normalizado que en vez de irritación provoca en la opinión pública chistes, memes y risas.…  Seguir leyendo »

Todo el enorme aparato de poder y propaganda del que Pedro Sánchez se ha rodeado -ese supergabinete presidencial lleno de secretarios de Estado, directores generales y fontaneros varios y dirigido por un hombre de confianza elevado al rango de vicepresidente de facto- no le ha servido para espantar la sensación de descontrol que emite el Gobierno en estas primeras semanas de mandato. El escándalo del «Delcygate», con al menos tres ministerios implicados en un más que turbio descalzaperros diplomático, y el monumental ridículo del plantón retráctil a la negociación con los separatistas han dejado al primer ministro a los pies de los caballos, enredado en sus errores sin que esta vez le quepa el recurso de culpar a los adversarios.…  Seguir leyendo »

Una reforma penal ad personam para excarcelar por la vía rápida a un reo de sedición condenado por el Tribunal Supremo. Guiños a la «dictadura tiránica» venezolana -palabras de Felipe González- a cuyo servicio zascandilea el expresidente Zapatero. Una reunión de un ministro, rozando la ilegalidad, en el aeropuerto con la número dos de un narcorrégimen que tiene prohibida la entrada en territorio europeo. Una visita anunciada «con mucho gusto» del presidente del Gobierno a un jerarca autonómico declarado en rebeldía contra su inhabilitación legal y atrincherado en el Parlamento. Un pacto con Bildu en Navarra y un voto en la Eurocámara contra la investigación de los crímenes de ETA no resueltos.…  Seguir leyendo »

El umbral posdemocrático

Los estropicios que apunta el estilo disruptivo de Sánchez se encuentran aún, en su mayoría, en grado de tentativa. El principal de ellos, el que afectaría al modelo de Estado, depende de la siempre inestable relación con el convulso conglomerado independentista, y las acometidas contra la separación de poderes van a encontrarse, como se ha visto en el nombramiento de la exministra Delgado al frente de la Fiscalía, con una decidida resistencia en el seno de la Administración de Justicia. Estos conflictos incipientes resultarán determinantes para el mandato de una coalición socialcomunista que ha marcado su deriva de fuerte sesgo ideológico desde las primeras medidas, pero por inquietantes que sean sus trazas, su desenlace queda lejos todavía.…  Seguir leyendo »

De un modo casi generalizado, los analistas de los medios han avalado la tesis de que Sánchez ha diseñado un Gobierno que tanto en su hipertrofia de carteras como en la selección de sus miembros muestra el claro propósito de diluir el efecto de la presencia en él de Podemos. Y sin duda así es al menos en la medida en que el presidente ha tenido la intención de hacerlo. Pero la política es un sistema de ocupación de espacios, de aprovechamiento de huecos, y eso lo suelen hacer mejor los activistas que los técnicos porque tienen un discurso más vibrante y más fiero, un talante más enérgico, una ambición más potente y una mayor capacidad de movimiento.…  Seguir leyendo »

El primer mandato de un debate consiste en evitar el marco mental del adversario. Pedro Sánchez no sólo no lo quiso eludir ayer, sino que con su primera frase -«no se va a romper España, sino el bloqueo»- lo abordó de lleno: metió al célebre elefante de Lakoff en el hemiciclo y ya no hubo manera de sacarlo en toda la jornada del Congreso. Y cada vez que el postulante, o Pablo Iglesias en su nuevo papel de sostén del Gobierno, repetían como una jaculatoria que la nación no corre peligro, el pacto con los independentistas tomaba cuerpo como eje de una investidura cuya clave última estaba fuera del pleno: en la Cataluña donde Torra se volvía a declarar en rebeldía ante el Estado de Derecho y donde los socios del candidato se ratificaban en el acuerdo mientras acusaban a la Justicia española -ellos, precisamente ellos, los autores de la sedición condenada por el Supremo- de dar un golpe encubierto.…  Seguir leyendo »

Toda la trayectoria pública de Pedro Sánchez constituye un monumento al aventurerismo. Desde que ganó por primera vez las elecciones internas de su partido hasta este fin de año presidido por el intento de tejer una incierta alianza con el independentismo, pasando por su asalto al poder mediante una censura parlamentaria urdida con un burdo –y tardíamente desenmascarado– pretexto jurídico, la carrera del actual presidente es una serie encadenada de piruetas arribistas y saltos al vacío. Su estancia en el poder, la mitad en funciones y la otra mitad en una especie de mandato interino, no ha tenido más logros que los de una contradictoria sucesión de trampas ventajistas, autodesmentidos, contradicciones y lances propagandísticos.…  Seguir leyendo »

