Javier Junceda

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La percepción ciudadana y profesional sobre jueces más duros o blandos en el orden penal; más proclives a fallar a favor o en contra de las administraciones en el contencioso; o más o menos favorables al empleado en la jurisdicción social, no responde a ninguna leyenda urbana, sino que encuentra reflejo estadístico. Sobre un mismo texto legal, que alguien merezca reproche jurídico o no, y en qué concreto grado, depende cada vez más de un decisionismo alejado del triunfo que la norma escrita alcanzó a finales del siglo XVIII con el advenimiento de los Estados constitucionales. Como reacción al predominio de la costumbre y al casuismo judicial precedentes, la sûreté, o seguridad jurídica, se acuñaría por los revolucionarios franceses precisamente como garantía de una aplicación uniforme del derecho, en la que los operadores y justiciables pudieran contar con la necesaria certeza y previsión sobre las consecuencias legales de los comportamientos humanos.…  Seguir leyendo »

Uno de los más bellos mandatos de la Constitución Española, previsto en su artículo segundo, es este: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Su preferente ubicación revela su trascendencia: estamos ante la norma sobre la que pivota todo el sistema, algo además frecuente en nuestra tradición constitucionalista, desde aquella hermosa apelación de Cádiz a la «reunión de todos los españoles de ambos hemisferios», en la que su soberanía «reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales».…  Seguir leyendo »

«Democrático» es el segundo adjetivo de la Constitución. España, conforme al artículo 1.1 de nuestra Carta, «se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político». Este principio general, aplicable a todo el ordenamiento y del que se desprenden diversas ideas, se asienta sobre dos singulares elementos en los que pretendo detenerme aquí: el respeto a la mayoría y a las minorías.

La mayoría, como es obvio, es la que obtiene el respaldo superior de una colectividad. Y por esa misma razón es la llamada a gobernar, porque ello configura la base del sistema democrático, tanto desde la vertiente jurídica como de pensamiento.…  Seguir leyendo »

Sin florituras, ni alardes ni altanerías, estamos consiguiendo poco a poco sortear una de las más profundas depresiones económicas que hemos padecido en nuestra historia reciente. La madurez y la reciedumbre colectivas están siendo las fórmulas de este éxito, que sorprende una vez más al mundo, como en su día lo fueron los grandes descubrimientos protagonizados por nuestros ilustres antepasados o lo son ahora los triunfos de nuestros deportistas de élite.

En la intimidad del hogar, con discreción, nos hemos ajustado los cinturones, o hemos ayudado al familiar o conocido que las está pasando canutas. La inmensa mayoría estamos atravesando la tormenta aguardando a que escampe, con la esperanza puesta en los nuevos tiempos y sacando enseñanzas de lo vivido.…  Seguir leyendo »

La profunda crisis que padecemos no puede ya calificarse de económica, sino de social y política. Una detenida observación de su evolución revela la presencia de cierta brecha en el marco institucional de que nos dotamos hace más de dos siglos, como consecuencia de las distintas oleadas revolucionarias que cristalizaron en las cartas norteamericana y francesa.

Los mercados financieros, término con que se ha venido acuñando al conjunto de operadores económicos internacionales, está adoptando en este delicado contexto un rol alternativo al que hasta hoy habían desempeñado los tradicionales poderes públicos, legítimamente elegidos o designados. Con independencia de que tales mercados financieros hayan sido o no los causantes del actual estado de cosas, acaso por un déficit interventor de los entes reguladores internos y externos, es lo cierto que su función lleva camino de convertirse en un prius cardinal en el quehacer de la tríada de poderes surgidos tras el advenimiento de los Estados constitucionales, cuando no en su real sustituto.…  Seguir leyendo »