Ignacio Sánchez Cámara (Continuación)

Dicen que España no es Grecia, ni Irlanda ni Portugal. Y lo dicen para aminorar la gravedad de la crisis económica entre nosotros. Es verdad. Lo que no quiere decir que nuestra situación, más allá de lo económico, sea necesariamente mejor. Con ser enormes, ojalá las dificultades fueran solo económicas. El problema es que España no es España. Es decir, que no somos lo que tenemos que ser, lo que debemos ser, esto es, lo que somos. Porque toda realidad humana consiste verdaderamente en su plenitud, en su ideal. Es con relación a él como debe ser juzgada y valorada. Y España vive horas precarias, alejadas de su ideal, de su ser.…  Seguir leyendo »

La clave del problema del poder se encuentra en la legitimidad. Y la clave de ésta reside en la creencia generalizada en que el poder, sea más o menos justo o eficaz, es legítimo. Sin concordia básica no es posible la legitimidad. Cuando la convivencia de una sociedad se rompe en dos grupos antagónicos, cuando la concordia deja de existir, la legitimidad es imposible. Tan imposible como cuando el poder legítimo es usurpado.

Y no conviene despreciar la relevancia del poder. Si la tendencia a verlo todo políticamente es un error, también lo es, y no menor, no ocuparse nunca de la política.…  Seguir leyendo »

No sólo España. Europa y, en general, el Occidente todo, se encuentran en crisis. Y, desde luego, no se trata ni sólo ni principalmente de una crisis económica o financiera. Toda genuina crisis histórica es intelectual y moral, pues afecta al sistema general de ideas y creencias, principios y valores, vigentes en una sociedad. Acaso lo más difícil en toda crisis sea su diagnóstico, e incluso antes, el reconocimiento de su existencia. Lo peor que nos puede suceder es no saber lo que nos sucede. Y, tal vez, los árboles financieros podridos no nos dejen ver el bosque moral devastado.

Miremos un poco hacia los síntomas.…  Seguir leyendo »

La situación política española suscita tristeza y perplejidad. Es de buen tono, de una impecable corrección política, deplorar el declive de la cortesía, el partidismo rampante y ramplón, la falta de sentido cívico y de responsabilidad, y la apoteosis del fanatismo sectario. Y queda bien repartir mandobles admonitorios a diestra y siniestra, y exigir la recuperación del diálogo y la concordia entre los dos grandes partidos, y su acuerdo en los grandes asuntos de Estado. Pero lo que ya empieza a resultar impertinente es indagar a quién le corresponde la responsabilidad principal, a menos, eso sí, que uno, aunque sea faltando a la verdad, eche la culpa a la derecha de toda la vida que, como siempre, termina por echarse al monte antidemocrático.…  Seguir leyendo »