Ignacio Camacho

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Octubre de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

El umbral posdemocrático

Los estropicios que apunta el estilo disruptivo de Sánchez se encuentran aún, en su mayoría, en grado de tentativa. El principal de ellos, el que afectaría al modelo de Estado, depende de la siempre inestable relación con el convulso conglomerado independentista, y las acometidas contra la separación de poderes van a encontrarse, como se ha visto en el nombramiento de la exministra Delgado al frente de la Fiscalía, con una decidida resistencia en el seno de la Administración de Justicia. Estos conflictos incipientes resultarán determinantes para el mandato de una coalición socialcomunista que ha marcado su deriva de fuerte sesgo ideológico desde las primeras medidas, pero por inquietantes que sean sus trazas, su desenlace queda lejos todavía.…  Seguir leyendo »

De un modo casi generalizado, los analistas de los medios han avalado la tesis de que Sánchez ha diseñado un Gobierno que tanto en su hipertrofia de carteras como en la selección de sus miembros muestra el claro propósito de diluir el efecto de la presencia en él de Podemos. Y sin duda así es al menos en la medida en que el presidente ha tenido la intención de hacerlo. Pero la política es un sistema de ocupación de espacios, de aprovechamiento de huecos, y eso lo suelen hacer mejor los activistas que los técnicos porque tienen un discurso más vibrante y más fiero, un talante más enérgico, una ambición más potente y una mayor capacidad de movimiento.…  Seguir leyendo »

El primer mandato de un debate consiste en evitar el marco mental del adversario. Pedro Sánchez no sólo no lo quiso eludir ayer, sino que con su primera frase -«no se va a romper España, sino el bloqueo»- lo abordó de lleno: metió al célebre elefante de Lakoff en el hemiciclo y ya no hubo manera de sacarlo en toda la jornada del Congreso. Y cada vez que el postulante, o Pablo Iglesias en su nuevo papel de sostén del Gobierno, repetían como una jaculatoria que la nación no corre peligro, el pacto con los independentistas tomaba cuerpo como eje de una investidura cuya clave última estaba fuera del pleno: en la Cataluña donde Torra se volvía a declarar en rebeldía ante el Estado de Derecho y donde los socios del candidato se ratificaban en el acuerdo mientras acusaban a la Justicia española -ellos, precisamente ellos, los autores de la sedición condenada por el Supremo- de dar un golpe encubierto.…  Seguir leyendo »

Toda la trayectoria pública de Pedro Sánchez constituye un monumento al aventurerismo. Desde que ganó por primera vez las elecciones internas de su partido hasta este fin de año presidido por el intento de tejer una incierta alianza con el independentismo, pasando por su asalto al poder mediante una censura parlamentaria urdida con un burdo –y tardíamente desenmascarado– pretexto jurídico, la carrera del actual presidente es una serie encadenada de piruetas arribistas y saltos al vacío. Su estancia en el poder, la mitad en funciones y la otra mitad en una especie de mandato interino, no ha tenido más logros que los de una contradictoria sucesión de trampas ventajistas, autodesmentidos, contradicciones y lances propagandísticos.…  Seguir leyendo »

El rompehielos y el rompehuesos

El veredicto con que la Corte de Luxemburgo reconoce a Oriol Junqueras una inmunidad como miembro del Europarlamento, que en principio no afecta al fondo de la condena firme por la que sigue preso, ha sido interpretado por los separatistas -«con grande alboroto de pitos y timbales», que diría García Márquez- como una victoria contra el Estado de Derecho que representa el Tribunal Supremo. Esa eufórica adulteración de trazo grueso, acompañada de los habituales embustes y de la promesa tan explícita como orgullosa de volver a convocar un referéndum, debería haber bastado en un país serio para apartarlos de inmediato de cualquier posibilidad de influir en la formación del Gobierno.…  Seguir leyendo »

