Ignacio Camacho (Continuación)

EL hombre tranquilo ya no dispone de margen para la pausa. Después de una larga carrera política de fondo caracterizada por una sosegada gestión de los tiempos, Mariano Rajoy ha llegado a la meta en un momento crítico, en medio de una severa emergencia nacional que obliga a un proceso urgente de decisiones sin respiro. Va a disponer de un poder sin precedentes pero no tiene tiempo de paladear el éxito ni siquiera para detenerse en el análisis de su victoria; el deterioro de las condiciones financieras está a punto de bloquear el ejercicio mismo de la soberanía. El amplio mandato popular deposita en él una trascendental responsabilidad histórica.…  Seguir leyendo »

EL último de los falsos mitos del zapaterismo, el de la reputación del presidente como un consumado estratega del manejo de los tiempos, se derrumbó en la noche del domingo con el mismo estrépito de escombros que el poder territorial y local del Partido Socialista. Su tardío anuncio de retirada funcionó tan mal como su atropellado llamamiento preelectoral a frenar la emergencia de una derecha caricaturizada de extremista. El intenso mapa azul que lucían las infografías de los telediarios, testimonio de la incontestable crecida hegemónica del Partido Popular, era el epitafio de un modelo de liderazgo demolido a conciencia por un estado fóbico de la opinión pública que sólo podía expresarse a través de la válvula purificadora de una catarsis.…  Seguir leyendo »

Lo más llamativo fue el desapego. La gelidez emocional, el glacial desafecto con que la dirigencia socialista recibió el anuncio que llevaba meses esperando. No hubo un solo ademán de disimulo, ni un gesto de compasión retórica, ni un leve lamento postizo, ni mucho menos una ritual exhortación a la permanencia; sólo un alivio patente, denso, casi corpóreo, como si las palabras del presidente hubiesen desatornillado una válvula por la que se escapase la presión colectiva acumulada en muchas lunas de desasosiego. Nadie expresó un atisbo de pesar ni dio lugar siquiera por cortesía o por delicadeza a una sospecha de aflicción o de desconsuelo; la consigna del «respeto» a la decisión del líder apenas disfrazaba la manifiesta evidencia de una satisfacción mal enmascarada.…  Seguir leyendo »

Hubo un tiempo, un tiempo demasiado largo y pesaroso, en que España era apenas una punzada de dolor moral, una maldición histórica, un ideal imposible, un fracaso colectivo. Varias generaciones de españoles solo encontraron en su país y en sus símbolos el testimonio de un sueño roto y de una esperanza malograda. El pesimismo nacional, que ilumina muchas de las mejores páginas de nuestra literatura y de nuestro pensamiento, de Quevedo a Ortega, de Larra al 98, es el fruto intelectual de la constatación de una recurrente derrota: la de la concordia, la del progreso, la de la razón, la de la modernidad.…  Seguir leyendo »

Cuando ya nada quede de nosotros, cuando nuestra memoria no sea más que una cernudiana piedra sepultada entre ortigas y nuestros sueños apenas una invisible pátina de olvido, cuando de nuestras voces no subsista más que un eco remoto disperso entre la atmósfera de los siglos, seguirá ahí esta sólida tierra ocre dorada por la luz aún fresca de febrero. Cuando nuestros afanes se desvanezcan y nuestras quimeras se deshilachen como una bandera rota por el viento, cuando la logomaquia oportunista de la política se diluya en el tiempo como la estela de un meteoro de vanidades, seguirán de pie los olivos que puntean las colinas de Andalucía como centinelas silenciosos de la Historia.…  Seguir leyendo »