El rompehielos y el rompehuesos

El veredicto con que la Corte de Luxemburgo reconoce a Oriol Junqueras una inmunidad como miembro del Europarlamento, que en principio no afecta al fondo de la condena firme por la que sigue preso, ha sido interpretado por los separatistas -«con grande alboroto de pitos y timbales», que diría García Márquez- como una victoria contra el Estado de Derecho que representa el Tribunal Supremo. Esa eufórica adulteración de trazo grueso, acompañada de los habituales embustes y de la promesa tan explícita como orgullosa de volver a convocar un referéndum, debería haber bastado en un país serio para apartarlos de inmediato de cualquier posibilidad de influir en la formación del Gobierno.…  Seguir leyendo »

La integridad de la nación no es un capricho absolutista ni una herencia desfasada del liberalismo romántico. La unidad territorial es el concepto esencial sobre el que se fundamentan los Estados, que desde hace siglos se constituyen a partir de la delimitación segura de su espacio. Pero además, y sobre todo, esa cohesión jurisdiccional tiene en las constituciones modernas un correlato que es el principio de indivisibilidad del sujeto soberano. Si ese sujeto, el pueblo -el «we, the people» de Filadelfia-, la fuente de poder, se fragmenta o se descompone en pedazos, de modo automático quedan troceados también los derechos de los ciudadanos y rota la premisa cardinal del orden igualitario.…  Seguir leyendo »

De la anomalía como rutina

El debate sobre la reforma de la Constitución, un clásico del 6 de diciembre, quedó esta vez muy en segundo plano en la celebración del 41º aniversario. Y ello por tres motivos muy claros. El primero, que la clase política y la opinión pública están sobre todo pendientes de las negociaciones de investidura y la posibilidad de resolverlas antes de fin de año. El segundo, que el imprescindible consenso que exigiría cualquier proyecto reformista está descartado por la inusual fragmentación (19 partidos) del arco parlamentario. Y el tercero y más relevante, que la discusión se ha desplazado de la simple actualización de los aspectos más desgastados del texto constituyente a la perturbadora posibilidad de que sus principios básicos queden desguazados de facto por la previsible formación de una mayoría integrada por partidos rupturistas cuyo objetivo declarado es la desintegración de la soberanía nacional, del modelo de Estado y del régimen monárquico.…  Seguir leyendo »

Cataluña no tiene una justicia propia e independiente porque en su momento un magistrado del Tribunal Constitucional ejerció su función con plena autonomía de criterio y tumbó con su voto una reforma estatutaria que con el tiempo habría impedido juzgar el procés en una sala del Supremo. Manuel Aragón Reyes había sido elegido a propuesta del Gabinete de Zapatero, pero su firmeza en la defensa de la soberanía nacional y de la separación de poderes alteró la correlación de fuerzas que había previsto el Gobierno. Eran los tiempos del llamado Proceso de Paz con ETA y de la doctrina del fiscal general Pumpido sobre la necesidad de que los jueces manchasen sus togas con el «polvo del camino», pero el catedrático cordobés no quiso empañar el prestigio de su trayectoria aviniéndose a doblegar sus principios.…  Seguir leyendo »

En pleno bicentenario del Museo del Prado, el rechazo de los grupos separatistas a la apertura de una franquicia de la pinacoteca en Barcelona es una metáfora, colateral pero significativa, del punto de demencia al que el nacionalismo catalán ha llevado su pulsión antiespañola. Tratándose de una de las primeras colecciones pictóricas del mundo, a la que numerosas ciudades de primer nivel requieren préstamos de sus joyas, una repulsa así ya no puede entenderse siquiera desde el supremacismo sino desde la más irracional y primaria de las fobias. Entienden con razón los objetores -ERC y JpC- que el Prado representa la esencia de España, su tradición histórica de mayor esplendor y gloria, y ante un símbolo tan potente de la unidad para ellos odiosa no dudan en privar a sus conciudadanos de la oportunidad cultural y económica -por su incuestionable impacto en el turismo- de incorporar a su patrimonio obras de Zurbarán, Velázquez, Madrazo o Goya.…  Seguir leyendo »

El candado flojo

La hegemonía cultural de la izquierda empieza por la apropiación del lenguaje frente a un liberalismo desentendido del poder sugestivo, casi mágico, de las palabras. En política, el acierto en la elección del término crea marcos mentales favorables que a menudo determinan por anticipado el éxito de una causa. Es, por ejemplo, el caso de la voz «progresista», que asociada a un partido, a un proyecto o a una idea crea un sintagma de indiscutible eficacia. Hasta doce veces la repitieron Pablo Iglesias y Pedro Sánchez -éste en diez ocasiones- durante la presentación de su pacto de esta semana. Un Gobierno bautizado como «progresista» o «de progreso» asume de inmediato una propiedad taumatúrgica que lo sitúa en clara posición de ventaja; quien se le oponga o lo critique será estampillado con una etiqueta reaccionaria.…  Seguir leyendo »