La integridad de la nación no es un capricho absolutista ni una herencia desfasada del liberalismo romántico. La unidad territorial es el concepto esencial sobre el que se fundamentan los Estados, que desde hace siglos se constituyen a partir de la delimitación segura de su espacio. Pero además, y sobre todo, esa cohesión jurisdiccional tiene en las constituciones modernas un correlato que es el principio de indivisibilidad del sujeto soberano. Si ese sujeto, el pueblo -el «we, the people» de Filadelfia-, la fuente de poder, se fragmenta o se descompone en pedazos, de modo automático quedan troceados también los derechos de los ciudadanos y rota la premisa cardinal del orden igualitario.…  Seguir leyendo »

De la anomalía como rutina

El debate sobre la reforma de la Constitución, un clásico del 6 de diciembre, quedó esta vez muy en segundo plano en la celebración del 41º aniversario. Y ello por tres motivos muy claros. El primero, que la clase política y la opinión pública están sobre todo pendientes de las negociaciones de investidura y la posibilidad de resolverlas antes de fin de año. El segundo, que el imprescindible consenso que exigiría cualquier proyecto reformista está descartado por la inusual fragmentación (19 partidos) del arco parlamentario. Y el tercero y más relevante, que la discusión se ha desplazado de la simple actualización de los aspectos más desgastados del texto constituyente a la perturbadora posibilidad de que sus principios básicos queden desguazados de facto por la previsible formación de una mayoría integrada por partidos rupturistas cuyo objetivo declarado es la desintegración de la soberanía nacional, del modelo de Estado y del régimen monárquico.…  Seguir leyendo »

Cataluña no tiene una justicia propia e independiente porque en su momento un magistrado del Tribunal Constitucional ejerció su función con plena autonomía de criterio y tumbó con su voto una reforma estatutaria que con el tiempo habría impedido juzgar el procés en una sala del Supremo. Manuel Aragón Reyes había sido elegido a propuesta del Gabinete de Zapatero, pero su firmeza en la defensa de la soberanía nacional y de la separación de poderes alteró la correlación de fuerzas que había previsto el Gobierno. Eran los tiempos del llamado Proceso de Paz con ETA y de la doctrina del fiscal general Pumpido sobre la necesidad de que los jueces manchasen sus togas con el «polvo del camino», pero el catedrático cordobés no quiso empañar el prestigio de su trayectoria aviniéndose a doblegar sus principios.…  Seguir leyendo »

En pleno bicentenario del Museo del Prado, el rechazo de los grupos separatistas a la apertura de una franquicia de la pinacoteca en Barcelona es una metáfora, colateral pero significativa, del punto de demencia al que el nacionalismo catalán ha llevado su pulsión antiespañola. Tratándose de una de las primeras colecciones pictóricas del mundo, a la que numerosas ciudades de primer nivel requieren préstamos de sus joyas, una repulsa así ya no puede entenderse siquiera desde el supremacismo sino desde la más irracional y primaria de las fobias. Entienden con razón los objetores -ERC y JpC- que el Prado representa la esencia de España, su tradición histórica de mayor esplendor y gloria, y ante un símbolo tan potente de la unidad para ellos odiosa no dudan en privar a sus conciudadanos de la oportunidad cultural y económica -por su incuestionable impacto en el turismo- de incorporar a su patrimonio obras de Zurbarán, Velázquez, Madrazo o Goya.…  Seguir leyendo »

El candado flojo

La hegemonía cultural de la izquierda empieza por la apropiación del lenguaje frente a un liberalismo desentendido del poder sugestivo, casi mágico, de las palabras. En política, el acierto en la elección del término crea marcos mentales favorables que a menudo determinan por anticipado el éxito de una causa. Es, por ejemplo, el caso de la voz «progresista», que asociada a un partido, a un proyecto o a una idea crea un sintagma de indiscutible eficacia. Hasta doce veces la repitieron Pablo Iglesias y Pedro Sánchez -éste en diez ocasiones- durante la presentación de su pacto de esta semana. Un Gobierno bautizado como «progresista» o «de progreso» asume de inmediato una propiedad taumatúrgica que lo sitúa en clara posición de ventaja; quien se le oponga o lo critique será estampillado con una etiqueta reaccionaria.…  Seguir leyendo »

