Javier Hernández García

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El mal adquiere una creciente dimensión colectiva. La sociedad observa el hecho criminal como un drama. La víctima del delito lo representa. El dolor individual se convierte en una fuente de empatía. El delito estimula la emoción colectiva hasta transformarse, en ocasiones, en pánico moral. La sociedad necesita conocer las sinrazones del mal y la identidad del culpable. Desde que el delito se comete se exigen certezas sobre quién lo ha cometido. Se reclama una información on timede las investigaciones. Se busca lo objetivo y lo evidente, algo que resulta poco compatible con fórmulas de exposición condicional. Se instala la lógica del clamor.…  Seguir leyendo »

El 12 de diciembre de 2000 se dictó la sentencia, probablemente, más trascendente de la historia, atendidas sus implicaciones. La Corte Suprema de los Estados Unidos revocó la resolución del Tribunal Supremo de Florida que había ordenado el recuento manual de 11.000 votos emitidos en la elección presidencial. Con ello, se impidió comprobar las irregularidades del recuento automatizado denunciadas por el Partido Demócrata. La presunción de que el sistema de cómputo había dejado de contabilizar un buen número de sufragios que potencialmente hubieran beneficiado al candidato Gore no impidió que la balanza de la elección se inclinara del lado de Bush por 300 votos.…  Seguir leyendo »

Algunos acontecimientos de los últimos días y, sobre todo, las reacciones públicas y publicadas sobre las actuaciones judiciales en los ya conocidos como casos Palau y Pretoria, en particular sobre los modos y las decisiones cautelares adoptadas, hacen necesarias algunas reflexiones. Ambos casos constituyen, pese a sus notas divergentes, un episodio más de un estado de cosas preocupante, muy preocupante, mediante el que se ha transformado, adulterándolo, el momento de la justicia. Intentemos explicarnos.

Desde hace ya bastante tiempo, la instrucción sumarial parece haberse convertido en nuestro país en el espacio donde se ventila y se decide acerca de la inocencia o culpabilidad de los ciudadanos.…  Seguir leyendo »

El ejercicio del poder por los jueces responde a la racional presunción de que disponen de una especial capacidad para interpretar los valores públicos contenidos en textos dotados de autoridad y resolver los conflictos que se les presentan. Pero su legitimidad no solo depende del cómo se les atribuye competencia para ejercerlo sino, de forma prioritaria, del cómo se ejerce. El déficit originario, y cuasi irreductible, en cualquier sistema político avanzado, de legitimación democrática de los jueces traslada el problema de la legitimidad a la necesidad de que aquéllos cumplan con un riguroso cuadro de condiciones legitimantes. La demanda social de justicia no se satisface solo porque se decida sobre el caso sino porque se decida bien, con buenas razones, explicadas y explicables, y, además, en un tiempo razonable.…  Seguir leyendo »