Isabel María de los Mozos y Touya

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No existe el aborto libre. Quien aborta lo hace «compelida» por una nueva vida que no quiere gestar, a la que rechaza, sin asumir las consecuencias de sus propios actos, abiertos a esa posible nueva vida... Ese rechazo no es ninguna libertad de las mujeres, sino un traumático remedio y, posiblemente, la mayor traición de que pueden ser capaces. El ordenamiento jurídico, por excepción temporal –tanto en su limitada configuración legal, como en su vigencia actual–, no lo reprueba ni castiga penalmente, siempre que se produzca dentro de un amplio plazo (las 14 primeras semanas de embarazo). Por el contrario, las libertades públicas y los derechos fundamentales de las personas no se sujetan a plazo, porque son esencialmente permanentes, en sí mismos, puesto que consisten en las atribuciones que son propias de cualquier persona, por el hecho de serlo.…  Seguir leyendo »

El honor de las personas es algo que está muy dentro de ellas y, al mismo tiempo, también muy fuera. Es lo que más íntimamente pertenece a la identidad de cada uno y, en sentido negativo, el deshonor es lo que los otros nos niegan. Aunque es tan fuerte su sentido positivo que el honor no se pierde nunca porque nos lo nieguen, incluso tampoco cuando somos nosotros los que lo ignoramos. Porque es algo que se nos da con la propia vida, un don y, por tanto, un dato para nosotros mismos y para los demás.

Se podría traducir hoy a uno de los personajes de Calderón de la Barca, el alcalde de Zalamea, cuando dijo: «Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios», y entonces, salvando todas las distancias, podríamos entender un poco mejor el sentido del honor.…  Seguir leyendo »