Ignacio Camacho

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Julio de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Todos somos iguales ante la ley, recordó hace unos años don Juan Carlos a propósito de su yerno Urdangarin, aunque el entonces monarca reinante gozaba del privilegio de inviolabilidad constitucional y por tanto era un poco menos igual que el resto de los ciudadanos. Pero la premisa sigue siendo válida como principio esencial de la democracia. Y esa igualdad ante la ley incluye la presunción de inocencia, por mucho que la opinión pública la haya abolido de facto con veredictos anticipados y por más que ciertos actos o conductas merezcan, al margen de su consideración penal, una censura ética. Por eso sorprende que el presidente del Gobierno se olvidase esta semana de reclamar dicha cautela para el Rey emérito cuando (des)calificó con dos duros adjetivos -«inquietantes y perturbadoras»- las informaciones sobre sus ciertamente turbios manejos financieros.…  Seguir leyendo »

El poder para quien lo trabaja

La principal ventaja de tener el poder consiste en impedir que lo tengan otros. Esta verdad de Perogrullo adquiere especial relevancia cuando el poder personal se convierte en el centro de un proyecto político y se ejerce con la inescrupulosa determinación de que hacen gala Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, dos dirigentes a los que une un concepto autoritario del mando y la manera resuelta en que lo utilizan como escudo protector de sus flaquezas.

La tesis plagiada o sus continuas mentiras y contradicciones, en el caso del primero, y en el del segundo la falta de coherencia con su programa de supuesta regeneración ética serían motivos suficientes para la caída en desgracia de un dirigente en cualquier democracia europea.…  Seguir leyendo »

En el país que nos gustaría -y que quizá no merecemos-, el Gobierno y la oposición estarían negociando una reforma legal válida para contener los rebrotes víricos sin necesidad del estado de alarma. En el país que tenemos, y que tal vez merezcamos, los portavoces oficiales dedican las sesiones parlamentarias a insultar a los adversarios negándoles legitimidad democrática. En el país que deseamos, el ministro Illa -más educado que competente, pero de buena voluntad contrastada- y Ana Pastor alcanzarían en una semana un acuerdo para manejar sin conflictos cualquier repunte de la emergencia sanitaria. En el país donde realmente vivimos, el vicepresidente se finge víctima de una trama de cloacas policiales mientras la Fiscalía lo ampara ante el juez que ha descubierto la trampa.…  Seguir leyendo »

Mientras un significativo número de españoles siente nostalgia del felipismo sin haberlo votado, el partido al que aún pertenece González -«soy militante pero no simpatizante», dijo hace ya algunos años- le niega su respaldo ante los ataques radicales y en cierta medida parece avergonzarse de su antiguo liderazgo. Teniendo en cuenta que el expresidente apenas ha cambiado de posición, el significado de esta paradoja es que la sociedad y la política viven un drástico desplazamiento de sesgo binario. Y por supuesto, que el PSOE de Sánchez ha renunciado a su carácter integrador de mayorías sociales para acercarse a un modelo frentista y polarizador de una dialéctica de bandos que pulveriza cualquier espacio moderado.…  Seguir leyendo »

Una constitución no es sólo un texto normativo. Es la expresión epocal de un conjunto de valores compartidos sobre los que una nación define su soberanía y organiza su convivencia a través de un gran acuerdo social y político. El gran mérito del constitucionalismo democrático consiste en acoger bajo ese gran compromiso una serie de paradigmas ideológicos y morales distintos y construir con ellos un escenario de entendimiento colectivo. Las constituciones son reglas de juego para arbitrar conflictos mediante el mutuo reconocimiento de respeto a unos mismos principios cuya importancia no radica tanto en la letra, siempre revisable, como en el espíritu.…  Seguir leyendo »

La democracia no es sólo el sufragio. Es el imperio de la ley (Estado de Derecho), la separación de poderes, el respeto a las minorías, la autonomía de la sociedad civil. Son las instituciones independientes y los mecanismos de control y contrapeso que impiden el ejercicio unívoco de la autoridad del Ejecutivo. Es una ética del comportamiento y de la responsabilidad en la función pública. Son las libertades individuales y las reglas que las garantizan. Es, en conjunto, la protección del ciudadano frente a un poder que siempre -como sabían los padres fundadores americanos- tiende a expandirse de modo arbitrario. Por eso regímenes como el de Putin, el de Erdogan o el de Maduro, cuyos gobernantes han sido elegidos en las urnas, carecen del estándar de calidad necesario para que puedan considerarse democráticos.…  Seguir leyendo »

Velitas incendiarias

Cuando Pedro Sánchez ganó por segunda vez, en mayo de 2017, las primarias socialistas, uno de los dirigentes que apoyaban a la derrotada Susana Díaz me dijo en privado que era «lo peor que ha pasado en la política española desde la recesión». Aunque algunos socialistas relevantes expresaban su desconfianza en el personaje con la frase de que «Pedro está en el PSOE pero no es del PSOE», el pesimismo de aquella sentencia me chocó al punto de preguntarle a mi interlocutor -hoy alejado de la escena pública- si la victoria del resucitado líder le parecía peor noticia que la irrupción de Podemos un trienio antes.…  Seguir leyendo »