Sumidos en el cansancio de la reiteración electoral o enfrascados en la rutina de una política que los medios de comunicación y las redes tienden a convertir en un espectáculo -aunque se trate de una mala función con pésimos actores- es probable que muchos españoles no hayan terminado de calibrar que los comicios de hoy pueden ser los más trascendentes de los últimos veinte años. Más incluso que los de aquel dramático 14 de marzo, porque si entonces se produjo un shock civil a consecuencia del atentado, las consecuencias las pagó el Gobierno de turno mientras ahora lo que está en riesgo es el mismísimo Estado, al que la posibilidad verosímil de un nuevo bloqueo conduciría a un inevitable colapso.…  Seguir leyendo »

La negra sombra del cisne

En una atmósfera electoral de alta volatilidad, simbolizada por la existencia de un veinte por ciento de indecisos en la última semana, la posibilidad verosímil de una nueva alteración grave del orden público en Cataluña introduce otro importante factor de incertidumbre en la campaña. El plan del independentismo radical -ocupación de colegios electorales el día de la votación y tal vez una noche de altercados y fuego en la víspera- podría convertirse en el cisne negro que, según la conocida metáfora de Nassim Taleb, produjese con su irrupción una sacudida de gran impacto y consecuencias inesperadas. La apretada correlación de fuerzas de estos comicios, en los que ningún partido parece decantar una clara ventaja y en los que la opinión pública bascula entre el hartazgo y la desgana, podría verse severamente dislocada en el caso de un ataque frontal contra la normalidad democrática.…  Seguir leyendo »

Al día siguiente de su archipublicitada victoria retroactiva contra un dictador que murió cuando él tenía tres años, Pedro Sánchez proclamó en una de sus televisiones de cabecera que «lo importante no es ganar por más o por menos, sino acabar con el bloqueo». Esa declaración en una entrevista programada para sacar músculo de la operación Cuelgamuros, que su aparato de propaganda había convertido en una hipérbole política de probables efectos contraproducentes, equivalía a un parche preventivo ante la incertidumbre de un resultado electoral que, si no pinta adverso, sí apunta por debajo de las expectativas que Moncloa albergaba cuando apostó por forzar la repetición de los comicios.…  Seguir leyendo »

Hay patologías colectivas inmunes que reaccionan a cualquier terapia política o intelectual con un blindaje de rechazo. El nacionalismo es una de ellas: tiene un mantra emocional, un autoengaño, un bulo o una simpleza que oponer a cada argumento razonado. No admite la refutación porque es una creencia, no una ideología, y como toda fe resulta invulnerable al desencanto y conjura las contradicciones de la realidad con ensalmos doctrinarios y mitos de pensamiento mágico. Por eso el gran y largo error del Estado en Cataluña ha sido el de contestar al separatismo con discursos de apaciguamiento o diálogo; todavía no ha habido Gobierno que entienda de verdad la necesidad de derrotarlo mediante el ejercicio del único poder constitucionalmente soberano.…  Seguir leyendo »

Andaba el juez Marchena, en la recepción del Palacio Real, escapando como podía de los corros de periodistas que le preguntaban por la Sentencia recién filtrada esa misma mañana. La Sentencia, así, con mayúsculas, como el nombre de un paso de la Semana Santa: el pronunciamiento judicial más importante de la historia reciente de España. A esas horas, en redes y comentarios digitales había comenzado la demolición del magistrado que durante el juicio de la insurrección separatista encandiló a la mayoría del país por su criterio ponderado, firme y sereno. Cientos, miles de opinadores espontáneos convertidos en improvisados expertos en Derecho se precipitaban en tromba contra el criterio del tribunal sin conocer más que un breve titular de sus términos genéricos.…  Seguir leyendo »