El rebaño y los pastores

Desde el fatídico lunes de marzo en que le pusieron delante la evidencia de que el virus cuya amenaza había desdeñado se propagaba a velocidad alarmante, la principal línea de actuación de Pedro Sánchez ha consistido en minimizar la generalizada sensación de que reaccionó demasiado tarde. Incluso el confinamiento de la población, una medida de necesidad incuestionable para atajar la transmisión de la enfermedad y frenar el colapso de los hospitales, lo ha aprovechado para preservar su imagen con plúmbeas y continuas intervenciones televisadas destinadas a proyectar una apariencia de liderazgo y compromiso con sus responsabilidades. Ha encontrado en el estado de alarma el escudo legal que sueña todo gobernante para preservarse de las críticas y tomar a su arbitrio toda clase de decisiones excepcionales.…  Seguir leyendo »

Quizá no quede ya en España un político capaz de concitar el respeto moral de que disfrutaba Julio Anguita. El fundador de Izquierda Unida se había ganado un prestigio extendido mucho más allá de sus propias filas, y que más que aprecio por sus ideas era estima por su coherencia, por su dignidad, por su honradez personal y por su bonhomía. A diferencia del añorado Adolfo Suárez, no fue un hombre de posiciones moderadas o flexibles en las que pudiera reflejarse gran parte de la sociedad; era un convencido comunista, un ideólogo radical, aunque bastante más culto y leído que la mayoría, de un fundamentalismo perseverante asentado sobre una concepción compacta de la doctrina.…  Seguir leyendo »

Más que en las cifras de fallecimientos y de contagios, la gran diferencia entre el impacto de la pandemia en España y en otras naciones del entorno europeo consiste en que a la crisis sanitaria y económica se ha unido aquí un intenso debate sobre las libertades públicas y privadas, derivado de la proclividad del Gobierno a recortarlas aprovechando el marco excepcional del decreto de alarma. Nadie habría dudado de la conveniencia objetiva de prorrogar las medidas de emergencia de no mediar una amplia corriente de opinión propensa a la sospecha de que el poder las está utilizando de forma torticera, como excusa para imponer un régimen provisional de suspensión de derechos, toque de queda, economía nacionalizada y limitación del control parlamentario y de las críticas en redes sociales y prensa.…  Seguir leyendo »

Hay una pregunta que el abrasado portavoz Fernando Simón no sabe, no puede o no quiere contestar, y es la de dónde y por qué sigue produciéndose un número relevante de los contagios a las siete semanas de encierro. Ese silencio desnuda la realidad de que las autoridades sanitarias carecen de los datos precisos para abordar con la debida información epidemiológica la fase de desconfinamiento. La inexistencia de un mapa afinado de la infección es el punto más débil de un proceso que la mayoría de los especialistas consideran prematuramente abierto, y que puede convertirse en un nuevo problema si el Gobierno no arbitra las imprescindibles garantías de trazabilidad y rastreo del entorno de los nuevos enfermos.…  Seguir leyendo »

El Gobierno cerró la semana con un bulo como los que ha mandado perseguir -ahora se dice «monitorizar»- al general Santiago. Un bulo gordo, lustroso, resplandeciente y bien maquillado, porque de hecho se trataba de hermosear las cifras reales de contagio mediante un burdo birlibirloque, una vulgar manipulación contable de los datos. El enésimo truco para disimular el fracaso y tratar de inyectar algo de optimismo en unos ciudadanos que por una parte ansían el desconfinamiento y por otra temen que se convierta en otro desbarajuste improvisado. El «perfecto compendio de errores» del que hablaba el experto -éste sí lo es- Matesanz en la radio está sembrando en la población una mezcla de angustia, desconcierto y pánico.…  Seguir leyendo »

Cuando un Gobierno sugiere, aunque sea mediante una encuesta, que se pongan límites a la información y se establezca un canal único de «fuentes oficiales», está utilizando el estado de alerta para tratar de establecer de facto una restricción de la libertad de prensa. En un Ejecutivo como el español, obsesionado con la propaganda, el episodio del estrafalario sondeo del CIS no constituye una simple anécdota: es un test de opinión pública para blindar su criticada actuación ante la pandemia y comprobar hasta qué punto está la ciudadanía dispuesta a someter sus derechos a cuarentena y ratificar las limitaciones de su soberanía que conlleva la implantación del estado de emergencia.…  Seguir leyendo »

Si el Gobierno dedicase a combatir la pandemia la mitad de la atención, energía y hasta talento que pone en la construcción de una narrativa política, tal vez hubiese logrado más avances en la lucha contra el virus y desde luego prestaría mucho mejor servicio a los ciudadanos. Pero como no está diseñado para eso sino para la propaganda sólo sabe aplicar a la crisis una «terapia de relato» que encubra su ineficacia contra el virus con un enorme esfuerzo publicitario. La gestión sanitaria y económica de la emergencia está resultando un clamoroso fracaso: un racimo de rectificaciones, palos de ciego, medidas desordenadas y contradictorias, pasos en falso.…  Seguir leyendo »