En el horizonte electoral se oyen tambores de bipartidismo. Los ha debido de escuchar hasta Albert Rivera, que ayer levantó su veto a Pedro Sánchez y se abrió al «acuerdo nacional» para no quedarse sin sitio. Las encuestas apuntan una recuperación del PP y la consolidación del liderazgo del PSOE, barruntando un cierto efecto de retorno -de alcance aún impreciso- a la concentración del voto en las viejas fuerzas dinásticas como respuesta social al bloqueo político. Entre las élites dirigentes, en el alto empresariado, en los círculos de opinión influyente, empieza a correr con fuerza la idea del pacto de Estado para salir del bloqueo.…  Seguir leyendo »

España está enferma de estrés electoral. La convocatoria de las cuartas elecciones generales en cuatro años, más los correspondientes ciclos de municipales y autonómicas, ha provocado en la sociedad una tensa sensación de hartazgo. Burnout, abrasión emocional, el «síndrome del quemado». El fracaso de las negociaciones de investidura de este verano, a pesar de existir varias posibilidades de conformación de mayorías, empuja a muchos ciudadanos a pensar que los políticos les han transferido sus propias responsabilidades y crea una patente e inquietante atmósfera de desafección y de desconfianza en la clase dirigente y en la política misma. De esta manera, lo que debería ser un saludable ejercicio de participación democrática ha sido recibido con una reacción colérica generalizada en la que muchos votantes proponen castigar con suspensión de sueldo a los parlamentarios, profieren en las redes sociales denuestos contra los representantes públicos o colapsan la web del INE para darse masivamente de baja en la recepción de propaganda domiciliaria.…  Seguir leyendo »

La política es, también para los electores, un estado de ánimo que se mueve por ciclos. Empujada por esa dinámica, la larga campaña electoral de doce meses -que en realidad arrancó con la moción de censura aunque oficialmente lo hiciese en noviembre en Andalucía- ha concluido con muchas piezas principales de la partida cambiadas de sitio. Un año después de la espantá de Rajoy, con aquel bolso de su vicepresidenta plantado sobre su escaño vacío, y de la llegada del Gobierno socialista interino, no queda rastro del marianismo y el PP ha recibido un segundo revés consecutivo, aunque la recuperación de Alcaldías como Zaragoza o Córdoba y, sobre todo, el doble triunfo compartido en Madrid y el estancamiento relativo de Ciudadanos endulzan su sinsabor y lo salvan del abismo.…  Seguir leyendo »

Andalucía registró ayer un terremoto político de enorme intensidad con hipocentro localizado en las más profundas placas tectónicas del electorado de la derecha. La irrupción de Vox en el nuevo Parlamento autonómico con mucha más potencia de la que vaticinaban las encuestas augura nuevas sacudidas de repetición cuyas ondas alcanzarán, con toda probabilidad, como mínimo a las próximas elecciones locales, regionales y europeas. El temblor afectó de lleno a los cimientos del Palacio de San Telmo con un fuerte zarandeo de la Presidencia, desplomada en un retroceso histórico para una comunidad que lleva 36 años gobernada por la izquierda. El Partido Popular, pese a sufrir una significativa hemorragia en votos y escaños, se puede ver catapultado al poder por una alianza de las tres fuerzas beneficiadas por el inesperado corrimiento de tierras.…  Seguir leyendo »

Reventaron en la Universidad conferencias de Felipe González, Rosa Díez o Albert Boadella. Acosaron en sus casas a Soraya Sáenz de Santamaría y Esteban González Pons. Invadieron capillas. Rodearon el Congreso tratando de asaltarlo por las bravas y agredieron a diputados ante el Parlamento de Cataluña. Integraron violentos piquetes de huelga. Acorralaron a un escuadrón de policías en una agresiva noche de cristales rotos. Y sentaron doctrina: era «jarabe democrático». Pablo Iglesias dixit. El mismo que se manifestaba «emocionado» ante un vídeo en que «la gente» apaleaba a un guardia. Algunos de estos emocionantes episodios quedaron impunes porque ciertos jueces para la demagogia sentenciaron que eran actos relacionados con la libertad de expresión y la justificada indignación popular ante «la decadencia de la clase política».…  Seguir leyendo »