Si un virus se propaga a través de gotículas respiratorias expulsadas por la nariz y la boca no parece aventurado suponer que cualquier protección facial será de utilidad para contener el contagio, en la doble vertiente de la salvaguarda personal y de evitar que un portador de la enfermedad contamine a un individuo sano. De hecho, la adecuada dotación de mascarillas (cubrebocas o barbijos, como se dice en los países hispanoamericanos) y otros equipos de autopreservación ha sido en los momentos álgidos de la emergencia la reclamación más candente de los profesionales sanitarios, conscientes del peligro al que los somete el permanente contacto con pacientes infectados.…  Seguir leyendo »

Es sabido que el Gobierno Sánchez-Iglesias se ha especializado desde que comenzó su andadura en la venta de mercancía política averiada, consignas superficiales y relatos ficticios difundidos en masa a través de su bien engrasada maquinaria de propaganda. La crisis del coronavirus lo ha llevado, sin embargo, al salto cualitativo que significa pasar de venderla a comprarla, en el sentido literal que demuestra el descomunal fiasco de los test chinos de detección rápida, un asombroso caso de incompetencia en el manejo de la gestión sanitaria. No pasa día sin que la práctica desnude la incapacidad del Ministerio de Sanidad pública para asumir el mando único al que le faculta la declaración del estado de alarma; un fracaso clamoroso que no puede encubrir la pesada cháchara con que el presidente trata de publicitar sus logros en reiteradas comparecencias televisadas o parlamentarias.…  Seguir leyendo »

La cuarentena rige para todos los españoles menos para uno que se llama Pablo Iglesias. El vicepresidente, que no soporta verse al margen del minigabinete de emergencia -aunque haya conseguido apartar de él a Carmen Calvo-, volvió a saltarse esta semana las reglas que obligan al resto de los ciudadanos para desempeñar una tarea tan esencial y urgente como dar una rueda de prensa. Preso del síndrome de abstinencia, necesitaba una dosis de protagonismo con la que marcar énfasis ideológico y aparentar una demostración de fuerza. Su pulso con el resto del Gobierno se ha convertido para él en una cuestión de supervivencia; siente que el estado de alarma constituye una oportunidad perfecta para desarrollar su programa de nacionalización económica encubierta pero no acaba de encontrar el modo de abrir hueco a su propia agenda.…  Seguir leyendo »

El liderazgo no es un don infuso como el genio o el carisma; hay que construirlo, ganárselo, merecerlo y asentarlo, sobre todo cuando se carece de rasgos carismáticos. Y es la realidad, no la propaganda ni el postureo, la que moldea al líder cuando lo enfrenta a trances extraordinarios y circunstancias cruciales ante los que no vale el diseño de escenarios mágicos ni la aplicación rutinaria de clichés prefabricados. Cuando la palabra «emergencia» cobra pleno sentido en medio de una crisis de pánico, el dirigente tiene que elegir entre la condición de estadista y la de candidato. Y ésa es exactamente la alternativa para la que Pedro Sánchez no estaba preparado.…  Seguir leyendo »

Si el Gobierno hubiese podido encontrar en el coronavirus algún elemento susceptible de explotación propagandística, Pedro Sánchez se habría puesto al frente de una célula de crisis convenientemente retransmitida por Iván Redondo desde el búnker de La Moncloa, como aquella de Obama la noche en que los SEALS mataron a Bin Laden. Pero como la epidemia sólo puede dar disgustos, el Ejecutivo se ha refugiado en un silencio prudencial, parapetándose detrás de los expertos y dejando hablar a los que saben. Acaso por razones oblicuas, relacionadas con el miedo a resultar salpicado por consecuencias enojosas, ha adoptado una postura razonable, favorecida por la actitud colaborativa de una oposición que también ha de ocuparse en la sanidad autonómica de sus propias responsabilidades.…  Seguir leyendo »

Adrede o sin pretenderlo, el sanchismo ha comenzado a desarrollar mecanismos de inmunidad que lo blindan contra las consecuencias de sus decisiones. Se trate de errores, chapuzas como la del Delcygate, incongruencias con su propio discurso o voluntarias transgresiones oportunistas -como la humillación ante el separatismo- de los códigos de sensatez política, la opinión pública ha comenzado a asimilar con una normalidad casi rutinaria el comportamiento del Gobierno, de tal modo que éste se ha vuelto impermeable a críticas y vituperios. Favorecido por el «efecto inaugural» y el dominio casi absoluto de los medios, los reproches de la oposición le rebotan en el Parlamento, donde ha podido resolver sin mayor problema la aprobación del primer trámite de los presupuestos.…  Seguir leyendo »